31 mayo 2010

Morir de éxito

Santiago González

No se había visto cosa igual ni siquiera en los tres días que transcurrieron entre aquel jueves de marzo y el domingo en que Zapatero ganó las elecciones de 2004. Bien es verdad que el vuelco en el voto ciudadano se da sólo por ahora como una intención en las encuestas, y que éstas sólo valen para contrastarse con otras y apuntar tendencias.

Pues bien, la tendencia se presenta como cataclismo. El PP apunta hacia la mayoría absoluta en unas hipotéticas elecciones generales, con 1,1 puntos más de los que le valieron a Aznar 184 diputados hace diez años. Pero es que el resultado de las autonómicas es otro terremoto: el PP recupera la mayoría absoluta en Baleares -¡después de lo de Jaume Matas!- conquista dos feudos eternos del PSOE como son Castilla-La Mancha y Extremadura, y adquiere mayoría suficiente en Asturias y hasta en Cantabria, a pesar del populismo castizo de Revilla y su pandereta de anchoas.

La debacle. El presidente se enfrenta sólo y en circunstancias adversas a la reforma laboral. Solo, fané y descangallado, no parece que le vaya a resultar fácil hacer recular a CiU de la amenaza solemne de rechazarle los Presupuestos 2011 que le hizo Durán en el Congreso. Salvo, un suponer, que repita con Montilla lo que hizo con Pasqual Maragall, aunque es de temer que el de Iznájar no se va a dejar mover la silla por un líder en horas tan bajas. La gente, es lo que tiene, se quiere más a sí misma que al presidente del Gobierno.

Queda el PNV, explican en Moncloa, tratando de infundir algo de optimismo a todo aquel que les quiere preguntar, pero al partido-guía de los vascos ya no le basta con un dinero que Madrid no tiene, según explicaba su posición con claridad meridiana por boca de su presidente, Iñigo Urkullu: “Mientras siga el pacto de PSE y PP, que no cuenten con el PNV en Madrid”. Zapatero está preso, una vez más, de su propia estrategia, y los nacionalistas vascos no parecen estar dispuestos a pactar más barato que los catalanes: Salomé no se le rendirá por menos que por la cabeza del Bautista López. El problema es que el lehendakari, único éxito de la política de alianzas de Zapatero al día de hoy, gracias a un pacto constitucionalista, no va a estar por la labor con más entusiasmo que Pepe Montilla. Lo que apuntan las encuestas, intención virtual en todo caso, es su último gran fracaso: la definición de unas geometrías variables definidas todas ellas para su provecho.

Sin embargo, incluso este fiasco esconde un éxito total de la estrategia de agit-prop que con tanto empeño han desarrollado Blanco y Pajín: convencer a los españoles de que el PP no está a la altura de la alta responsabilidad que le confiaron en dos elecciones generales sucesivas, (2004 y 2008) al elegirle para la delicada misión de arrimar el hombro al frente de la oposición. Podría parecer que han decidido retirarle ese encargo para ofrecérselo al único gran partido que puede desempeñarlo de manera eficaz y responsable: el que aún lidera José Luis Rodríguez Zapatero. Morir de éxito, habría llamado Felipe González a esta gesta.

19 mayo 2010

Artículo Camps

Santiago González

El caso de Camps y los trajes de Milano va a sentar jurisprudencia. No habíamos conocido nada igual, ni siquiera parecido: un alto representante institucional sentado en el banquillo por el delito de cohecho pasivo impropio, que el Código Penal recoge en su artículo 426, como el perpetrado por “la autoridad o funcionario público que admitiere dádiva o regalo que le fueren ofrecidos en consideración a su función o para la consecución de un acto no prohibido legalmente”.

En países que acostumbran a legislar en caliente, no es inusual que algunas leyes lleven nombre propio, en recuerdo del caso que las suscitó. En Estados Unidos se conoce como ‘Ley Lindbergh’ a la aprobada tras el secuestro del hijo del famoso aviador por un inmigrante alemán llamado Bruno Hauptmann. Aquí, fuera del ámbito penal, Francisco Camps ya había dado su nombre a la regla que rige el mapa autonómico, las relaciones de las comunidades con el estado y entre sí. “Lo que hayáis acordado con los catalanes lo quiero para mi autonomía”.

Después del auto del Supremo, reabriendo el caso de los trajes, puede que pase a llamarse ‘artículo Camps’ el 426 del C.P. Éste es un artículo altamente preventivo para la honestidad de los funcionarios públicos, que a tenor del mismo deberían rechazar cualquier regalo que se les haga en función de su cargo. ¿Cómo saber que un regalo se da y se recibe en función del cargo que se tiene y no por la extraordinaria simpatía y galanura del receptor? Cuestión de difícil discernimiento ésta, salvo en casos muy evidentes de esquizofrenia que de pistas a los rumbosos, pero tal vez este artículo ha de ser interpretado en relación con la cuantía del regalo, la proporcionalidad y la personalidad del donante. No es lo mismo que Revilla regalara a Zapatero sus publicitadas anchoas de Santoña que un regalo hecho por el ‘capo’ de una trama corrupta, por usar la analogía de Rita Barberá. El problema de Camps podría no alcanzar relevancia penal durante la vista oral, pero ya la tiene política en grado suficiente para acabar con su carrera. No tenía las amistades adecuadas y muestra una tendencia letal a la cursilería. ¿Cómo puede decir “estoy más feliz que ayer” después de conocer el auto?

Los artículos del Código Penal deberían ser más precisos para no dar lugar a equívocos, pero si éste se mantiene, es probable que Camps sea sólo el primero y Bono no debería hacer ironías sobre el precursor.

No las hará Garzón. Es casi seguro que los efectivos de la División Villarejo, formada por sus defensores acérrimos, no encontrarán pega alguna a este auto del Supremo, pese a que lo firma Juan Saavedra, presidente de su Sala Segunda, que lo es, al mismo tiempo, de las tres causas por las que se va a sentar el hiperjuez en el banquillo. En la que se le sigue por el patrocinio del Banco Santander, el justiciable escribió tres cartas al presidente de la entidad a la que pidió financiación, una de ellas firmada como ‘magistrado-juez’, aunque estaba lejos en el espacio y el tiempo de sus funciones jurisdiccionales. O sea, en función de su cargo.

14 mayo 2010

Ojo, España no es Grecia


Santiago González

España no es Grecia, como puede advertir cualquiera. Su deuda medida en porcentaje respecto al PIB es casi el doble (115%) que la nuestra, su déficit (13,6%) es sólo dos puntos mayor, y su índice de paro, (12,1%) ocho puntos más bajo. “Grecia queda más a la izquierda”, decía un piloto de helicóptero a su ilustre pasajero, en ‘Avanti!’, una hermosa película otoñal de Billy Wilder. “Los de Grecia, (los números) son más rojos”, podía haber dicho con idéntica propiedad. “Ah, no”, respondía el viajero, J. J. Blodgett. “Mientras yo esté en el Departamento de Estado, ni hablar”. Nada quedaba tan a la izquierda como el sueño de Zapatero para España, pero el Departamento de Estado ya no es lo que era, ni la bandera ante la que el entonces líder de la oposición se sentaba desdeñosamente en 2003, mientras ahora, es el mismísimo jefe del Imperio el que ha ordenado a nuestro presidente disciplinarse y aplicar la purga económica a sus conciudadanos.

España no será Grecia, pero los sindicatos griegos llevan convocadas cuatro huelgas generales contra unas reformas que en algunos aspectos son más llevaderas que las nuestras. Un suponer, el recorte salarial a los funcionarios. En Grecia se les congelan durante los próximos tres años, salvo para los que ganen más de 3.000 euros al mes que perderán dos pagas extras. Méndez y Fernández no se han atrevido con la huelga general (el recorte salarial a los funcionarios no es una medida impopular para el resto de la peña) y se han conformado con anunciar una huelga en el sector público para el 2 de junio.

