04 julio 2008


El calor de la corbata

Santiago González

La corbata era una convención arraigada en los actos solemnes de la liturgia democrática. Durante las consultas reales a los dirigentes de los partidos que habían obtenido representación en las elecciones de 1993, uno de los llamados fue el extinto Jon Idigoras, portavoz que fue de Herri Batasuna. La visita dejó una imagen imborrable en los medios de comunicación. El viejo novillero se bajó del coche y, antes de entrar en la Zarzuela, se llevó la mano al bolsillo de la chaqueta y sacó una corbata que se puso con resignación, como un dogal, ante fotógrafos y cámaras de televisión.

Vivir para ver. Quince años después, el ministro de Industria proporcionó una imagen insólita en el banco azul, mientras los grupos parlamentarios daban un repaso a Zapatero a propósito de la crisis que él todavía no llega a imaginarse. Era la primera vez que un ministro asistía tan ‘casual’ a un pleno de la cámara. Bono le regaló una corbata con leoncitos del Congreso que él agradeció, pero que no se puso.

No fue un capricho indumentario, sino un gesto. El Consejo de Ministros y Ministras aprobó el 6 de julio de 2007 un decreto que, con el objetivo de ahorrar energía y adaptarse al Protocolo de Kyoto para luchar contra el cambio climático, establecía un tope mínimo de 24 grados en la regulación del aire acondicionado en todos los edificios de la Administración del Estado.

El ministro quiso predicar con el ejemplo y centrar la atención del personal en el chocolate del loro, en vez de afrontar con rigor y seriedad un plan para ahorrar una parte sustancial de nuestro despilfarro energético. Abrir un debate sobre nuestra dependencia de un petróleo que no para de subir, mientras presumimos de virtuosos antinucleares y compramos kilowatios de procedencia inequívocamente nuclear que nos venden muy gustosos nuestros vecinos franceses, tal como ha recordado recientemente Felipe González.

Habría sido quizá más pedagógico que el ministro se hubiera despojado para la ocasión de la chaqueta, que siempre da más calor que la corbata, se mire como se mire. También más inconveniente (los resfriados), porque la temperatura en el hemiciclo no pasa de los 19 grados los días de pleno. Al parecer, la Presidencia del Congreso ha impartido instrucciones claras a los técnicos de mantenimiento, con el fin de contener dentro de los límites de lo razonable el funcionamiento de las ubérrimas glándulas sudoríparas de José Bono.

Es una razón. Ver al presidente del Congreso sudando la gota gorda mientras controla los tiempos a los portavoces y reconviene sus excesos a los hooligans, no es un espectáculo edificante. Podría sopesarse la posibilidad de que otro decreto del Gobierno autorice a los miembros del Legislativo (las miembras, de suyo, sudan menos) un atuendo veraniego: guayabera y pantalones chinos, pongamos por caso. El inconveniente es que el Congreso recordaría el paisaje humano de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, nos daría un aire tropical inconveniente para una joven democracia de la vieja Europa. La ventaja: que la importación de guayaberas para sus señorías estimularía el comercio exterior de un Gobierno amigo.

¿Recuerdan aquellos viejos tiempos, elecciones generales de 1989, en los que Alfonso Guerra llamaba al voto a sus ‘descamisados’? Casi veinte años después, el grito peronista se ha resuelto en el descorbatamiento de Miguel Sebastián. La socialdemocracia siempre ha sido gradualista y muy prudente en la búsqueda de su programa máximo.

02 julio 2008




Negar la lengua franca

Santiago González

La primera medida del camino soberanista que el voto de EHAK le abrió el viernes a Ibarretxe ha sido un decreto por el cual los comercios vascos deberán atender en euskera a la clientela en un plazo entre uno y cuatro años.

