28 agosto 2007

Técnicas 'neocon'

L. R. A. - Madrid - 27/08/2007

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Los socialistas son conscientes de la ventaja que el PP le lleva en la construcción de su proyecto ideológico, siguiendo la estela de los neocons estadounidenses. Tal es el convencimiento, que su secretario de Organización, José Blanco, y el de Programas, José Andrés Torres Mora, recomendaron en julio a todos los miembros de la Ejecutiva Federal, la lectura del libro No pienses en un elefante, del ensayista norteamericano, George Lakoff. Ese texto pone al desnudo cómo la utilización de mensajes simples, en la que han sido maestros los neocons norteamericanos, puso a la defensiva a los progresistas de dicho país. Así, cuando la nueva derecha de EE UU afirmaba que el mundo sería mejor sin Sadam Husein estaban justificando la guerra de una forma simple, pero asumible por mucha gente.

P ha utilizado esta técnica especialmente con motivo del alto el fuego de ETA. "La diferencia entre la actitud del PP ante la tregua de 1998, que le tocó gestionar como Gobierno, y la última, en la que ha jugado un papel desestabilizador como oposición, no sólo responde a intereses electorales sino a la influencia de la extrema derecha norteamericana con su estrategia de la crispación para movilizar al electorado conservador y dividir al progresista", precisa. "Su mensaje simple ha sido repetir que dialogar con los terroristas es ceder ante ellos".




19 agosto 2007

MARUJA TORRES

Oigo voces

MARUJA TORRES 08/02/2007

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La parte buena del calentamiento climático es que, si se precipita, nos perderemos unas cuantas cosas. Paso a enumerarlas.

Las voces de Acebes y Zaplana. La petición de pruebas del Holocausto por parte de Ahmadineyad. Las voces de Acebes y Zaplana. El sinvivir de la albóndiga mediática intentando encontrar Goma 2 aunque sea en el conejo de su madre. Las voces de Acebes y Zaplana. La asonada golpista no bélica pero sí inodora (de WC) de los refundadores del Estado de Derecho es el PP, SL. Las voces de Acebes y Zaplana. La envidia de Pe (sin ne) que siento, porque se está comiendo a Olivier Martínez, por fin ha llegado el hombre. Las voces de Acebes y Zaplana. Las apariciones de Lord Assimil fingiendo que es Aznar haciendo ver que habla idiomas y, lo que es peor, recitando en alemán, que está a punto. Las voces de Acebes y Zaplana. Los intentos por parte de Bush Jr. para demostrar que no cambia nada en Irak para que todo empeore, mientras se dispone a atacar Irán. Las voces de Acebes y Zaplana. Las invitaciones a los actos Sin Complejos suyos que sigue enviándome la FAES. Las voces de Acebes y Zaplana. Las películas de Renée Zellweger y las de Tom Cruise y, lo que aún sería peor, las películas con los dos dentro. Las voces de Acebes y Zaplana. La autocombustión de Woody Allen por exceso de utilización de talento: eso prefiero no verlo. Las voces de Acebes y Zaplana. Los anuncios de dodotis para niños astronautas y los de partidos de fútbol que me impiden leer los subtítulos en las películas y series que emite Digital +. Las voces de Acebes y Zaplana. La tortura a que nos somete el ejército de leguleyos contratados por el Partido Popular para que les avise de cualquier resquicio legal por el que puedan colar su legendaria mala baba, convertida por el rencor en sulfúrico que corroe la democracia española. Las voces de Acebes y Zaplana. La incapacidad de este Gobierno para albergar entre sus filas o entre sus asesores a alguien con la perspicacia necesaria para adivinar a qué extremos de cinismo puede llegar la infecta oposición, adelantarse y bloquearles con argumentos y acciones legales. Las voces de Acebes y Zaplana.

Reflejo de sus almas. De todas sus almas.

07 agosto 2007

Formación del Espíritu Nacional


El juez Navarro (Joaquín Navarro Estevan) publicaba en un año tan relativamente reciente para la cronología del franquismo como 1969 un libro de texto de “Formación Politico-Social y Cívica” para niñas de 5º curso de enseñanza primaria. En el libro consta que fue publicado por Editorial Almena. Almagro, 36 Madrid. Depósito legal: M. 11.449. 1969. En la contraportada se deja constancia del mandante y el precio del ejemplar: Delegación Nacional de la Sección Femenina del Movimiento. 75 pesetas.

Joaquín Navarro Estevan, simpatizante de Ibarretxe y de su plan, define en la primera lección “Qué es y por qué existe la provincia”. El primer epígrafe dice: “Tu familia, tu municipio y tu comarca son realidades naturales”.

“No todos pueden ser nombrados Gobernadores. Se han de reunir, aparte de la capacidad y la preparación naturales, algunas condiciones: ser español, tener más de veinticinco años, haber hecho una carrera universitaria u ocupado un alto puesto. Y, sobre todo, algo que debiera tener la mayor importancia en cualquier persona que ocupe un cargo público: una gran capacidad de servicio, de entrega a los demás.

El Gobernador civil tiene muchas facultades y muchos deberes. Ha de cuidar de que se cumpla en la provincia que dirige todo lo que disponga el gobierno para el bien del país, ha de nombrar a los alcaldes de los pueblos que tengan menos de 10.000 habitantes (en los que tengan más los nombra el Ministro de la Gobernación) (…) tiene que fomentar la Agricultura, la repoblación forestal, la enseñanza, el turismo; preocuparse de que la provincia entera tenga suficientes centros médicos y esté suficientemente abastecida de alimentos; mantener el orden público, etc.

Tiene también que atender las peticiones de los municipios que integran la provincia y tratar de que todos ellos tengan una verdadera igualdad de oportun idades de desarrollo, progreso y prosperidad. (…) Aparte de sus tareas como Gobernador, éste, al ser al mismo tiempo Jefe provincial del Movimiento, representa en la provincia esa comunidad de los españoles en unos mismos ideales que es el Movimiento y a la organización que le sirve de base.”[1]

La lección 18 lleva por título “Las falsas interpretaciones del hecho regional: separatismo y uniformismo” y el primero de sus epígrafes reza: “Los regionalismos cultural, jurídico y administrativo, son aceptables, aunque, sobre todo el último, discutibles”. El segundo tampoco tiene desperdicio: “Falseamiento del hecho regional en la interpretación separatista” y su contenido es el siguiente:

“Sin embargo, existen ciertas ideas sobre la región que, aunque mantenidas por muy pocos, sí pueden significar un peligro grave para la unidad y la integridad nacionales.

Entre ellas se encuentran las ideas separatistas. Las de aquellos que entienden que algunas regiones tienen diferencias tan acusadas con el resto del país que deberían ser, al margen de España, países independientes. Y ésta es la más falsa interpretación del hecho regional.

Consiste, precisamente, en creer que una nación, un país, no puede contener elementos muy diversos, muy distintos entre sí, como son las regiones en el caso español.