El recorte funcionarial era la medida fácil para atender la petición de Obama, porque ahí hay cacho. ¿Ha hecho bien el presidente? Distingamos: estas medidas sirven para reducir el déficit, no para salir de la crisis; nada se dice de la reforma del mercado de trabajo y eso, en todo caso, no le competería al Gobierno, sino a los agentes sociales. Los errores en la política económica –tu quoque, Pedro, -los vamos a pagar caros, por lo que la rectificación de Zapatero exige asunción de responsabilidades, en vez de ser considerada como uno de los misterios gozosos del rosario. Las razones de los sindicatos son deplorables, porque ellos han sido los cómplices necesarios de la prodigalidad del Gobierno y del déficit.

¿Se trata de recortar 15.000 millones más? Recuerden aquella frase luminosa de nuestro presidente para anunciar su reforma fiscal de 2007: “bajar los impuestos es de izquierdas”. Según el último informe del Banco de España, la reforma del IRPF dejó de ingresar 2.400 millones; la ocurrencia de los 400 euros, 6.000 millones; el cheque bebé, 1.090; el efecto esperado de la reforma del Impuesto de Sociedades, 8.972 y la eliminación del Impuesto sobre el Patrimonio, 2.300. Aquellos disparates aumentaron nuestro déficit en 20.762 millones de euros. Merkel y Sarkozy no habrían tenido que llamarle a capítulo y Obama podría haberse buscado una actividad más placentera para el fin de semana que hablar con el traductor de Zapatero.

España no será Grecia, pero en el punto al que hemos llegado, es un elemento de consuelo que nuestros tutores nos controlen la paga y nos pidan cuentas por el uso que hacemos de ella.



12 mayo 2010

Garzón se guarece

Santiago González

El fiscal del Tribunal de La Haya, Luis Moreno Ocampo, ha ofrecido a Baltasar Garzón una plaza de consultor en la Corte Penal Internacional que el juez se ha apresurado a aceptar. Es de suponer que vamos a asistir a una formalización del fichaje rapidísima. Tiene que estar nombrado antes de una semana con el fin de abortar la suspensión de funciones que el CGPJ iba a acordar contra él después de que el juez Varela abra la vista oral de la primera de las tres causas que le aguardan. Garzón dejará ese día el servicio activo para estar en situación de servicios especiales. Como es obvio, no tiene sentido suspender a nadie en unas funciones que no ejerce.

El contratador tenía una obligación moral. El segundo de los procesos que aguardan a Garzón le vino de su mano en cierto modo. Fue Moreno Ocampo quien le habló de organizar un curso en la Universidad de NY y le presentó a James D. Fernández. No le dio ninguna pista sobre Botín, es cierto, pero, ¿cómo no sentirse responsable del infortunio de un amigo? Ah, si yo no le hubiese dicho aquel día en Harvard…

“El mundo necesita jueces como Garzón, que se enfrenten al poder”, declaró solemnemente Luis Moreno hace seis meses. Tal vez sea ésta una caracterización del superjuez que extrañe un poco a quienes han seguido su carrera y les haya chocado que el titular del Juzgado número cinco de la Audiencia Nacional se haya dado tanta prisa para instruir el caso Gürtel y tan poca para el caso Faisán.

Eso es porque no se han fijado bien en que en nuestro país, el poder de verdad, la responsabilidad de gobernar los asuntos públicos, no es tanto del Gobierno como de la oposición. La mano que mece la cuna es la mano que mueve el mundo. ¿Qué no diremos de la oposición que arrima el hombro o tira del carro, según esté detrás o delante del vehículo? ¿De quién es la culpa de todo? De la oposición, que ni mece la cuna, ni arrima el hombro, ni tira del carro.

El insobornable juez declaraba a la prensa amiga hace tres semanas: “Ahora y así no me puedo ir”. Hermosa declaración de principios. ‘Ahora’, dicho el 19 de abril, es un adverbio de tiempo muy preciso: no quiere decir “dentro de tres semanas”. ‘Así’ es adverbio de modo que entonces no incluía una plaza en el Tribunal de La Haya. Jacques Vergès definió dos estrategias clásicas de la defensa en los procesos políticos: la de connivencia, de quien acepta las reglas del juego, y la de ruptura, en la que el procesado niega legitimidad a sus juzgadores y aprovecha el juicio como plataforma propagandística. Entre ambas, Garzón ha elegido una intermedia: evitar la suspensión el día 19. No servirá para detener sus procesos, pero a corto plazo fortalece su posición a la sombra internacional del fiscal Moreno Ocampo. De usar este nuevo argumento para negar legitimidad al Tribunal Supremo ya se encargarán sus partidarios.

10 mayo 2010

La Monarquía y yo

Santiago González

El sábado, a las diez de la mañana, me enteré por un boletín informativo de la radio que estaban operando al Rey de un nódulo en el pulmón derecho. La memoria hizo un descenso de vértigo por sus 35 años de reinado, me puse en lo peor, y me dije: “vaya, era justo lo que nos faltaba”. A un servidor, la Monarquía le hace recordar aquel párrafo final de ‘Annie Hall’, en el que Alvy Singer/Woody Allen, dice: …y me acordé de aquel viejo chiste, ya saben, el del tipo que va a ver al psiquiatra y le dice: “Doctor, mi hermano se ha vuelto loco. Se cree que es una gallina”. Y el médico le contesta: Bueno, “¿y por qué no hace que lo encierren?” Y el tipo le replica: “lo haría, pero es que necesito los huevos”. En fin, yo creo que eso expresa muy bien lo que siento acerca de las relaciones entre las personas. ¿Saben? Son completamente irracionales, disparatadas, absurdas y… pero, ah, creo que las seguimos manteniendo porque la mayor parte de nosotros necesitamos los huevos.

Esa es justamente la cuestión que me convirtió en un monárquico práctico. Sería incapaz de aportar razones teóricas para sostener una forma de Gobierno cuya titularidad de transmite de forma consanguínea y no electiva; en que la más alta magistratura del Estado es irresponsable, según la Constitución, pero allá por los tiempos en que yo ví ‘Annie Hall’ por vez primera, Santiago Carrillo calmó los ardores republicanos a quienes entonces éramos sus cachorros con un argumento que entonces me pareció demagógico, aunque con el pasar de los años ha ido cargándose de sentido: “¿qué es más democrática, la monarquía sueca o una república bananera?”

Por aquel entonces se postulaba como candidato a presidir la Tercera República Española un notario llamado Antonio García Trevijano, socio de Carrillo en la Junta Democrática y socio y proveedor del dictador guineano, Francisco Macías Nguema. Poco después vivimos aquella noche del 23-F, en la que el Rey salió de la interinidad de su nombramiento y sentó plaza de titular en el corazón de los españoles.

Vista la cosa en perspectiva treinta años después, no se trata sólo de apriorismos, está el balance. Comparemos el de las dos experiencias republicanas, en su ser, en su desarrollo, antes de que el espadón de Pavía y el de Franco les pusieran fin, y estos 35 años de monarquía constitucional. Ahora, imaginen que la primera magistratura del país no es la amable irresponsabilidad de ese poder moderador que nos define el artículo 56.3 de la Constitución, sino un cargo presidencial que cada cuatro años se disputan en campaña electoral los dos principales partidos españoles, no pondré nombres. Eso sin contar con que la forma de gobierno republicana puede crear sus propias dinastías: ahí están en Grecia los hijos de Karamanlis y Papandreu, reproduciendo lo que aprendieron de sus padres. Todas estas cosas pasaron por la mente de un servidor a las diez de la mañana del sábado, cuando oí que estaban operando al Rey de un tumor en un pulmón. Pues sí, un servidor necesita los huevos. Dicho sea con perdón y sin ánimo de señalar, naturalmente.