Vivimos en tiempos de crisis y este decreto aumenta las posibilidades de trabajo del colectivo vascoparlante. Ah, los buenos tiempos en los que la Política Lingüística servía para colocar a los euskaldunes en empleos relevantes y de cierto prestigio social: funcionariado de la Comunidad Autónoma y las Diputaciones, profesorado de escuelas y Universidad, médicos de Osakidetza, periodistas y técnicos de la Radio y la Televisión vascas, ertzainas y así. Ahora, agotado ya el campo de lo público, hay que meter mano al sector privado y esto atenta contra las libertades. ¿Quién le ha dicho a ningún euskaldun o catalanoparlante que el mundo exterior debe atenderle en la lengua que él prefiera? También supone un cambio de nivel. Para dependientes no hay oposiciones. Ni para camareros, que será, seguramente, el próximo gremio al que le toque euskaldunizarse. En este sector tiene Ibarretxe un eslogan irresistible llegado el caso: “¡Bebe tu vida en euskera!”

¿Qué pensará de esto Patxi López? El secretario general de los socialistas es, para muchos ciudadanos vascos, la esperanza de librarse de la pesadilla que supone Ibarretxe en su horizonte. Sabemos lo que piensan algunos de sus conmilitones. Los socialistas catalanes, valencianos y baleares, por ejemplo, han presentado enmiendas a la ponencia de su próximo congreso para que los diputados y senadores puedan dirigirse a sus cámaras en sus lenguas autonómicas –ahí quiero yo ver a Pepe Bono- y que los órganos federales del PSOE las incorporen como lenguas de trabajo.

En la primavera de 1992 se produjeron unas conversaciones entre el PNV y Herri Batasuna en un hotel de Bilbao. La delegación del PNV estaba integrada por Joseba Egibar, Juan Mª Ollora y Gorka Agirre y en el otro bando formaban Floren Aoiz, un joven valor emergente como portavoz cuya estrella se apagó para dar paso a Arnaldo Otegi, Iñigo Iruin y Jon Idigoras.

El bando abertzale se empeñó en que el diálogo fuese en la lengua propia y en aquella mesa sólo había cinco personas bilingües. La sexta, Ollora, dirigente alavés del PNV, únicamente era capaz de expresarse en ‘la lengua extraña’, el castellano, que es la que mejor habla en Euskadi la inmensa mayoría de los ciudadanos bilingües.

La cosa transcurrió así: hablaba el portavoz de Batasuna y esperaba a que Gorka Agirre tradujera al español sus palabras con el fin de que fuesen entendidas por Ollora. Éste respondía, naturalmente en castellano, mientras Aoiz miraba al infinito y ponía cara de mí no comprender y esperaba a que Egibar tradujese las palabras de su compañero al euskera para darse por enterado.

El lehendakari aplica a los vascos, el mismo desprecio de Floren Aoiz al peneuvista Ollora (o al mismo Ibarretxe en aquellas fechas) al negar la lengua franca. Es asombroso que algunas organizaciones autonómicas del PSOE imiten las mismas posiciones respecto a la lengua y el desdén del batasuno navarro por la koiné. La vida es un ‘tú la llevas’, un endoso permanente. Patxi López, que quiere sustituir a Ibarretxe, debería aclarar ahora cual es su posición en este asunto. Si quiere ser un lehendakari de todos los vascos y corregir los excesos nacionalistas o sigue teniendo como modelo a Maragall y sólo aspira a gestionarlos.


30 junio 2008



Tragedia y farsa

Santiago González

Entre las notas de interés que presentan las declaraciones de Eguiguren que hoy reproduce El Mundo destaca especialmente una frase a contrapelo del resto de la entrevista y de la realidad de un PNV que, por cobardía o con pleno convencimiento, sigue a Ibarretxe hasta el despeñadero y más allá. Reparemos en su última respuesta: “(Un lehendakari socialistas) No va a hacer un gobierno PSE-PP porque sería caer en el mismo error de Ibarretxe. (…) mi preferencia es lehendakari socialista y entendimiento con el PNV.”