“Que esta región es muy distinta –dicen los separatistas-, pues que se separe del tronco nacional.” Es ésta una posición torpe y estrecha, que olvida algo tan simple (vosotras ya lo sabéis) como que la existencia de la región está precisamente basada en la variedad, en ser algo distinto y diferente dentro de la superior unidad nacional.

Es como pretender que dentro de una nación todo debe ser igual, que no deben existir variedades y peculiaridades entre sus hombres y sus tierras.

Si lo que dicen los separatistas fuera verdad, España dejaría de existir, ya que es una de las naciones de mayor variedad, de más ricas diferencias entre sus hombres y entre sus tierras. Pero es absolutamente falso, una lamentable equivocación.

El regionalismo separatista ni es aceptable ni es respetable para ningún buen español.”[2]

( 'Palabra de vasco'. Santiago González. Ed. Espasa, 2004)

[1] Joaquín Navarro. Formación Político-Social y Cívica. Ed. Almena. Págs. 25 y 26.

[2] Ibíd. Págs. 87 y 88.

05 agosto 2007

Un lugar en el mapa

Navarra está donde tiene que estar. Lo que está a tomar por culo es Huerva. (Remero de la Argos)

28 julio 2007

28-07-2007 DEIA
11:13 horas (CET)
EL PSE llegó a un acuerdo con Batasuna y el PNV en octubre de 2006
Bilbao
Las tras formaciones se reunieron en once ocasiones entre los meses de septiembre y noviembre de 2006 y lograron elaborar un borrador "que abordaba las claves del conflicto" y que finalmente se frustró al introducir Batasuna modificaciones de calado en el último momento, según DEIA, que no cita fuentes.

En los encuentros, que se celebraron en la casa de ejercicios espirituales del Santuario de Loiola, tomaron parte los socialistas Jesús Egiguren, Rodolfo Ares y José Antonio Pastor; los nacionalistas Josu Jon Imaz e Iñigo Urkullu; y los dirigentes de Batasuna Arnaldo Otegi, Arantza Santesteban, Rufino Etxebarria y Olatz Dañobeitia.

Los encuentros a tres bandas comenzaron después de que las reuniones bilaterales entre PSE y Batasuna no avanzaran por la falta de confianza entre ellos. Esta situación de estancamiento llevó a los socialistas a pedir al PNV que tomara parte en los encuentros para mediar entre las dos partes.

El 20 de setiembre tuvo lugar el primer encuentro, en el que ya se comenzó a redactar un borrador que debería ser debatido posteriormente en la futura mesa de partidos. En dicho texto, se sentaron "las bases políticas" del acuerdo y se establecieron "los principios metodológicos para hacerlo realidad y el protocolo de gestión del proceso, que contemplaba la redacción de un acuerdo-marco final que sería depositado en El Vaticano".

Las reuniones se sucedieron en octubre y el 31 de ese mes, las tres formaciones ya habían consensuado un calendario de actuación y un borrador que contaba "con el visto bueno de los tres partidos". Según Radio Euskadi, que se remite a un documento con informaciones transmitidas en distintas asambleas internas del PNV, el acuerdo fue llamado "Bases para el diálogo y acuerdo político".

En el mismo, "se reconocía la identidad nacional del pueblo vasco, se defendía que las instituciones del Estado respeten las decisiones adoptadas por la ciudadanía vasca y se garantizaba a la ciudadanía vasca que todos sus derechos estén recogidos en el ordenamiento jurídico internacional".

De la misma manera, se comprometieron a promover la creación de un órgano institucional común para la CAV y Nafarroa "con atribuciones ejecutivas y legislativas"; así como a "incorporar los acuerdos al ordenamiento jurídico que serían sometidos a referéndum".

También se acordó celebrar una conferencia por la paz y el diálogo, en diciembre de 2006, que sería organizada por la Sociedad de Estudios Vascos, Eusko Ikaskuntza, y que serviría de arranque para conformar las dos mesas de negociación.

En el borrador también se recogía que en enero de 2007 una delegación de los socialistas navarros se sumarían a las conversaciones, que en verano las mesas estarían constituidas y en dos años, cerrados los acuerdos adoptados en ellas, que después deberían ser "preparados para su refrendo legislativo y sometidos a referéndum".

23 julio 2007

Urge un relato

Santiago González

El ministro del Interior ha anunciado en una entrevista publicada en el último número de la publicación ‘El Socialista’ que roto el alto el fuego y anunciada por ETA la vuelta a la lucha armada, “lógicamente hay que esperar un atentado”. Puro sentido común. No se enciende una vela para esconderla debajo de un celemín, dice el Evangelio de San Mateo y el anuncio de la ruptura de la tregua es la expresión por parte de los terroristas de un compromiso con ellos mismos, un reto en el que se juegan su ‘prestigio’, es decir, su capacidad de intimidación.

Sostiene Rubalcaba que “el proceso de paz” se truncó casi al principio: “Digamos que nunca arrancó del todo, esa es la verdad: nunca despegó del todo. Tuvo un comienzo titubeante y a partir de ahí las cosas no hicieron sino complicarse.”

Es la primera vez que las declaraciones del Gobierno sobre el proceso de negociación mantenido con la organización terrorista se corresponden con los hechos que son de dominio público. No siempre ha sido así: Casi dos meses después de que ETA dio a conocer su comunicado de “alto el fuego permanente”, el ministro del Interior anunció que el tercer informe de verificación sobre la voluntad de ETA de poner fin a la violencia, ratificaba el contenido de los dos informes previos: "En resumen, concluye que el proceso cuenta con bases sólidas", afirmó en Niza Alfredo Pérez Rubalcaba el 12 de mayo de 2006. Todo el proceso fue acompañado por declaraciones parecidas de los máximos responsables institucionales.

Este fin de semana hemos conocido los datos del último Euskobarómetro. El 86% de nuestros conciudadanos creen que ETA volverá a los atentados sangrientos. Sorprendentemente, el porcentaje de los que desconfían de que la banda esté dispuesta a dejar la violencia y que su brazo político, la ‘izquierda abertzale’, sea partidaria de aceptar las reglas del juego democrático es 20 puntos menor (66% y 69% respectivamente). Lo peor, con todo, no son las incongruencias, sino el autodiagnóstico de una sociedad que, en estrecha sintonía con sus líderes, valora más a Arnaldo Otegi (3,1) que a María San Gil (1,8) o a Mariano Rajoy (1,5%).

Hace un año, en el euskobarómetro que se hizo público el mes de julio de 2006, la relación entre el porcentaje de esperanzados y el de los escépticos era justo el incontrario: 86 vascos de cada cien se mostraban convencidos de que estábamos ante el final de ETA. También aquí las convicciones ciudadanas estaban teñidas del optimismo naïf de los impulsores de un proceso sustentado sobre palabras e impulsado por el optimismo gubernamental. La misma España que hoy se escandaliza de que la otra media crea en las revelaciones sobre los pormenores del proceso publicadas en el diario de la izquierda abertzale, aceptaron de pe a pa todas y cada una de las palabras de la propia ETA en su comunicado del 22 de marzo de 2006, sin permitirse siquiera la licencia de leerlo en clave metafórica. El presidente del Gobierno, por ejemplo, fue preguntado por las causas de su optimismo. Era el 26 de marzo, cuatro días después, Y Zapatero dio tres razones que el tiempo ha revelado inanes. Uno de los motivos era éste: “El segundo es la propia explicación del alto el fuego permanente, de la voluntad de abrir un proceso democrático. El lenguaje y los contenidos son inéditos en las expresiones de la banda terrorista.”