09 mayo 2010

La risa del hombre libre

Santiago González

La muerte a mano airada nos clava en la memoria para siempre una instantánea de nosotros mismos en el momento de los hechos. El día en que asesinaron a José Luis López de Lacalle en Andoain era domingo y venía de cumplir la última rutina dominical de su vida: comprar los periódicos y desayunar café y cruasán en el bar Elizondo, como siempre. Yo acababa de sentarme a la mesa con los cruasanes para el desayuno familiar y los periódicos que acababa de comprar, cuando vino mi mujer con la noticia oída en el cuarto de baño por la radio. “Han matado a José Luis López de Lacalle”, dijo, y los dos nos echamos a llorar.

“Yo no he vivido nunca en un régimen de libertad”, dijo en una entrevista unas semanas antes de que lo mataran dos tipos que nada sabían de él, ni de su biografía, ni del vozarrón al servicio de la libertad del que escribía Joseba Arregi en estas páginas en el décimo aniversario de su muerte, ni de aquella risotada tan característica suya, en la que comprometía cada parte de su organismo. El crimen fue en Andoain, un pueblo en el que se mata a sus mejores vecinos en los fines de semana entre el desayuno y el diario: el sábado, 8 de febrero de 2003 a Joseba Pagazaurtundua en el bar Daytona, mientras tomaba café y leía el periódico.

En su funeral se dio cita el viejo antifranquismo, el de verdad, y un sindicalismo que también era de verdad, para despedir a un viejo ex militante comunista y fundador de CCOO: Santiago Carrillo, Julián Ariza, José Mª Fidalgo, Agustín Ibarrola, Enrique Múgica, se encontraron con el ministro del Interior, Mayor Oreja, la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre, el lehendakari Ibarretxe y un etcétera.

Sus victimarios no sabían quién era, de ahí que la perplejidad dolorida y sincera de tanta gente:: pasó cinco años en las cárceles de Franco, su mujer era profesora de ikastola, nada que ver con el caso. No era un error; los asesinos matan siempre adrede. Y aunque los que empuñaban la pistolas aquella mañana de mayo no supieran a quién mataban, sí lo sabían los miembros de la tupida red de la infamia que hay en el tejido social de pueblos como Andoain. Algunos de sus vecinos controlaban sus hábitos y horarios y pasaron la descripción de los mismos a quienes enviaron a dos almas de cántaro para que acabaran con su vida.

Como es costumbre, la muerte no fue la última ofensa a la víctima. Arnaldo Otegi explicó el crimen con asepsia de analista: “ETA pone sobre la mesa el papel que, a su juicio, los medios están planteando: una estrategia informativa de manipulación y de guerra en el conflicto entre Euskal Herria y el Estado”. “Lacalle, jódete asesino”, pintaron los cachorros aquella noche en las paredes del pueblo. El obispo Uriarte hizo excepción en la costumbre de no oficiar en los funerales de las víctimas de ETA, pero no sin incluir en el sermón una llamada al acercamiento de los terroristas presos.


La risa del hombre libre

Santiago González

La muerte a mano airada nos clava en la memoria para siempre una instantánea de nosotros mismos en el momento de los hechos. El día en que asesinaron a José Luis López de Lacalle en Andoain era domingo y venía de cumplir la última rutina dominical de su vida: comprar los periódicos y desayunar café y cruasán en el bar Elizondo, como siempre. Yo acababa de sentarme a la mesa con los cruasanes para el desayuno familiar y los periódicos que acababa de comprar, cuando vino mi mujer con la noticia oída en el cuarto de baño por la radio. “Han matado a José Luis López de Lacalle”, dijo, y los dos nos echamos a llorar.

“Yo no he vivido nunca en un régimen de libertad”, dijo en una entrevista unas semanas antes de que lo mataran dos tipos que nada sabían de él, ni de su biografía, ni del vozarrón al servicio de la libertad del que escribía Joseba Arregi en estas páginas en el décimo aniversario de su muerte, ni de aquella risotada tan característica suya, en la que comprometía cada parte de su organismo. El crimen fue en Andoain, un pueblo en el que se mata a sus mejores vecinos en los fines de semana entre el desayuno y el diario: el sábado, 8 de febrero de 2003 a Joseba Pagazaurtundua en el bar Daytona, mientras tomaba café y leía el periódico.

En su funeral se dio cita el viejo antifranquismo, el de verdad, y un sindicalismo que también era de verdad, para despedir a un viejo ex militante comunista y fundador de CCOO: Santiago Carrillo, Julián Ariza, José Mª Fidalgo, Agustín Ibarrola, Enrique Múgica, se encontraron con el ministro del Interior, Mayor Oreja, la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre, el lehendakari Ibarretxe y un etcétera.

Sus victimarios no sabían quién era, de ahí que la perplejidad dolorida y sincera de tanta gente:: pasó cinco años en las cárceles de Franco, su mujer era profesora de ikastola, nada que ver con el caso. No era un error; los asesinos matan siempre adrede. Y aunque los que empuñaban la pistolas aquella mañana de mayo no supieran a quién mataban, sí lo sabían los miembros de la tupida red de la infamia que hay en el tejido social de pueblos como Andoain. Algunos de sus vecinos controlaban sus hábitos y horarios y pasaron la descripción de los mismos a quienes enviaron a dos almas de cántaro para que acabaran con su vida.

Como es costumbre, la muerte no fue la última ofensa a la víctima. Arnaldo Otegi explicó el crimen con asepsia de analista: “ETA pone sobre la mesa el papel que, a su juicio, los medios están planteando: una estrategia informativa de manipulación y de guerra en el conflicto entre Euskal Herria y el Estado”. “Lacalle, jódete asesino”, pintaron los cachorros aquella noche en las paredes del pueblo. El obispo Uriarte hizo excepción en la costumbre de no oficiar en los funerales de las víctimas de ETA, pero no sin incluir en el sermón una llamada al acercamiento de los terroristas presos.


05 mayo 2010

La visita

Santiago González

Los precedentes no son como para echar cohetes. Las nueve ocasiones en las que el jefe de la oposición ha sido llamado a La Moncloa han seguido el mismo protocolo, o, por decirlo con un tópico actual, la misma hoja de ruta. Llegaba Rajoy, se hacían la foto y la viceprimera lo despedía con uno de sus maliciosos torniscones.

Resumen de lo actuado en los últimos seis años: Rajoy no arrima el hombro. No es una metáfora adecuada. En sus dos primeras visitas, 24 de mayo y 7 de septiembre de 2004, hizo aportaciones razonablemente críticas sobre las reformas estatutarias: recordó a Zapatero que esa era una cuestión de Estado, la necesidad del consenso y que los límites eran los de la Constitución. Mire vuesa merced que son molinos, pero Zapatero consideraba que la España plural y diversa estaría más unida que nunca. No hay más que buscar en Google declaraciones de Montilla para comprobarlo.

A la última reunión mantenida hasta hoy, el 11 de noviembre de 2008 en el Congreso, Rajoy entregó al presidente una propuesta con medidas económicas. Diez meses más tarde, el 9 de septiembre de 2009, le prometió convocarle para hablar de economía. Y hasta hoy.