Seguramente el presidente del PSE se teme que un Gobierno PSE-PP convoque un referéndum de autodeterminación y negocie sus términos con los enviados de ETA al Parlamento vasco. Cuando ETA asesine a otro de sus concejales ante la pasividad de ANV, propondrá mociones éticas para que se avergüencen de sí mismos y mismas, ampliará los supuestos y las prestaciones de la Ley de Víctimas de los Txakurras y, en general hará todo lo posible para que nadie tenga que añorar al inquilino actual de Ajuria Enea.

Eguiguren prefiere para gobernar al partido de Ibarretxe. Los socialistas preferirían al partido de Imaz, que es el mismo partido que el del lehendakari, pero con Imaz en la presidencia. Ésta es una preferencia curiosa, si tenemos en cuenta que los socialistas vascos debilitaron considerablemente las posiciones del añorado Josu Jon, al regalar la Diputación de Alava al sector de Egibar e Ibarretxe.

El Gobierno vasco se ha negado a aceptar la evidencia de que ETA había emprendido una campaña de atentados contra la ‘Y’ vasca, y no ha reparado en indignidades para no frustrar el voto sucio de Karmele Berasategi, la ‘nekane’ elegida para ser la txupinera de la kermesse inaugurada por Ibarretxe el viernes: ‘Jaiak bai, borroka ere bai’ (fiestas, sí; lucha, también).

Hace tres meses, Jesús Eguiguren declaraba que “el Gobierno llegó al borde del precipicio para intentar salvar el proceso”, aunque hoy no lo recuerde: ni hablamos de política con ETA, ni con Batasuna de autodeterminación, sino del derecho a decidir de los vascos, pero dentro del marco constitucional y estutario, por supuesto.

Eguiguren y los suyos aspiran a ganar al PNV. Su modelo en la vida misma fue Pasqual Maragall -¡Virgen Santa!-para llegar a Ajuria Enea con el apoyo de Arnaldo Otegi y de Javier Madrazo, que es, probablemente, el político más bizcochable de toda la política española. Era una canción para después de una guerra, un proyecto para después de un proceso de paz. No pudo ser, y si en las próximas elecciones revalidan el triunfo de las generales, tratarán de gobernar con la anuencia del dueño.

Criticaba Ibarretxe que Patxi López hubiera hecho un discurso electoral. Buen discurso, por cierto y necesariamente electoral. Aligerar el paso de Ibarretxe por Ajuria Enea es una necesidad para la salud pública, pero no se adelantará mucho si el Gobierno no es de alternativa al PNV, el partido que ha apoyado sin fisuras a un líder tan improbable y ajeno a la realidad. El PSE debería repasar sus recuerdos del Gobierno de coalición de 1987-1990 y, si se les han emborronado, que lean las memorias de José Ramón Recalde.

Hay un anuncio de eterno retorno en las preferencias de Eguiguren. Si el PNV no paga este error político de la única manera posible, meditando en la oposición, volveremos a vivir la misma historia y ETA seguirá condicionando la política vasca y tiñéndola de sangre. La tragedia y la farsa, dijo Marx. Volverán las oscuras golondrinas, ya verán.

28 junio 2008


Un voto que pringa

Santiago González

A la misma hora en que el lehendakari comenzaba a recitar ayer su salmodia en el Parlamento vasco, la Gran Vía de Bilbao era una calle bulliciosa en horas de actividad intensa. Doce horas antes, mientras España y Rusia se disputaban el paso a la final de la Eurocopa, el centro de la ciudad eran una serie de calles vacías. La ciudadanía vasca se había hecho fuerte frente a la televisión, sin duda para apoyar emocionalmente a Rusia, según la prescripción realizada días antes por el presidente del Euskadi Buru Batzar.