Debemos prepararnos para el primer atentado porque su impacto va a llevarnos dolorosamente a un terreno de la realidad en el que todavía no estamos. Las Fuerzas de Seguridad han actuado con eficacia para impedirlo hasta ahora. También nos ha ayudado la suerte y la falta de profesionalidad de los nuevos etarras, pero el retrato robot del terrorista de Tarragona, el hecho de que aún no sepamos su nombre, no hayamos visto su foto y no haya sido detenido en un medio que se supone poco favorable para él debería hacernos pensar. La potra es una base frágil para asentar sobre ella la acción de Gobierno con carácter duradero. Tarde o temprano acabarán saliéndose con la suya, es la razonable impresión del ministro Rubalcaba.

Para entonces deberíamos haber dado algunos pasos. Al Gobierno le compete dar una explicación que sea compatible con los hechos y que le permita reanudar el diálogo roto con la oposición durante el debate sobre el Estado de la Nación. Es preciso un relato coherente, aunque urge aún más sacar conclusiones. Por ejemplo, que ningún gobernante en el futuro invoque nunca más la salmodia que ha acompañado el proceso: “otros lo hicieron”. Los gobernantes tienen la obligación de estudiar los errores de quienes los precedieron para evitar caer en ellos. Está bien que sean jóvenes, a condición de que no crean que el cargo de ministro y menos aún del de presidente son becas Erasmus. Al oficio de gobernar hay que llegar con las prácticas ya hechas.

22 julio 2007

6.-Vivir en vasco

El nacimiento de la Radiotelevisión vasca, EITB, fue acompañado por uno de los eslóganes que más se ha repetido para expresar un deseo ferviente que constituye el desiderátum de todo buen euskaldun: vivir las veinticuatro horas del día en euskera. Esta expresión, mil veces repetida, es el walhala de los buenos vascos y a su búsqueda se aplican con mimo las instituciones y no pocos particulares.

Un ciudadano vasco puede, cualquier día de su vida, levantarse oyendo Euskoadi Irratia o Radio Euskadi, según tenga la mañana (Euskadi Irratia es en euskera y Radio Euskadi, en castellano). Cuando coincide con sus hijos, generalmente transige y oye Euskadi Gaztea, versión euskaldun de Los 40 principales. Una mañana, nuestro héroe imaginario, se levantó con cierta querencia por las lenguas romance y conectó Radio Euskadi. Oyó el anuncio de una marca de café colombiano, que patrocinaba la tertulia de la mañana: “Lo que nos interesa aquí… lo que nos preocupa aquí… Y el café que nos gusta aquí: Café Baqué.”

Antes de ir a la oficina, aún tenía tiempo de conectarse a Internet para echar un vistazo a los periódicos por medio de Euskalnet, calentarse un café en la cocina amueblada por Euskococinas, llamar a través de Euskaltel a Eusko Asesores con el fin de que le aconsejaran sobre la posibilidad de invertir en euskobonos. También solía asesorarse en estas cuestiones por medio de Eusko Finanzas o de un par de amigos que tiene en Eusko Kutxa y en la Caja Rural Vasca. Nota que hace un poco de frío y comenta con su mujer la necesidad de pedir un presupuesto a Euskalgas para sustituir la calefacción eléctrica por una de gas ciudad. Tampoco descarta la posibilidad de encargar a Eusko Klima la instalación de un equipo de aire acondicionado.

Podría aprovechar la coyuntura para que Euskal Ventanas o Euskalvent les cambiase las ventanas por otras con rotura de puente térmico. Su mujer le insiste en que deberían hacer una reforma a fondo de la casa, así que decide pedir sendos presupuestos a Euskopinturas para cambiar los colores de las habitaciones, a Euskal Muebles para renovar el tresillo y a Euskalmármol para alicatar los cuartos de baño.

Este héroe de nuestro tiempo viste un chaquetón de Euskalpiel, compra su coche en Euskalmotor y una vez que tuvo que reponer el parabrisas roto de su coche, lo hizo en Euskalglass. La bici de sus hijos es de Euskalbike; revela las fotos de las vacaciones en Euskalcolor o en Euskalprint y encarga sus gafas en Euskal Optika. Cuando no usa su propio coche, se desplaza en Eusko Tren o en Eusko Tran, aunque tampoco descarta el uso de otros medios públicos de transporte como el autobús, pese a que los nombres de las empresas que los explotan tengan un inequívoco e incomprensible regusto local: Bizkaibus y Bilbobus. Alguna vez, por causa de fuerza mayor ha alquilado un coche sin conductor en Basko Rent.

Trabaja en una empresa de servicios de reciente constitución que se llama Euskoser, donde en esos días les está instalando el equipo informático Euskal Informatika Sistemak. Entre los objetivos empresariales del ejercicio está la obtención del certificado de calidad ISO 9002, que le extenderá Euskalit. La secretaria le informa de que tiene varias llamadas: de Euskal Phone, Euskalagro, Euskaltax, Eusko cervezas y una de su primo Koldo, desde la Euskal Etxea (Casa Vasca) de Boise (Idaho). Ese día tendrá mucho trabajo y no podrá salir a comer, así que encarga una ‘cuatro estaciones’ a Eusko Pizza y llama a su mujer para pedirle que congele la chuleta con ‘euskal okela’ o euskolabel que pensaba comerse a mediodía y para que le grabe la etapa de la Euskal Bizikleta en Euskal Telebista. Espera que esta edición la gane, como es habitual, el equipo Euskaltel Euskadi, hermosa redundancia. Para mejorar su nivel de euskera se ha matriculado en un euskaltegi y leía Euskaldunon Egunkaria hasta que lo cerró un juez de la Audiencia Nacional. Lee en Gara (Euskal Herriko Egunkaria) que la Universidad pública (Euskal Herriko Unibertsitatea) tiene problemas para pagar al personal docente unos complementos salariales llamados euskotramos. Antes, para ir a Madrid volaba en Euskal Air hasta que la compañía quebró.[1]

(Santiago González. Palabra de vasco. Ed. Espasa, 2004)

[1] Todas las firmas que se citan se corresponden con los nombres de compañías realmente existentes, cuya dirección y teléfono figuran en la guía telefónica, salvo, naturalmente, la de las dos empresas cuyo cese de actividad se cita de manera expresa.