Ha perdido grandes ocasiones para hacer algo que la gravedad de la crisis pedía a gritos: un gran pacto de Estado por la economía, por la austeridad en las administraciones públicas, supresión de carteras y consejerías inútiles, una reforma laboral. Como el que supieron hacer en 1977 unos políticos novatos en democracia: unos porque venían del franquismo y otros de la clandestinidad. O el que han puesto en marcha nuestros vecinos, “los pobres portugueses”, como decía con su ironía característica el inolvidable Felipe Mellizo en sus telediarios.

Han pasado siete meses desde que prometió citar a Rajoy, pero la agenda de un presidente europeo no es una página en blanco y, además, nunca es tarde si la dicha es buena. Por otra parte, el presidente parece convencido de que su misión frente a la crisis es irradiar optimismo. En una lamentable digestión de la teoría de las expectativas, considera que él puede modificar las expectativas de los agentes sociales y predisponerles para la recuperación, de la que ya se encargarán terceros. Debería reflexionar sobre el hecho de que su comparecencia de ayer denunciando especulaciones y rumores, y expresando su confianza en la economía española, iba acompañada del desplome de la Bolsa, hasta un 5,41%. Con toda seguridad, fue un ataque perverso, pero la cuestión es por qué estos movimientos no cuajan en la bolsa alemana o la francesa. ¿La credibilidad, quizá?

Mientras, el pobre Rajoy (© F. Mellizo) está condenado a no acertar: por no arrimar el hombro, o porque, si lo arrima, está empujando para despeñarnos. El mensaje de Zapatero va a ser muy simple, cuatro palabras nada más: Mariano, tú la llevas.

28 abril 2010

¿Incompetente o redundante?

Santiago González

Montilla y Mas han llegado al acuerdo de pedir al Parlament que el Tribunal Constitucional se declare incompetente sobre el Estatut. Consejos vendo y para mí no tengo. Es cierto que la incompetencia que debe confesar el Constitucional es muy precisa, mientras la que los espectadores apreciamos en los señores Mas, Montilla y asociados es de naturaleza inespecífica, más de amplio espectro. A esto se le llama el don de la alteridad.

El primer punto del papel enviado a la Mesa del parlament reafirma la plena constitucionalidad del Estatut, opinión que no es una rareza de esta pareja de hecho; también participan de ella y la han defendido en reiteradas ocasiones el presidente del Gobierno y el ministro de Justicia. Puestos en este plan, ¿quién necesita un Tribunal Constitucional, vamos a ver?

No es preciso considerarlo incompetente, tal como reclama el punto tercero del acuerdo Montilla-Mas. Bastaría declararlo redundante. Podría parecer chocante que un tribunal llamado ‘Constitucional’ no fuera el órgano adecuado para juzgar la constitucionalidad de las leyes. Cuantos opinábamos que el Estatut desbordaba el marco de la Constitución ya advertíamos de la dificultad y los problemas que entrañaría la cuestión después de aprobado en referéndum, aunque fuera con porcentajes ridículos. Pero para eso está el dictamen previo de inconstitucionalidad, no el absurdo de eximir de control constitucional precisamente a las leyes más importantes.

A partir de aquí, el punto segundo (instar a las cámaras a renovar el TC sustituyendo a los magistrados pasados de fecha) es innecesario. Basta el cuarto (reformar la LOTC para retirar en tiempo y forma a los caducados) y el Tribunal se iría amortizando a medida que los magistrados cumplen la edad de jubilación o el plazo de su mandato.

Se quejaba Mª Emilia Casas de que estamos en una crisis institucional y que el Tribunal que preside sufre una intolerable campaña de desprestigio. Montilla, ese lince, no sabe a quién se refiere. Pajín sí: como la rana que en la asamblea de la selva oye al león tronar contra “ese bicho verde que no me deja pegar ojo porque se pasa las noches croando” y comenta que “menuda bronca está echando el león al cocodrilo”. O sea, al PP.

Fue el TC quien se colocó a sí mismo en posición ilegítima al admitir a trámite el recurso de los populares contra el Estatut. Ya le había pasado antes al Tribunal Supremo al admitir la querella de Falange Española contra el juez Garzón. Falange es el PP, “amb Garzón i l’Estatut esta dreta ens ha fotut”; Supremo, Constitucional, el mismo carajal.

No llevarán la iniciativa al Congreso, donde la ministra de Defensa tendría que votar contra el presidente del Gobierno. En cambio, en la cámara alta, los senadores del PSC están en la Entesa y Zapatero les permitirá un brindis al sol. Salvo que decida unírseles, lo que tampoco es absolutamente descartable.

Mientras, Montilla podría convocar a su Consejo de Garantías Estatutarias para declarar inestatutaria la Constitución Española de 1978. Y convocar a los medios de comunicación catalanes para que expliquen el tema en otro editorial conjunto.

26 abril 2010

Antifranquismos tardíos

Santiago González

El franquismo contra el que se manifestaron el sábado miles de personas en 21 capitales, era un centenar de tipos que cantaron brazo en alto el ‘Cara al Sol’ en Madrid. Los falangistas a los que el PP jalea y da oxígeno, según Pepe Blanco. Como era de esperar, las manifestaciones se han resuelto en bronca entre el PSOE y el PP. Normal. Al fin y al cabo, para eso habían sido convocadas. Sí fue sorprendente que muchos asistentes a lo de Madrid confesaran que era la primera manifestación de su vida a la prensa amiga: “Jamás habían protestado por nada, explicaban ayer ancianos de 80 años”.

Veamos. Un anciano de 80 años tenía 45 en el momento de morir Franco, un hombre pleno, vaya. ¿Es posible que no hubiera asistido a una sola manifestación ni antes ni después de aquel 20-N? Para explicar esta rareza se enuncia con impudor extremo que la transición no fue tal, que seguimos viviendo en el franquismo, que lo relacionado con la dictadura era un tabú, el miedo no permitía saber y que a Garzón lo persiguen por investigar el franquismo.

Nada de esto es cierto. Juan Pablo Fusi estimaba en 2005 que en los 30 años transcurridos desde la muerte de Franco se habían publicado en España 19.000 libros sobre la guerra y la dictadura. Otro dato sobre el resarcimiento de las víctimas. El Gobierno de Zapatero hizo público un informe en 2006, según el cual, el monto total de las indemnizaciones a las víctimas del franquismo era hasta la fecha de 16.000 millones de euros, más de dos billones seiscientos mil millones de las antiguas pesetas.

Es verdad que contra Franco nos manifestábamos peor, como ha parafraseado con fortuna mi amigo Luigi, pero desde que murió fue el no parar, incluso para los antifranquistas más prudentes. Nos manifestábamos contra los crímenes de la extrema derecha, contra los sucesos de Vitoria, por la amnistía, contra las centrales nucleares, por la Autonomía, contra los crímenes de ETA, contra el golpe del 23-F y así sucesivamente.

El que no la ha corrido de joven, la corre de mayor, se dice, pero tal vez sea que estamos ante un antifranquismo alternativo y sosegado, que supo contener sus impaciencias mientras vivía el objeto de su fobia. Almodóvar, maestro de ceremonias, se había “impuesto como norma no citar a Franco” en sus primeros filmes (1980). Le parecía que “la mayor de las venganzas era negar su existencia”.

Puede decirse que la mayor parte de los españoles fue de la escuela de Almodóvar. Castigaron al dictador con su indiferencia, dedicándose a sus cosas: no vamos a hacerle caso, que se joda. Junto a él, Almudena Grandes, que hace tres años aceptaba lo sustancial de la tragedia, aunque soñaba con invertir los papeles: “fusilaría cada mañana dos o tres voces que me sacan de quicio” (Sevilla, 26 de marzo de 2007). Si la manifestación hubiera sido contra Franco habría sido inocua. En realidad era contra lo único que habíamos sabido resolver con cierta decencia los españoles: el pacto de la transición y la amnistía. Nos han durado 35 años. No está mal, pero a los pueblos como el nuestro les coge la pulsión suicida aproximadamente cada veinte años y ya llevamos quince de regalo.