No parecía que la propuesta de Ibarretxe fuera ayer una de las cinco primeras preocupaciones de los vascos, pese al empecinamiento de su impulsor en trabajar la paradoja de hacer un plan para mejorar la convivencia con España, mientras se rompe entre los ciudadanos vascos. La propuesta que se aprobó ayer en Vitoria supone una quiebra radical del triple pacto que supuso el Estatuto: un pacto interno de los ciudadanos vascos entre sí, un elemento de cohesión de los tres territorios y un acuerdo entre los vascos y el resto de los españoles.

Ibarretxe ha dividido a los vascos en dos mitades, ha roto la alianza entre territorios, tal como demostró la exigencia de retirar la consulta formulada al lehendakari por las Juntas Generales de Alava el pasado 16 de junio y ha planteado un conflicto con el Estado que ni siquiera la acreditada labilidad de Zapatero ha podido soslayar.

No es posible que a esto se le llame normalización política. Hay en el lehendakari una determinación ciega de insistir en la búsqueda de lo imposible. Está vacunado contra el efecto realidad y no le arredra el relato de los hechos por muy descabellado que sea o por irreconocibles que resulten los mismos cuando los cuenta el lehendakari. Vaya a título de ejemplo el reproche que hizo al portavoz del Grupo Popular, al plantear que en mayo de 1999, el PP se estaba apoyando en ETA para ganar las elecciones municipales que se iban a celebrar el mes siguiente.

No se puede manipular más groseramente la realidad. El lehendakari se refería al encuentro entre los dirigentes etarras Mikel Antza y Belén González Peñalba y los enviados del Gobierno, Arriola, Martí Fluxá y Zarzalejos, en un hotel de la ciudad suiza de Vevey el 20 de mayo de 1999. La reunión duró dos horas y treinta y cinco minutos y no tuvo continuidad.

Hagamos un somero repaso a las fechas y los acontecimientos pertinentes: durante el verano de 1998, el partido de Ibarretxe y EA negociaron con ETA “la construcción nacional de Euskal Herria” y la ruptura de cualquier acuerdo con el PP y el PSE. Aquel pacto dio paso a una tregua de ETA que el partido de Ibarretxe ocultó al Gobierno del PP y a sus socios del PSE en Vitoria. Tras las elecciones autonómicas, fue investido lehendakari el 29 de diciembre de 1998 con los votos de Euska Herritarrok. Dos de los 14 parlamentarios que hicieron posible su investidura fueron Josu Ternera y Jon Salaberria, ambos dirigentes de ETA y parlamentarios por EH aquella legislatura. Después de un proceso de negociaciones que duró cuatro meses, Ibarretxe presentó el 18 de mayo de 1999 el acuerdo de legislatura PNV-EA-EH.

Al día siguiente de la firma de este acuerdo, ETA explicó en un comunicado el sentido de la misma, revelando que uno de los objetivos de la tregua había sido “atraer al PNV hacia sus posiciones”. (Ministerio del Interior, Cronología). Es portentoso que este hombre se atreva siquiera a insinuar que el PP o el PSOE “se apoyaron en ETA”.

Ayer se cumplió rigurosamente lo previsto. El Partido Comunista de las Tierras Várdulas (PCTV-EHAK) sostuvo lo anunciado y volvió a apoyar a Ibarretxe, escenificando obscenamente su desprecio al proyecto y su poder en el Parlamento con un miserable voto. Le basta la novena parte de sus efectivos para determinar la política vasca. Un mínimo de dignidad institucional habría obligado a los nacionalistas retirar su plan y prescindir de ese voto contaminado.

No pudo ser. El lehendakari no ha parado de hacer gestos obsequiosos a los desdeñosos abertzales que tenían la llave de su propuesta con una sola súplica: “Dame plan y dime tonto”. Las nekanes podrían haberse sorteado el voto del desdén, a ver a quién le tocaba hacer la gracia. Ese voto constituye un pringue moral del que Ibarretxe no podrá desprenderse en lo que le quede de vida política. Eso, en el mejor de los casos. En el peor, no es descartable que ETA haga su particular explicación de voto. No es posible que este hombre haya confundido el voto del pringue con la paz, sea cual fuere el significado de esta última palabra en su extravagante diccionario.