14 julio 2007


Editorial
La rebelión de los ciudadanos

El País, 15 de julio de 1997

LA FORMIDABLE reacción de la sociedad española -millones de personas en la calle- ante el asesinato de Miguel Angel Blanco ha renovado la fe de los demócratas en que el problema del terrorismo de ETA puede ser resuelto por procedimientos estrictamente democráticos. Estamos en una "etapa nueva", según la expresión acuñada ayer por el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja. Es verdad que no hay procedimientos milagrosos para acabar con ETA, sólo una tenaz acción política, legal y civil para aislar a los terroristas y a su entorno político, que es Herri Batasuna. Los ciudadanos españoles han perdido el miedo al terror, se han hartado de la barbarie y exigen que se pongan en práctica, siempre dentro de las garantías del Estado de derecho, todas las medidas necesarias para llevar a los terroristas donde deben estar -en la cárcel- y arrinconar en todos los frentes a sus cómplices, relegándolos al gueto de la marginalidad política y del desprecio social.
Medidas políticas. Las normas profilácticas contra el terrorismo requieren la ausencia de cualquier ambigüedad, un error bastante extendido en el pasado más reciente. Algunas, las más evidentes, ya se han anunciado. Por ejemplo, la exclusión urgente de HB de la ponencia sobre derechos humanos del Parlamento vasco: era un sarcasmo mantener a los secuaces, de los asesinos en una comisión sobre los derechos humanos. Otras resoluciones se han sugerido en las reuniones del Pacto de Ajuria Enea y del Pacto de Madrid. La guía para el aislamiento político de HB incluye que sus miembros no gobiernen más en ayuntamientos o en cualquier otra institución con el apoyo o la abstención de un partido democrático; no firmar comunicados ni proposiciones conjuntas con HB; no asistir a debates públicos con ellos; en suma, rodear a la coalición de un cordón sanitario de, desprecio y silencio. Hay que calificar de modélica. la resolución de la Diputación permanente del Parlamento vasco de no adoptar iniciativa conjunta alguna con HB mientras no condene el asesinato de Blanco Garrido. Ése es el camino que ha señalado la sociedad y que no cabe olvidar.

Medidas legales. Las instituciones han de hacer cumplir la ley, ni más ni menos, con todas las garantías de nuestro sistema democrático, pero con extrema firmeza. En primer lugar, para detener, procesar y juzgar a los asesinos; después, para sancionar la apología del terrorismo que se practica habitualmente desde las filas de HB, con formulaciones tan canallas como la consigna de ETA, mátalos, que se corea en las manifestaciones de los sicarios del terror. Si para combatir con más eficacia esta apología es necesario modificar el Código Penal, hágase con el consenso de los partidos políticos, como se inició ayer en la reunión del Pacto de Madrid. Ésta es una oportunidad histórica para reinstaurar en el País Vasco el imperio de la ley, aplicada durante muchos anos con complejos y reticencias. El miedo ha degrada do la vida pública en el País Vasco hasta tal punto que sus ciudadanos no han podido ejercer durante mucho tiempo las libertades que consagra la Constitución, con virtiéndose de hecho en. ciudadanos de segunda. Los jueces, la policía, la Ertzaintza (que por primera vez se ha podido quitar sus antifaces), saben ya que no están solos y que el pueblo respalda activamente su labor. Ha habido otro sarcasmo cruel estos días: que algunas voces batasunas acusasen a las fuerzas democráticas de apelar al "linchamiento", cuando lo que. se ha pedido llanamente ha sido la aplicación de las normas legales vigentes.

Medidas sociales. La sociedad se ha manifestado de forma Ubre en un plebiscito que no tiene parangón en nuestra historia. Esos millones de ciudadanos han exigido coherencia a sus representantes políticos, pero también se han impuesto una labor: Una pancarta se preguntaba ayer: "¿Qué más podemos hacer?". Mucho. El aislamiento de los violentos debe librarse en el ámbito cotidiano: dar la espalda a quienes con su silencio o sus palabras son cómplices del crimen; limitar sus recursos económicos (no más publicidad en forma de impuesto revolucionario en el periódico que les sirve de agit-prop); cuarentena total a sus actos, a sus fiestas o a sus locales, como si de apestados se tratara; no dar cabida a su propaganda. o a sus razones en los medios de comunicación; eliminar el compadreo en las calles o plazas. En definitiva, hacerles el vacío. Sólo así se eliminará la debilidad congénita de la democracia ante el terror del tiro en la nuca y, los zulos.

Éste es el plebiscito que ayer se produjo en nuestro país. Como dijo el Rey, la conciencia de los españoles ha salido a la calle". Y ahí debe seguir.

06 julio 2007

Perlas de Carmen Calvo

El Diario de Sesiones del Senado relata el 9 de febrero de 2005 la comparecencia de la ministra de Cultura a requerimiento del senador popular Juan van Halen. Éste punteó su intervención con declaraciones de la ministra a las que añadía: "Calvo dixit". La ministra de Cultura comenzó su interveción con estas palabras:

"Señoría, usted para mí nunca será Van-Halen «Dixi» ni«Pixi»; será su señoría, el senador Van-Halen, precisamente porque estamos en una Cámara de representación democrática en nuestro país, precisamente porque estamos en el Senado. Y desde ahora le adelanto que ese modelo de intervención, con alusiones pretendidamente ingeniosas acerca de las personas, en este caso de mi persona, si quiere, se las puede ahorrar, porque no voy a contestarlas."


Una visión multicultural del cautiverio de Cervantes: “Si muchos nos hemos negado a la barbaridad de esta guerra, (la de Irak) es porque todavía sigue viva una vieja relación con el mundo árabe. Cervantes, sin ir más lejos, estuvo en Argel, en Orán… Tenemos que estar atentos a nuestra historia para saber quiénes somos.”

"Yo he sido cocinera antes que fraila y creo que en esto debemos ser muy tomistas y meter el dedo en la llaga". Confundió a Santo Tomás de Aquino con Tomás de Galilea, también llamado Dídimo (Gemelo), apóstol de Jesucristo. (Diario de Mallorca)

"El español está lleno de anglicanismos".

"Un concierto de rock en español hace más por el castellano que el Instituto Cervantes".

"Me gusta madrugar para poder pasar más rato en el baño. Allí leo el periódico, oigo la radio, oigo música y hablo por teléfono con alcaldes en bragas".

"Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie". (ABC, 29 de Mayo de 2004)

Al ver en Pamplona al personal sanferminero, con su camisa blanca y su pañuelo rojo: "Si quieres que te sea sincera, pensé que se vestían así cuatro, los que vemos por la tele corriendo el encierro. Pero todos vamos con uniforme: es fantástico".

"El Rocío es la explosión de la primavera en el Mediterráneo".

"Deseo que la Unesco legisle para todos los planetas".

"Las señoras tienen que ser caballeras, quijotas, manchegas".

"Ánimo, chicos, hay que seguir teniendo ideales. Gracias porque componéis y porque estáis aportando, esto no es karaoke", escribió al grupo musical Lujuria. Algunos de sus discos y canciones son: República Popular del Coito, Gatillazo, Enemigos de la castidad, Por encima de nuestros enemigos (PENE), Mr. Condon, Joda a quien joda, Príapo, el cañón humano", Ninfomanía, Estrella del Porno (ESCUCHE AQUÍ) , Sin parar de pecar, La dieta del vicio, Las orgías de Ramses el Grande, Joda a quien joda, La Gorda o María Martillo (Una Santa). Así definen su estilo: "combinar sexo y rock" y estar "siempre calientes".