24 abril 2010

30 años es algo

Santiago González

La mayoría parlamentaria que sostiene al Gobierno vasco ha querido que coincidieran en las últimas 48 horas dos acontecimientos de relieve: la institución de una festividad política, el Día de Euskadi, en el 25 de octubre, fecha de aprobación del Estatuto, y la celebración del 30º aniversario del Parlamento vasco.

En nuestra mejor tradición, la celebración del 25 de octubre dividió a la cámara vasca. El festejo del 30º aniversario del Parlamento, también. Es el acreditado horror a los consensos del alma vasca, el cromlech de Oteiza, un vacío despojado de toda materialidad. Eguiguren lamentó la falta de acuerdo sobre la fecha, aunque no debería sorprenderse: él mismo había descrito hace veinte años la paradoja reveladora de que la primera sesión del Parlamento vasco, el 31 de marzo de 1980 se dedicara a “dilucidar si había que escribir ‘Euskadi’ con ‘s’ o con ‘z’”.

Hogeita hamar urte eta gero hau, treinta años después seguimos en las mismas. Tres botones de muestra: quien fue cuarto presidente de la cámara, Juan Mª Atutxa, no excusó, reivindicó su ausencia con una carta que tenía algo de regüeldo: sólo estuvo con el corazón, que con el alma no podía. Su razón era que el Tribunal Supremo del reino de España vulneró la separación de poderes. Al parecer, para este eximio jurista y esclarecido discípulo de Montesquieu, la esencia de dicha separación consiste en la inmunidad del Legislativo y el Ejecutivo frente al Judicial.

El primer presidente del parlamento, Juanjo Pujana, explicó las ventajas del diálogo frente a "las constituciones y estatutos que se encuentran tan sacralizados” que “no son fuente de derecho, sino herramientas", lo que parece entrañar una cierta confusión entre el Parlamento y el parloteo. Joseba Egibar, la tercera en el pecho, se negó a reconocer la fiesta porque el Estatuto “está degradado y ha perdido su función y su potencialidad”.

Contaba el historiador Juan Pablo Fusi en ‘El País Vasco: pluralismo y nacionalidad’ que con el Estatuto del 79 Euskadi tuvo por primera vez en su historia una autonomía para Vizcaya, Guipúzcoa y Alava, un parlamento coexistente con las Juntas Generales de los tres territorios y un lehendakari elegido por ese parlamento: “En 1979 se aprobó un Estatuto infinitamente superior, por todos los conceptos, al de 1936. Comparado con el actual estado autonómico vasco, el régimen foral anterior a 1839 se reducía a esporádicas asambleas de aldeanos”.

Esto es lo más extraño de todo, que se nieguen a celebrar una catástrofe. ¡Pero si es su especialidad! Ellos eligieron el 25 de octubre para celebrar el referendum en recuerdo de una derrota: la del 25 de octubre de 1939 del célebre decreto de Espartero que ellos consideran la primera ley abolitoria de los fueros. Gran fecha para día de Euskadi por doble motivo, lo de Espartero y la incompletitud del Estatuto. Eso sin contar con que es precisamente el Estatuto, que permite la existencia del Parlamento, (arts. 25 a 28) el marco en que Joseba Egibar ha podido ganarse las alubias los últimos veinte años de su vida como parlamentario y cotizar para una jubilación decente. De bien nacidos es ser agradecidos.

23 abril 2010

Dos medidas

Santiago González

El ministro de Fomento ha justificado el nombramiento de Ramón Moreda como presidente de Comfersa, una filial de Renfe. “Es inocente”, ha dicho. “En grado de presunción”, tendría que haber añadido. No fue juzgado ni condenado porque el delito prescribió. Es la misma inocencia que la de aquel Rosendo Naseiro, imputado por el juez Manglano con escuchas ilegales. Era un presunto inocente, pero Aznar le obligó a dejar el cargo de tesorero en 1993. El 25 de marzo de aquel año, en el sumario de Filesa, el juez Marino Barbero imputó a Moreda un delito electoral presuntamente cometido en las elecciones generales y europeas de 1989, en las que fue administrador general del PSOE.

Nos falta una moral universal, un rasero ético. Lo dijo muy bien el miércoles la vicepresidenta De la Vega al exigir al PP que respete a los jueces no sólo cuando abren los cajones ajenos, sino también cuando investigan en sus fondos de armario.” Al juez Garzón que instruyó Gürtel, y al juez Barbero cuya instrucción de Filesa lo convirtió en la bestia negra del PSOE en general y la de Rodríguez Ibarra en particular. Por cierto, aquí tiene el ex fiscal Jiménez Villarejo espejo en el que mirarse: pocos meses después de que él entrara en la carrera, Barbero tomaba posesión de su cátedra en la Universidad de Murcia, en 1963. Se negó a jurar los Principios del Movimiento y aquel curso impartió su lección inaugural contra la pena de muerte. Fue el año en que se fusiló a Grimau, el último muerto de la guerra civil. Para hacer esto cuando Franco hacía falta más coraje que para llamar franquista al Tribunal Supremo en el aquelarre de la Complutense.

Tiene razón la viceprimera al exigir al PP que respete a los jueces, mientras ella ampara lo de Villarejo en la libertad de expresión. También acierta al señalar al PP el cajón del caso Gürtel, pero si parte de la presunción de culpabilidad para los otros, no debería invocar la de inocencia para los suyos, ni olvidar su propio fondo de armario: En 2008, Moreda fue elegido para la Ejecutiva, como vocal de la Comisión de Ética y Garantías. Está bien. Como ya se ha dicho en este rincón, Josep Mª Sala, que sí fue condenado por Filesa, fue admitido en la Casa Común del PSC y elegido responsable de Formación en las dos últimas Ejecutivas, en 2004 y 2008. En 2005, el alcalde de Carboneras, Cristóbal Fernández, fue condenado a seis meses de inhabilitación por un delito electoral, pena a la que se acumuló otra de quince meses de multa por injurias al tribunal que lo condenó, sin saber que a los jueces hay que respetarlos. En diciembre de 2006 el Gobierno de Zapatero lo indultó a tiempo para las elecciones de mayo de 2007 y ser el alcalde actual de Carboneras.

También es lógico. El maestro Billy Wilder había planteado la cuestión en los títulos finales de ‘Primera plana’, al repasar el destino de los principales personajes de la película. Al llegar al tramposo y amoral director del ‘Chicago Examiner’ que interpretaba el gran Walter Matthau, decía: “Walter Burns está retirado y a veces imparte conferencias sobre la ética del periodismo en la Universidad de Chicago”.

17 abril 2010

Víctimas a la carta

Santiago González


En el desarrollo futuro del Plan de Convivencia Democrática y Deslegitimación de la Violencia, el Gobierno vasco estudia la forma de introducir las víctima en el sistema educativo. Se trata de que el Gobierno ofrezca en un futuro próximo a los centros escolares un catálogo de víctimas de la violencia, con el fin de que elijan la que les parezca idónea para dar testimonio a los alumnos. Las víctimas serán seleccionadas entre las que hayan superado el duelo y quieran compartir un mensaje de perdón y reconciliación, apuntaba la consejera de Educación, Isabel Celáa. La dirección de los colegios podrá pedir una víctima de ETA, de los GAL o de los grupos de extrema derecha.