27 junio 2008




¿Vuelven los cesantes?

Santiago González

Uno había llegado a ilusionarse con la posibilidad de que el cainismo hubiera dado paso en los partidos a formas de convivencia más amable. Habría sido deseable que empezara el partido del Gobierno por una razón práctica, que su ejemplo es más perdurable que el de la oposición y más digno de imitación: no hay más que ver que los partidos de la oposición lo tienen como referente y se esfuerzan para imitarlo y ocupar su lugar. No se conoce en cambio, partido que gobierne y que intente cambiar su lugar por el que ocupa ningún partido de la oposición. A decir verdad, sí se conocen precedentes, pero en general cabe aplicarles la eximente de falta de voluntad; ha sido casi siempre sin querer.

Es el caso que en el desarrollo de los acontecimientos que se han vivido tan intensamente en el partido de la oposición desde que en los primeros compases estalló la crisis de María San Gil, el PP relativizó su papel de alternativa política de Gobierno y pasó a convertirse en campo privilegiado para la expresión de los sentimientos. Así se explica la espectacular llegada de Aznar. Venía de la boda de su amigo Flavio Briatore y esas cosas siempre predisponen al sentimentalismo. Tenía discurso programado para el sábado, pero para calentar al público, llegó tarde el primer día y puso morros al candidato. También se puso morrongón Jaime Mayor Oreja, que entendió –muy correctamente- que la inclusión de Marimar Blanco en la dirección del partido era una maniobra para tapar el hueco dejado por María San Gil. Así son las cosas en política. También cabe pensar que la cooptación de Cospedal era una respuesta en plan toma ya modernidad a la creación del Ministerio o Ministeria de Igualdad de Género o de Génera.

El candidato único no descompuso el gesto, pero se quedó con todas las caras y todos los detalles y ajustó cuentas con todos y todas. El momento Gallardón, quién lo iba a decir hace tres meses, fue una de las partidas de la cuenta que Rajoy le pasó a Esperanza Aguirre. Otra, fue la salida de Ignacio González, acompañada, para mayor escarnio, de la entrada de Lamela y Prada.

La respuesta de Aguirre permite colegir que la cólera de Dios se expresa a veces sin muchas alharacas. La presidenta de la Comunidad de Madrid ha hecho una crisis en la que ha descabalgado a sus dos consejeros marianistas. El reajuste es más amplio: salen cinco y entran sólo dos. Para resumir y hacer balance: tres bajas netas y dos de ellas pertenecen al adversario.

No ha sido un ajuste de cuentas, ha venido a decir la presidenta, sino un adelgazamiento del Gobierno madrileño para predicar la mala nueva de la austeridad, que ya es la crisis. Tres consejeros cobran una pasta, pero la medida se quedaría en nada si se limitase a refundir las consejerías sin disminuir el número de funcionarios. Hasta ahora, uno daba por buena la expresión que ha repetido bastante Zapatero, a saber, que el PSOE es el partido que mejor representa a España. Ya no está tan claro. Podrían volver los cesantes, el ejército burocrático de reserva que acompañaba a los dos partidos alternantes en las tareas de Gobierno durante la Restauración, pero ahora sin necesidad de cambio de Gobierno. Es lógico. Los partidos Liberal y Conservador están hoy dentro del PP y para organizar el espectáculo de los cesantes no necesitan salir de casa.

El balance definitivo del congreso de Valencia ha sido la puesta en escena del eterno drama español tal como lo explicó Lorca en su ‘Reyerta’: “Señores guardias civiles:/ aquí pasó lo de siempre./Han muerto cuatro romanos/y cinco cartagineses.”