(Efe, 23 de julio de 2006)

A la muerte de Rocío Dúrcal: "Su calidad artística tiene aún más mérito si se tiene en cuenta que, por su generación, esta actriz y cantante tuvo que vivir momentos poco luminosos de la cultura en nuestro país" e hizo "toda su carrera de jovencita en un país sin libertades".


04 junio 2007

Un proyecto fracasado


Julio Camba

Hace unos meses, Pío Baroja convocó en el Café Oriental a media docena de amigos para comunicarnos un proceso que no llegó a realizarse, pero que merece ser contado. Se trataba de abrir un concurso para ponerle letra española al himno de La Internacional. Cada unos de nosotros contribuiría a la formación dle premio con el importe de un artículo, y, el 1º de mayo, el poeta premiado se gastaría todo su dinero en invitarnos a una cena. Esta cena sería a la vez, opípara y sociológica, y los comensales saldríamos del restaurant cantando, en manifestación pública, las nuevas estrofas revolucionarias.
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El proyecto de Baroja no pudo verificarse, porque a unos les pareció demasiado serio y a otros demasiado frívolo, y porque Baroja es más un hombre de imaginación que un hombre de acción, y, al concebir un proyecto, en vez de dedicarse a realizarlo, se preocupa de inventar otro. Por todas esta razones los amigos de Pío Baroja no cenaremos juntos en este día; pero nuestro proyecto es digno de figurar en la Historia al lado de las Aventuras, inventos y mistificaciones de Silvestre Paradox.
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Nosotros hemos querido poner en la árida sociología española una nota de sentimiento, de alegría y de melodía. Para sostener un ideal en el espíritu de la melodía. Para sostener un ideal en el espíritu de la multitud, no bastan las elucubraciones filosóficas, los vibrantes discursos y los artículos de estadística. Todo ideal necesita una canción, porque la canción representa la parte sentimental de los ideales, que es, persisamente, la más fuerte, la más popular y la más temible. Las multitudes no proceden nunca por reflexión, sino por sentimiento: un discurso elocuente las conmueve mucho más que un artículo científico y una canción mucho más que un discurso.
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En España, las multitudes obreras no tienen apenas canciones, y todos sus actos se celebran en seco y en serio, sin melodía, sin alegría, sin exaltación y sin entusiasmo. Aquel que les de una canción, aquel que logre cristalizar sus sentimientos en una estrofa, las unirá mucho más que si les diera un programa. Es preciso que las pasiones populares florezcan en canciones, y así ocurre siempre que esas pasiones son intensas. Cuando lo de Guisasola y lo del descanso dominical -para citar casos recientes y locales-, la indignación del público madrileño se manifestó en coplas satíricas, picarescas y acaso canallescas, y la gente se agrupaba al son de esas coplas en los cafés, en la calle y en los teatros.
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Las multitudes no irán nunca a tomar sus ideales en el terreno árido de la filosofía. Un ideal, para ser popular, debe expresarse por canciones, después de haberse expresado por razones y debe ser como una efusión sentimental de millares de personas. El proyecto de Baroja -ese proyecto, un poco paradójico del cronista de Paradox- tenía un gran fondo de sensatez. Ya que no era posible hacer una música nueva, se tomaba un himno glorioso, lleno de recuerdos, y se le ponía una letra española para que los obreros españoles se expresaran en su lengua a los mismos acordes en que se han expresado los obreros revolucionarios de todo el mundo.
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-Eso es demasiado trascendental -dijo Emilio Carrere atacando su pipa, llena de un tabaco pestífero-. Yo creo que nosotros no debemos preocuparnos de la política ni de la sociología, sino exclusivamente de la belleza...
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-Pues creo que eso es tomar broma un asunto muy serio -dijo otro contertulio.
Y por si la cosa era muy seria o muy frívola, no se hizo.
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-Esta gente -refunfuñaba luego Pío Baroja -no comprende que lo más divertido y lo más emocionante sería intervenir muy en serio en la vida política y hacer un partido en toda regla...


España Nueva, 1 de mayo de 1907

30 mayo 2007

Publicado en El Correo, el 3 de julio de 2003

El fallo del guionista

Santiago González

El Padrino’. Secuencia XXX. Restaurante de Jack Dempsey en Broadway y coche de Sollozzo. Exterior/Interior noche.

Michael Corleone es recogido en un coche por el mafioso Sollozzo y el corrupto capitán de policía McCluskey, implicados en el frustrado asesinato de don Vito Corleone, nada personal, sólo cuestión de negocios. Se han citado para conjurar la guerra de familias por la civilizada vía del diálogo. Por si acaso, McCluskey (inolvidable Sterling Hayden), le cachea con eficacia profesional mientras viajan.

En la secuencia siguiente, ya sentados a la mesa, en el restaurante Louis, del Bronx, el joven Corleone pide permiso a sus interlocutores para ir al servicio. Una vez allí, busca en la cisterna del retrete y extrae un objeto. Es una pistola. Michael vuelve a la mesa y, sin sentarse de nuevo, tal como le había recomendado Clemenza, apunta al capitán McCluskey, aprieta el gatillo y un chorro de agua acierta de lleno en el entrecejo del policía. El incidente da origen a un escándalo durante el cual, el capitán denuncia que Michael Corleone es un hombre de la mafia del ladrillo de Nueva Jersey y está implicado en una trama que desea quitárselo de encima para proteger los intereses de los constructores neoyorquinos, temerosos del insobornable McCluskey. Supongan ustedes, aunque sea mucho suponer, que Mario Puzo le presenta la historia que acaban de leer a su coguionista y director en 1970. «No es que me disguste el planteamiento», le habría dicho seguramente Coppola, «pero no me seas zoquete, Mario. Si quieres que la historia tenga sentido, pon una pistola de verdad en la cisterna».

O sea, que la mafia de Alcorcón, sostiene Simancas, sabedora de que con su presidencia se iba a acabar el mamoneo de la recalificación, se conjuró con el PP para impedirlo. La solución era un golpe de Estado para alterar la voluntad popular y preservar los intereses económicos del trust del ladrillo, primos hermanos de los intereses políticos del Partido Popular. Los camioneros chilenos contra Allende, los constructores de Madrid contra Simancas, siempre la misma historia. En esta ocasión, en lugar de enviar al pequeño de los Corleone, recurrieron a las manzanas podridas que hay en toda familia decente. Causa mucha admiración que los corruptores conocieran mejor el tejido humano de la lista de Simancas que el propio partido en el que militaban, desde el candidato hasta Zapatero, pasando por José Blanco, muñidor de los apoyos que el líder máximo necesitaba para triunfar en el congreso. Ya se sabe que los hijos de las tinieblas salen a menudo más despiertos que los hijos de la luz, qué se le va a hacer.

Una vez montada la trama, seleccionan a los diputados corruptibles, los despojos humanos, esos judas iscariotes que van a traicionar a Simancas, con el fin de recalificar el Huerto de los Olivos y explanar el monte Gólgota para construir en él unos adosados en una operación de un billón (con b de burro) de pesetas.