¿Es ésta una buena idea? En 'Plácido', Berlanga y Azcona ya planteaban el factor aleatorio en la campaña de Navidad 'Siente un pobre a su mesa', que organizaban las fuerza vivas de una pequeña capital de provincia. Como en el franquismo no se podía elegir, era por sorteo: “¿Y a usted que le ha tocado, pobre del asilo o uno de la calle?”, se preguntaban unas a otras aquellas buenas gentes.


Peliaguda cuestión ésta. Cabe pensar si las víctimas son equiparables a estos efectos. No se trata de relativizar el crimen y creer que algunos asesinos son mejores que otros. “Sólo el que mata es la categoría/ que dejo fuera de mi sentimiento” escribió Neruda, ni que unas víctimas de la muerte a mano airada merezcan menos lágrimas de los suyos que las otras, ni de que la justicia debe hacerse sobre todos los victimarios como forma de reparación.


Enrique Múgica lo formuló con lucidez y sin hipocresías, tras el asesinato de su hermano Fernando: “es verdad que todos los muertos son iguales porque todos los muertos son llorados, sean quienes fueren, por sus familias y por sus amigos. Pero que un ser humano, antes de morir puede ser corroído por el odio y la violencia, o ser un ser humano de paz y tolerancia, tal y como era mi hermano”.


Los colegios deberían limitarse a pedir su participación en el programa y tendría que ser responsabilidad de la autoridad educativa enviar a la persona adecuada. La equiparación de los terrorismos para combatirlos ideológicamente no parece adecuada. ETA no es el GAL, ni los grupos ultras, ni siquiera el Grapo. ETA sigue siendo una amenaza de presente y de futuro para nuestra convivencia. ETA es la única organización terrorista que genera adhesiones sociales significativas y constituyen referentes asociativos, fenómeno que no se dan en otros grupos terroristas. Sería de mucho interés tratar el GAL en las escuelas para explicar a los niños la importancia de la Ley, pero no para equipararlo a ETA.

Para educar en la paz a nuestros hijos sería mejor reconocer la verdad profunda de uno de los 'Epitaphs of the war', de Rudyard Kipling, felizmente adaptado a lo nuestro por Jon Juaristi: “Nuestros padres mintieron, eso es todo”. Hace poco incidía en la misma idea un excelente artículo de Joseba Arregi: La pregunta es si el proyecto político que ha exigido más de ochocientos asesinatos puede ser el proyecto de futuro para la sociedad vasca, aunque se defienda ahora sin violencia. Si los asesinatos han pasado por el proyecto político que los causó sin romperlo ni mancharlo.”

15 abril 2010

Un fiscal jubilado


Santiago González


El Código Penal describe en su artículo 404 el delito de prevaricación como una resolución arbitraria adoptada por un funcionario a sabiendas de su injusticia. Ayer, en el homenaje que se rindió a Garzón en la Universidad Complutense, el que fuera fiscal Anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, cometió lo que podríamos llamar un acto largo y ancho de prevaricación intelectual, que consiste en decir chorradas a sabiendas.


¿Por qué todas las lumbreras jurídicas, desde Leire Pajín a Jiménez Villarejo, insisten en la bondad del juez y en la ilegitimidad de unos querellantes a los que nadie ha denunciado con la Ley de Partidos en la mano? Misterios de la naturaleza humana. Ayer, entre el fervor de los asistentes que desbordaban el anfiteatro de Medicina, un fiscal jubilado hizo gala del desconocimiento de su oficio, al ignorar las razones que han llevado al TS a procesar a Garzón, a saber: 1) Ignorar el artículo 101 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que impide abrir un proceso penal a los difuntos. 2) Ignorar los límites de su competencia. 3) Ignorar la Ley de Amnistía aprobada en el Congreso de los Diputados (15-10-1977), que extinguió las responsabilidades por todos los delitos cometidos por franquistas y antifranquistas.


Quienes por razones de edad u otras no llegaron a ser antifranquistas en el tiempo adecuado, creen que la amnistía fue un autoperdón de la dictadura. Deberían consultar el gran discurso de Marcelino Camacho en el Congreso, reivindicándola como una bandera comunista. Un amigo mío, condenado a 20 años cuando entonces, me leyó el otro día su auto de excarcelación: "Queda en libertad por aplicación de la Ley de Amnistía que anula sus condenas impuestas por Consejo de Guerra Sumarísimo, y Tribunal de Orden Público, así como de todas las penas accesorias, y restituido en la plenitud de sus derechos, sin antecedentes penales...."


El fiscal Villarejo acusó a los magistrados del Supremo de ponerse en manos de Falange, en manos de los corruptos, haber sido cómplices hasta el último día de las torturas (del franquismo). No todos, dijo, pero va a ser que sí, que todos los de la Sala Segunda votaron sí al procesamiento de Garzón en las tres causas.


No como él, que ingresó en la carrera fiscal en 1962, justo a tiempo para denunciar las torturas y la defenestración de Julián Grimau, la iniquidad de su proceso y del que, también en 1963 condenó al garrote vil a los anarquistas Joaquín Delgado Martínez y Francisco Granados Gata, detenidos el 1 de agosto, condenados el día 13 y ejecutados el 17 por un atentado que no cometieron. Ninguno de los magistrados del TS estaba en la carrera entonces. Él sí. También pudo aprovechar el momento para explicar a los anfitriones, sobre todo a Toxo, cómo denunció el proceso 1001, que el 20 de diciembre de 1973, sentó en el banquillo del T.O.P. a la dirección de CCOO, que fue condenada a penas de hasta 20 años de cárcel. No lo hizo. Qué virulento, qué magníficamente insobornable, el antifranquismo sobrevenido. Y qué torpes los sindicalistas con el protocolo. Deberían haber invitado al acto a Felipe González Márquez.

24 marzo 2010

Palabras de más

Santiago González

Hay años en los que no está uno para nada, debió de pensar Jaime Mayor Oreja antes de hacer sus últimas declaraciones sobre ETA y el Gobierno. Expuso ayer el ex ministro del Interior su “certeza” de que el Gobierno está negociando con ETA, que Zapatero y la banda terrorista “no son adversarios, sino aliados potenciales” y que la segunda ayudará al primero a ganar las elecciones.

Era mucho decir para un desayuno, si bien es verdad que en sus apreciaciones, o tal vez habría que decir en sus pálpitos, sólo ha cometido errores de dos clases: de oportunidad y de fondo. Los errores de oportunidad política son los siguientes: Ha ido a cometerlo precisamente el día en que el presidente del Gobierno, tan renuente a funerales en ocasiones anteriores, anunció desde el primer momento su decisión de asistir ayer a los que se celebraron en París por el policía Jean-Serge Nèrin. Contradice la política sobre el terrorismo de su partido desde que el Gobierno y el PSOE se empeñaron en combatir a ETA con las herramientas clásicas, tras el fiasco de la fantasía negociadora. Proporciona sal gorda mitinera a los Alonsos, Blancos, Pajines etc. Y divide a su propio electorado en torno a la cuestión, sin aclarar definitivamente, de tensiones internas no resueltas tras la marcha de María San Gil.

Hay otras que son más de fondo, como digo. Se trata de los hechos. No hay un solo dato que permita tener a nadie ‘la certeza’ de que el Gobierno y ETA están negociando. En rigor, los indicios ni siquiera permiten albergar una sólida creencia.

Otro factor es la memoria. Mayor debería recordar el largo periodo en que el partido-guía de los vascos ejercía de tal en Ajuria Enea, ya fuera en solitario, ya en compañía de otros. Uno de los argumentos más empleados entonces por Arzalluz, probablemente su acusación más grave contra la izquierda abertzale, era que con las acciones de ETA, con la kale borroka, etc. fortalecía políticamente a Mayor Oreja. No parece lógico, ni justo ni decente que sea precisamente Jaime Mayor quien acabe usando análogo argumento sobre el no probado compromiso de ETA para ayudar a Zapatero a ganar las elecciones. La única diferencia es que con esa acusación, Arzalluz trataba de desprestigiar a ETA, mientras el portavoz europeo del PP intenta desacreditar a Zapatero. Parece.

Seguramente le pasa esto por creer al presidente del Gobierno. "Hoy podemos decir que el proceso de paz, tan denostado, hizo mucho daño a ETA y mucho bien a la democracia", dijo Zapatero durante la entrevista que le hicieron en la tele el pasado 8 de marzo. Llegados a este punto, parece que el presidente del Gobierno emite esos signos negociadores de los que habla Mayor Oreja. Si ese es su balance del ‘proceso’, no se entiende que no haya vuelto negociar. ¿Qué gobernante renunciaría a un instrumento que “hace mucho daño” a la banda terrorista “y mucho bien a la democracia”?

¿Disculpa esto al portavoz del PP en el Parlamento europeo? En absoluto. Las palabras del presidente nunca van a llevar a ningún sitio, son puro ‘bullshit’. Los actos de Zapatero son lo único que importa, y por esta vez, ayer estuvo donde tenía que estar.

19 marzo 2010

El uso del vocativo

Santiago González

Nicolás Sarkozy, se ha expresado en términos muy inteligibles respecto al asesinato del policía Nèrin a manos del terrorismo etarra: "Que ETA sepa que la movilización de las Fuerzas de Seguridad será total y sin piedad". Comparemos esta frase con el mensaje del lehendakari al entorno político de los asesinos: “Tenéis que trabajar con la democracia para terminar con ETA o estaréis fuera de la democracia, de la política y de una sociedad digna como la vasca. Tenéis que escoger. Pero tenéis que escoger ya”.

Por muy poco dotado que uno esté para el análisis de textos, hay algunas diferencias que no deben dejar de percibirse. La primera es el uso del vocativo. Los gobernantes de la democracia usan la segunda persona del plural para dirigirse a sus gobernados, no a los asesinos ni a sus cómplices. La amenaza de Sarkozy es, en realidad, una promesa del presidente a los ciudadanos franceses, mientras Patxi López se dirige directa (e impropiamente) a Batasuna, ofreciéndoles por enésima vez una opción que por enésima vez han despreciado, al no condenar a lo que en realidad no pueden condenar sin renegar de su propia sustancia.

Patxi López, que había mantenido un discurso ejemplar en sus once meses de presidencia se dirige ahora a los Arnaldos en términos que desprecian la realidad. ¿Qué ha querido decir con “estaréis fuera de la democracia”? Batasuna y sus marcas alternativas, HB y EH, están fuera de la democracia desde que el Supremo las ilegalizó el 27 de marzo de 2003. Están fuera del Parlamento vasco desde que el Supremo ordenó disolver Socialista Abertzaleak y el PCTV. Otras marcas blanqueadas como Aukera Guztiak, Herritarren Zerrenda, AuB, Abertzale Socialistak y varias agrupaciones locales de electores están fuera de los ayuntamientos. Eso sin contar con la extravagancia de ese fruto espurio del la negociación, Acción Nacionalista Vasca, cuya legalidad va por pueblos como la risa por barrios.

El TS encontró probado que las siglas amontonadas bajo la etiqueta de la Izquierda Abertzale compartían la estrategia de la banda y este parecer tuvo el respaldo del Tribunal Constitucional y el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos.

Hay, además, una cierta incongruencia entre la actitud dialogante del lehendakari y la afirmación del presidente Zapatero en TVE el pasado 8 de marzo: “una de las razones de la gran debilidad de ETA es que no tiene a nadie, no ya que la apoye, ni siquiera que la escuche”.

Parece que sí, que en estos días puede encontrar entre los suyos partidarios de escuchar a los portavoces más autorizados de la banda. Es un eterno retorno. La estrategia radical de no ocupar sus escaños en el Congreso ni el Parlamento vasco hasta 1990, tenía a los demócratas en un permanente extender la alfombra roja. Ah, la normalización. Tuvieron que pasar muchos años para que la mayoría comprendiera que la legalidad de Batasuna era una baza estratégica en manos de los terroristas. El problema de Otegi no es salir de la democracia, sino salir de la cárcel, pero eso ya lo sabe él, sin necesidad de apuntador. Ahora, traten de imaginar la admonición de López en boca de Sarkozy y verán qué rara queda.

15 marzo 2010

¿Posado o robado?

Santiago González

La primera cuestión que se plantea al leer la transcripción de las conversaciones mantenidas por Arnaldo Otegi y por Pakito con sus visitas en el locutorio de la cárcel es la misma que podía hacerse cualquiera hace unos años a la vista de una foto de famosa enseñando chicha en las revistas del ramo: ¿será un posado o un robado? Digo hace unos años, de cuando las estarletes querían pregonar la mercancía y guardar al mismo tiempo el recato y la presunción de la decencia. El robado tenía un aire más casual, luz natural, sin focos, instantánea hecha con película más rápida y por ende, con más grano. Permitía enseñar más pelo, pero las fotos tenían menos definición. Raramente se puede tener todo.

Ahora es otra cosa. En la misma revista en que enseñan las tetas te explican sus tarifas y el truco del robado se queda para las grabaciones de la cárcel. Llama la atención que Arnaldo Otegi nunca haya dicho cosas ni siquiera parecidas en sus comparecencias públicas o en los posados de estudio con su prensa amiga. Él sabía que lo estaban grabando, pero quería hacer creer al papparazzo que era un intruso en vez de un invitado. ¿Cuál es la verdad del escuchado? Seguramente las dos. Se deja grabar lo que seguramente excita el celo negociador de los últimos oyentes, pero en ningún caso permite hacer creer que está por el abandono de las armas sin contrapartidas políticas, corolario inevitable de la aceptación de la derrota. Por contra, la declaración de Alsasua pretende equiparar la actividad terrorista de la banda con la capacidad disuasoria de un Estado democrático, equiparación que jamás ha aceptado ningún estado, salvo que fuera perdiendo la guerra.

Hace seis años, Pakito Mujika y otros cinco ni siquiera confiaban en que un Gobierno quisiera negociar con ellos y escribieron una carta a la organización desde la cárcel abogando por el abandono de la lucha armada (es el motor lo que no marcha, decían con metáfora mecánica). Cuatro meses después, el presidente del Gobierno empezó a demostrarles que estaban equivocados: sí había alguien dispuesto a negociar con ellos. Fueron expulsados por derrotistas y Zaptero se cobró una pequeña victoria derrotando al sector proclive a la rendición. Hoy, Mujika Garmendia es un seguidor de Otegi y partidario de la negociación en los términos de Alsasua.

Son signos inequívocos de que la cosa va bien, pero nadie en el Gobierno debería engañarse: lo que ha debilitado a ETA es el trato que los Gobiernos de España le han dado antes y después de proceso de paz, no durante. La cárcel suele ser mano de santo y el discurso de Otegi después de pasar por ella, ya había tenido precedentes en los casos de Txelis, Pakito, Makario, Carmen Gisasola y otros de menor rango. Pero no hay que confiarse. Si alguien decide volver a las andadas negociadoras notará que el mero hecho de sentarse a la mesa de la negociación les fortalece y verá con qué rapidez se vienen arriba, como Charles Chaplin y Jack Oakie en la escena de la barbería de ‘El gran dictador’. Es lo que tiene el posado, que las posturas son inevitablemente más explícitas y la foto resulta más obscena.