Entonces van los sicarios y actúan para que Concepción Dancausa asuma la presidencia de la Asamblea, en vez de esperar el momento oportuno para impedir con un solo acto la investidura del candidato socialista, para qué gastar pólvora en salvas, por qué utilizar una pistola de agua en vez de una de verdad. No era muy difícil. Bastaba con ver ‘El Padrino’ o repetir lo que hicieron los tránsfugas José Luis Barreiro en Galicia, Gomáriz en Aragón y Nicolás Piñeiro en Madrid. Tres intervenciones precisas, en el momento adecuado para dar la presidencia de otras tantas comunidades autónomas al Partido Socialista, sin que nadie calificara aquello de golpe de estado. ElPSOE también fue el perjudicado en alguna ocasión. En 1989, el comunista Tamames votó junto al CDS y AP para quitar la alcaldía de Madrid al socialista Barranco y dársela al centrista Rodríguez Sahagún.

Examinemos el relato del diputado Tamayo. La historia entera adquiere sentido, si se parte de que en su versión hay un punto de verdad: que los renovadores por la base se consideran a sí mismos el 40% del éxito de Zapatero. Por eso figuraban en las listas, no porque José Blanco estuviera absolutamente persuadido de su honestidad socialista. Por eso reclamaban los Balbases su parte del botín en el gobierno de la comunidad madrileña. Por eso veían con preocupación un pacto con Izquierda Unida que iba a entregar a Fausto el 40% de cargos que en justicia les correspondían a cambio del 7% de los votos. Dieron la espantada el día de la constitución de la Asamblea como un primer aviso, creyendo quizá que eso obligaría a la jerarquía socialista a negociar con ellos. Por eso no paraba Tamayo de anunciar que él votaría a Simancas con la condición de poder hablar antes con José Luis Rodríguez Zapatero.

Es sólo una hipótesis, pero es que la historia de Simancas, amén de carecer también de pruebas, nos lleva fozosamente a una de las conclusiones siguientes:
A) ésta es una trama de gilipollas. Una mafia así no le aguanta dos asaltos a la más insignificante de las familias de ‘El Padrino’. Qué digo a una familia, para acabar con éstos se habría bastado solo Fredo Corleone, el tonto de la familia.
B) El guionista que ha construido esta historia toma por gilipollas a sus votantes y a los espectadores, nosotros mismos.
C) El gilipollas es el propio guionista.

La respuesta, como siempre, en el periódico de mañana o después de la publicidad, en los medios audiovisuales.

25 mayo 2007

El PSOE ve indicios de arrepentimiento en la actitud de Batasuna

Otegi: "Hemos dado a entender que el sufrimiento ajeno nos daba igual. Ha sido un evidente error"

ANABEL DÍEZ - Madrid - 09/05/2006


Con agrado pero con prudencia, tanto el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, como el secretario general de los socialistas vascos, Patxi López, resaltaron ayer los indicios de "arrepentimiento" que deducen de las últimas declaraciones del líder de Batasuna, Arnaldo Otegi. Éste ha señalado que su fuerza política ha dado a entender que el sufrimiento ajeno les daba igual, y eso ha sido "un error". "Que sigan por ese camino", señaló Blanco.
En la ejecutiva socialista se recibían ayer con agrado las declaraciones al diario catalán Avui de Arnaldo Otegi. Preguntado por las cosas que ha hecho mal la izquierda abertzale, Otegi contesta: "Le diré tres. Una: el planteamiento territorial, [pues] Navarra piensa ahora que les queremos anexionar. Dos: transmitir la impresión de que queremos imponer nuestro ideario político. Y tres: hemos dado a entender que el sufrimiento de los otros nos daba igual y que el fin lo justificaba todo... Ha sido un error evidente".

Al terminar la reunión de la ejecutiva federal, tanto José Blanco como Patxi López, que conversó en la sede del PSOE con el secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, no quisieron echar las campanas al vuelo, pero sí mostraron agrado por "la buena dirección" de esas declaraciones. "Ahora bien, de ahí a la legalización de Batasuna va un trecho", precisó Patxi López. Todavía no se puede decir que ETA es un "mal recuerdo del pasado", insistió. El dirigente vasco considera que los datos y los hechos animan "a mantener bien alta la esperanza" de que el fin definitivo del terrorismo puede ser una realidad.

Por su parte, José Blanco mostró su agrado "por los procesos de arrepentimiento", y recomendó "a ese mundo que siga por el mismo camino". El dirigente socialista confió en que la noticia sea "que el fin de la violencia anunciada sea definitiva".

También dentro de la reunión de la ejecutiva Rodríguez Zapatero tuvo unas palabras sobre esta materia. Lo hizo para constatar que desde hace dos semanas no hay violencia callejera ni de ningún tipo en el País Vasco.
Euskadi tras la retirada de ETA / 1

La enfermedad de la patria

La castigada sociedad vasca ha creado sus propios mecanismos darwinianos de supervivencia para hacer frente a la violencia ejercida en estas décadas

JOSÉ LUIS BARBERÍA 08/05/2006


Los vascos no han salido indemnes de la prueba del terrorismo, pero su percepción de lo ocurrido es diferente según su experiencia de riesgo y su adscripción a uno u otro campo político. Abordar el pasado de silencio y omisiones como terapia necesaria para la regeneración ética de la sociedad tropieza con la buena conciencia de quienes no reconocen una situación de anomalía moral.

A medida en que se disipa la nebulosa del miedo y se aleja la sombra amenazante que ha marcado tantas vidas, los vascos empiezan a palparse el desgarro sufrido a lo largo de estas décadas y a reconocer tímidamente el suelo de divisiones y resentimientos librado por la organización terrorista. Pese al suspiro general de alivio, más comedido esta vez, y a la vivificadora brisa de esperanza que ha penetrado en los hogares, el dolor y también el odio continúan humeando entre los escombros anímicos de esta sociedad castigada, dando prueba del enfrentamiento incívico irresuelto. ETA no ha pedido perdón por sus crímenes; ni siquiera ha dicho que su retirada sea definitiva, aunque hay actitudes que muestran que también en ese mundo se aspira a situarse en un plano moral diferente. ¿Cuánto hay de impostura oportunista, de autoengaño y de sinceridad en el militante de Batasuna que en la charla con el periodista en una herriko taberna subraya que, en realidad, él nunca se alegró de los atentados?

Puesto que ningún grupo social puede salir indemne de una prueba traumática de esta naturaleza, un experimento machaconamente aplicado durante más de 30 años, la cuestión es saber hasta qué punto la violencia ha condicionado y perfilado los comportamientos y las ideas de los vascos. Por extraño que resulte, no hay estudio alguno al respecto y eso que el asunto resulta sumamente pertinente porque puede dar la medida de la capacidad y de los plazos necesarios para la regeneración moral, la normalización, de la propia sociedad. ¿Cuánto habrá que esperar hasta que llegue el tiempo del abrazo? ¿Están descartadas para ese encuentro las generaciones adultas? ¿Hará falta otra generación hasta que los vascos puedan mirarse limpiamente a los ojos?