05 febrero 2010

He said a little prayer

Santiago González

La culpa no fue del chachachá, sino del gospel. ‘Son of a preacher man’ (hijo de un predicador) cantaba en los 60 Dusty Springfield, rescatada muchos años después por Tarantino en ‘Pulp Fiction’. ‘I say a little prayer’, aprendimos a cantar con Aretha Franklin algo después, aunque ya empezábamos a ser laicos. La pequeña oración de Zapatero justifica el rezo en castellano con una razón que nunca emplearía para defender su uso en la educación de los niños españoles, “la lengua en la que por primera vez se rezó al Dios del Evangelio en esta tierra”. Por lo demás es un canto razonable de admiración a Estados Unidos. Tiene algo del “Eres hermosa, verde y ancha, Norteamérica”, con que Neruda comenzaba ‘Que despierte el leñador’, y algo también de los credos obreristas, modelo Palacagüina.

“Citar”, escribió Ambrose Bierce, “es repetir erróneamente las palabras de otro” y el presidente se aplicó a ello con fruición en su plegaria. Abusando del quiasmo dio la vuelta al Evangelio. Donde el águila de Patmos había escrito: “la verdad os hará libres” (San Juan, VIII, 32), Zapatero reescribió “es la libertad la que os hace más verdaderos” y así lo repitió ayer en su plegaria.

Con la misma desenvoltura intelectual fue añadiendo pluralismo, solidaridad y tolerancia a la marmita de la Alianza de Civilizaciones, llegando a invocar el ‘Deuteronomio’ (capítulo XXIV) como fuente de inspiración para la justicia social con los inmigrantes, tal como los democristianos europeos citaban hace unas décadas la encíclica ‘Populorum Progressio’.

Esto lleva a confusión a los espíritus laicos. El mismo Deuteronomio prescribe esta Alianza de Civilizaciones: “esto es lo que debéis hacer con ellos: derribad sus altares y haced pedazos las estatuas, talad sus bosques profanos y quemad sus ídolos” (Deut. VII, 5). Eso por no hablar de cómo contempla la Ley de Identidad de Género: “La mujer no se vista de hombre ni el hombre se vista de mujer, por ser abominable delante de Dios quien tal hace.” (Deut. XXII, 5), amén de esta muestra de moral sexual: “Mas si es verdad lo que (el marido) le imputa y la muchacha no fue hallada virgen, la echarán fuera de la casa de su padre y morirá apedreada por los vecinos de aquella ciudad, por haber hecho cosa tan detestable en Israel” (Deut. XXII, 20-21). Finalmente, donde el mismo libro dice (XIV, 21): “No cocerás cabrito en la leche de su madre”, ¿debemos entenderlo como un alegato contra la cocina de fusión o más bien contra la redundancia?

Éste es el mismo presidente que en 2007 hacía bromas con su biógrafo De Toro sobre “el complejo retardado del nacionalismo español. Es agarrarse, para salir del rincón de la historia (risas) al imperio Americano (Más risas). ”(‘Madera de Zapatero”, págs. 157-158).

Es verdad que arrepentidos los quiere el Señor, pero no sé si tanto, la verdad.


01 febrero 2010

Un invento socialista

Santiago González

Pajín y Corbacho explicaron ayer en Ferraz la buena, no muy nueva, del estiramiento de la vida laboral y el recorte del gasto público a una feligresía del PSOE y la UGT.

Recordarán ustedes que al gobernador del Banco de España le dieron la del pulpo por decir en el Congreso hace nueve meses que era inevitable reformar el sistema de pensiones y que era mejor hacerlo cuanto antes. Le cayeron encima: Zapatero, Blanco, Pajín, Alonso y algunas voces destempladas de UGT.

La novedad es que el presidente compareció en el foro Davos el pasado jueves y lo hizo en la mesa de los niños, acompañado por Letonia y Grecia, los dos países que nos disputan la honrosa función del farolillo rojo en la serpiente multicolor de la UE. Algo había que decir y dijo que somos un país serio y que cumplimos nuestros compromisos. Por eso vamos a retrasar la edad de la jubilación en dos años y a recortar el gasto público en 50.000 millones.

En menos de horas veinticuatro bajaron de las musas al teatro, habría dicho Lope; al día siguiente, el asunto era aprobado por el Consejo de Ministros, y el sábado, por el Comité Federal del PSOE. Que el pensionazo fue una improvisación lo prueba la ausencia en el Consejo del ministro de Trabajo, que estaba en Barcelona con los ministros europeos del ramo.

“Nosotros somos el proyecto político que puso en pie en España la Seguridad Social”, dijo Zapatero al Comité, en una afirmación voluntariosa, pero errónea. Fue el régimen franquista el que elaboró en 1963 la “Ley de Bases de la Seguridad Social”. El presidente puede consultar la historia del invento en la web de su ministro de Trabajo (www.seg-social.es) donde se da cuenta de este detalle y de algunos antecedentes desde 1883. También es posible que el presidente conozca estos extremos y que con ese “nosotros” haya querido reivindicar sutilmente al otro abuelo, al de derechas.

En octubre de 2008, Montoro había propuesto un recorte del gasto de 2.100 millones de euros. Lean el comentario que le propinó en su blog Leire Pajín, el día 28 del citado mes: “…en medio de todo, Montoro pide que se recorte el gasto público en 2.100 millones de euros. ¿De dónde? Montoro, dígalo con claridad…”

Tampoco estuvo mal el vicesecretario general del PSOE: “el Gobierno de España no va a recortar el gasto público. (...) Detrás de reducir el gasto público viene el recorte de los derechos de los trabajadores". (1º de Mayo de 2009)

Si no sabíamos de dónde sacar 2.100, ¿de dónde podremos sacar 50.000, aunque sea en tres años? Los presupuestos para 2010 han sido aprobados hace 40 días, sin que se haya previsto nada en ellos. Prueben a recortarle al PNV o a CC el precio de su apoyo, a ver qué pasa. Ayer, en la homilía de la misa laica de Ferraz, el ministro de Trabajo no olvidó el torniscón litúrgico al publicano de la oposición: “Al PP no le preocupa, porque además de la Seguridad Social se habrán hecho un plan privado de pensiones”.

A la luz de su candil, admirable Celestí, debo de ser del PP, porque me he hecho un plan propio de pensiones por dos motivos: el primero, que así lo recomienda el punto 14 del Pacto de Toledo. El segundo, porque haría falta ser un inconsciente para confiar el propio futuro a manos tan torpes como las suyas.

30 enero 2010

Pierre Menard, autor del Quijote


Cuenta Jorge Luis Borges en ‘Ficciones’ un caso extraordinario que pudiera, quizá, ser un antecedente literario de los dones de nuestra heroína, el de ‘Pierre Menard, autor del Quijote’. Menard, desconocido escritor francés, dejó una obra corta, llena de trabajos menores que el relato de Borges enumera concienzudamente hasta el penúltimo: “una lista manuscrita de versos que deben su eficacia a la puntuación”. Pero el último, ah, el último es un trabajo titánico, sublime y conmovedor: se trata de los capítulos noveno y trigésimo octavo de la primera parte de Don Quijte y de un fragmento del capítulo 22. Borges explica la magnitud de la obra:

“Es una revelación cotejar el Don Quijote de Menard con el de Cervantes. Éste, por ejemplo, escribió (Don Quijote, Primera parte, noveno capítulo):

“La verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir”.



Redactada en el siglo XVII, redactada por el “ingenio lego” de Cervantes, esa enumeración es un mero elogio retórico de la historia. Menard, en cambio, escribe:

“La verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir”.


La historia, madre de la verdad, la idea es asombrosa. Menard, contemporáneo de William James, no define la historia como una indagación de la verdad, sino como su origen. La verdad histórica, para él, no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió. Las cláusulas finales, -ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de los por venir-son descaradamente pragmáticas.”