Obviamente, la respuesta la dará el discurrir mismo del proceso, las fórmulas y las formas que se adopten en los tiempos venideros, pero también la propia disposición de la sociedad y de sus instituciones a revisar y analizar lo ocurrido. Hoy por hoy, mientras los damnificados reclaman memoria, dignidad, justicia y preguntan insistentemente por qué ha pasado lo que ha pasado, otros vascos se muestran excitados ante la oportunidad de cerrar el capítulo de esta historia con un acuerdo que sancione la existencia de un conflicto político original en el que subsumir los comportamientos y exonerar las culpas. Estos vascos vienen a proponer un ejercicio de amnesia colectiva, reclaman más generosidad a las víctimas y no creen necesario sacar mayores conclusiones políticas sobre lo sucedido.

"Me temo que nuestra sociedad no va a enfrentarse a su pasado, como tampoco los alemanes de la posguerra, salvando las distancias, fueron capaces de ejercer el duelo", indica el ex consejero de Cultura del Gobierno Vasco, hoy apartado del PNV, Joseba Arregui. "Ellos no pudieron o quisieron enfrentarse al silencio que habían mantenido ante los crímenes y sospecho que tampoco nosotros vamos a preguntarnos por qué hemos mirado para otro lado, por qué no hemos actuado como parte del Estado en el combate contra ETA. Me entristece decirlo, pero creo que la memoria que reclaman las víctimas se quedará en nada ante la buena conciencia del nacionalismo", señala Joseba Arregui.

"Salvad a la sociedad vasca, salvad de la culpa al nacionalismo, preservar su buena conciencia" parece ser la consigna actual del partido que dirige con aire renovador Josu Jon Imaz y lo que explica la promesa de saldar la "deuda moral histórica contraída con las víctimas". Pero como destaca Javier Urquizu, psicólogo e hijo de asesinado, lo cierto es que la tregua ha llegado con un lehendakari interpelado directamente por el medio millar de damnificados vascos que han suscrito la carta de los agravios a las víctimas y que se niegan a posar junto a él ante las cámaras. Por lo mismo, tal y como ha denunciado el ertzaina Teo Santos, la retirada de ETA se ha producido sin que la policía autonómica (más de 7.000 efectivos, una brigada especial antiterrorista de 300 agentes y un nutrido servicio de información) haya practicado en los dos años y medio precedentes la detención de un solo activista. ¿Y cómo disolver la sospecha de que los asesinatos de unos han permitido la permanente victoria política de otros? ¿Cómo desmentir la famosa metáfora del nogal: Unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces?, ¿cómo obviar que el nacionalismo vasco no ha explicado todavía por qué reaccionó ante el asesinato de Miguel Ángel Blanco pactando con ETA en Estella la exclusión de los no nacionalistas que validaba el esquema mental del terrorismo?

Aunque se formulan de manera contrapuesta, la invitación a enterrar el pasado en aras de la concordia futura, "pasar la página", que se repite estos días, no tiene por qué negar la necesidad de abordar con franqueza lo ocurrido en Euskadi. Se trata de una deuda moral contraída con las víctimas pero también de la terapia necesaria para conjurar el regreso de la violencia y evitar que el rencor se instale permanentemente a la espera de que, como ocurre ahora con los exhumados cadáveres de la Guerra Civil, la ignominia acabe por aflorar muchos años más tarde. "El reto es darse cuenta de que lo que importa es la gente, no el territorio", ha dicho John Hume, antiguo líder del nacionalismo moderado irlandés (SDLP) y uno de los artífices del proceso del Ulster.

Porque lo que queda tras la retirada -¿permanente?-, de ETA no deja de ser un campo de ruinas moral en el que la figura alegórica del árbol talado de las víctimas emerge sobre la niebla como testigo incómodo que interpela a la sociedad. Ya dijo José Martí que "el suelo triste en el que se siembran lágrimas dará árbol de lágrimas". Despejada la opresiva atmósfera violenta, encauzados los enfrentamientos políticos y despertadas las embotadas conciencias, lo que aparecerá en el solar vasco y quedará para siempre son los 817 agujeros negros de los asesinados, las secuelas traumáticas de los 2.000 heridos, el vacío abierto por los 10.000 exiliados y la angustia de los 40.000 amenazados en los grupos de riesgo. Son cifras a las que, aunque sea a los efectos contables del caudal del sufrimiento, hay que sumar las bajas de los propios victimarios: los 32 asesinados por los GAL, los muertos por la explosión accidental de sus bombas o en enfrentamientos con la policía, los suicidados, la terrible muerte por torturas de Joxean Arregui el 13 de febrero de 1981, y los 650 presos atrapados en la espiral de violencia y represión que ellos mismos generaron.

De norte a sur, de este a oeste, la geografía humana vasca ha quedado marcada de cicatrices, punteada con cientos, miles, de atentados que componen un mapa del crimen, también físico, difícil de borrar. "Aquí mataron a...; en aquella esquina explotó el coche bomba...". Por mucho que el tiempo amortigüe los recuerdos, los sonidos, las voces y las imágenes, los ecos del pasado y las pesadillas sobrevivirán largos años en las familias y hará falta mucho más que el interesado bálsamo de la amnesia y el maquillaje de la brutal sentencia del refranero: "El muerto al hoyo y el vivo al bollo", para poder despojarlos de su ominosa carga. Lo que ha quedado tras este experimento de terrorismo sin parangón posible en Europa -Irlanda no sirve aunque se invoque para facilitar el proceso-, es una sociedad fragmentada, aleccionada en la inhibición y el silencio, en la que el miedo, el dolor y el quebranto se han repartido, obscenamente, de manera tan desigual que las percepciones sobre la realidad y el alcance de lo ocurrido varían sustancialmente en función de la adscripción a uno u otro grupo político.

Con las excepciones que se quieran, hay cuatro colectivos claramente conformados por su proximidad al dolor y al miedo: las víctimas, eternamente derrotadas, irremisiblemente vencidas; los victimarios, prisioneros del mundo psicópata que han creado y recreado a conciencia; la población no nacionalista, sometida permanentemente a una amenaza potencial ejercida de manera expresa y sistemática sobre sus representantes políticos, y los nacionalistas, excluidos por definición del riesgo. No, ETA no ha sido la plaga de langosta que arrasa por igual todos los cultivos. Con las excepciones notables de aquellos nacionalistas empresarios y ertzainas que se opusieron a las exigencias de la organización terrorista o la combatieron profesionalmente, los muertos han caído del lado de los funcionarios del Estado y de la población vasca no nacionalista.

¿Estamos hablando de una sociedad enferma? Los indicadores objetivos de salud mental no muestran diferencias significativas respecto a otras zonas de España. Más aún, según los estudios realizados por encargo de un laboratorio farmacéutico, resulta que Euskadi es la comunidad con menor índice de personas depresivas: el 2,48%. Como apunta Francisco Llera, director del Euskobarómetro, deducir a partir de estos datos que la población vasca no siente ni padece los efectos persistentes del terrorismo supone ignorar la complejidad de los mecanismos psicológicos que enmascaran los temores de las sociedades en crisis. De hecho, sin dejar de certificar que el miedo, la preocupación por el terrorismo y la inhibición a la hora de hablar de política en público son muy superiores entre la población vasca no nacionalista, el estudio publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en diciembre de 2004 concluye que en Euskadi se produce un rechazo subjetivo a considerarse víctima, como si asumir esa condición incrementara el riesgo objetivo. Pero, así y todo, está claro que las alteraciones anímicas más agudas, patentes en los grupos de riesgo y nunca estudiadas por el Servicio Vasco de Salud (Osakidetza), se diluyen en el conjunto de una población generalmente satisfecha. Ya dice el lehendakari que en el País Vasco se vive muy bien.

"Euskadi no es una sociedad psicológicamente enferma pero su diagnóstico es quizá más preocupante porque se trata de una sociedad ética y políticamente enferma que para poder regenerarse moralmente necesitará de una generación entera y dotarse de un sistema educativo de nuevos valores", indica Miguel Gutiérrez, jefe de la Unidad de Psiquiatría del hospital bilbaíno de Cruces. A su juicio, la sacralización de la política ha contaminado de dogmatismo al nacionalismo de derecha e izquierda y establecido un sistema de valores fundamentado en una concepción etnicista de lo vasco y en las falacias mitológicas. También Enrique Echeburua, presidente del Instituto Vasco de Criminología, cree que la patología de la sociedad vasca es de orden estrictamente ético.

"Hemos vivido una situación de anomalía moral que ha durado 40 años y aunque la amenaza se ha concentrado en sectores determinados, el temor a ser denunciado por los chivatos de ETA ha creado", explica, "un miedo social más amplio que después de tantos atentados se ha traducido en déficit de sensibilidad y de empatía para con las víctimas, hasta incurrir en la perversión moral".

Echeburua habla sobre todo del silencio, del silencio en los centros de trabajo, en los bares, en la calle, en los colegios, los institutos, la universidad. "Incluso en las clases de Ética el asesinato perpetrado la víspera no daba lugar al menor comentario", subraya. Ciertamente, el silencio vergonzante ha acompañado durante dos largas décadas el fantasmal deambular de las víctimas abocándolas a preguntarse una y otra vez, obsesivamente: "¿Por qué a mí?", "¿qué hemos hecho?". Es una pregunta que ni las instituciones ni la Iglesia vasca han sabido responder puesto que la suya ha sido una condena sincera y testimonial, pero afectiva y políticamente ajena a las creencias y valores, a las otras realidades que representaban las víctimas. No se han puesto en el lugar de los otros, no han abierto su corazón, no han cruzado la línea de sus prejuicios ideológicos para posibilitar que el abrazo fuera realmente solidario.

La reacción del dirigente nacionalista que al conocer el asesinato del presidente de la patronal guipuzcoana José María Korta exclamó, estupefacto: "¡Era uno de los nuestros!", es un ejemplo explícitamente revelador de esa distancia abismal. ¿De quiénes ha sido, pues, el resto de los muertos? Al igual que otras iniciativas, la reconfortante propuesta que Xabier Arzalluz esbozó en su día para que los afiliados peneuvistas acompañaran en la calle a los socialistas y populares amenazados no ha pasado nunca de ser un efímero enunciado. Y como se ha visto a lo largo del tiempo, la violencia terrorista no ha apartado un ápice al nacionalismo vasco de su camino soberanista, no le ha llevado a replantearse sus fundamentos doctrinarios sabinianos, no ha deshecho el comunitarismo culturalmente etnicista que congrega al conjunto de los nacionalistas. Ciertamente, enfrentarse a los violentos, no desde la admonición verbal, sino desde la consecuencia coherente que reclaman los hechos, resulta mucho más duro si se les considera parte indiscutible de tu comunidad natural única. ¿Es ése el mal de Euskadi, la maldición de la patria?

Dice Enrique Echeburua, profesor de Psicología de la Universidad del País Vasco, que la sociedad ha optado por adaptarse a la situación ante la falta de liderazgo institucional y de mecanismos con que combatir un fenómeno tan singular como el de la violencia etarra. "La gente ha creado sus propios mecanismos de supervivencia darvinianos, ha preferido no significarse socialmente y recluirse en su parcela individual. Digamos", indica, "que se ha adaptado, al precio de la degradación moral". En todo caso, conviene no olvidar la naturaleza conservadora de las sociedades sometidas y recordar que también la lucha contra el franquismo fue cosa de un segmento minoritario de la población. ¿Tiene sentido preguntarse si, sometidas a las mismas circunstancias, la sociedad catalana, madrileña, andaluza o gallega lo habría hecho mejor?

Bajo la opresión de ETA, la sociedad vasca ha producido muchos héroes anónimos, héroes bajo la razonable definición de personas capaces de cumplir dignamente con su deber ético en situaciones difíciles que conducen a la mayoría a la renuncia. En casi todos los pueblos, en casi todas las empresas, en casi todos los centros escolares, existen, a veces en régimen de semiclandestinidad, gentes capaces de hacer lo que la mayoría no hace, de decir lo que otros callan. No puede ser casual que muchas de estas personas se distinguieran en su día por su oposición activa a la dictadura franquista.

El profesor de Lengua y Literatura donostiarra Luis Daniel Izpizua subraya, además, que junto a la resistencia activa, se ha producido una resistencia pasiva "construida desde el terror, pero contra el terror" que ha sabido labrar su propia autonomía cotidiana, mantener su voto y contribuir a la derrota del monstruo. "No puedo explicarme de otra forma", dice, "que nuestra sociedad no haya sucumbido por completo a la suma del terror y del régimen nacionalista". Luis Daniel Izpizua otorga a esta resistencia una gran importancia con vistas a los retos futuros políticos que se avecinan. Es posible, pues, que no todos los silencios hayan sido el subterfugio de la cobardía física o moral. Ya dijo el escritor húngaro Sándor Márai que "la indiferencia es una forma de valentía en situaciones límites". Puede que el eslogan "Dilo con tu silencio" que ha presidido las concentraciones ciudadanas, habitualmente escuálidas, sintonizara adecuadamente con las limitadas capacidades de denuncia de la población no nacionalista. Pero sería muy injusto excluir a los nacionalistas de bien que han cruzado la acera para abrazar a su adversario ideológico o que han combatido dialécticamente la barbarie indisponiéndose o enfrentándose a veces con su propia familia biológica.

Con todo, si el aserto del profesor Echeburua: "La sociedad se ha adaptado al precio de la degradación moral", es sustancialmente correcto, habrá que convenir que el problema vasco actual es ahora también, precisamente, un asunto de autoestima. Porque se supone que una sociedad humillada por el miedo obtiene un pobre reflejo de sí misma, ve mermada la conciencia de su dignidad y reducidas sus posibilidades. Quedan pocas dudas de que el terrorismo ha hecho peor al conjunto de los vascos, también a algunos de los héroes forjados en esta situación y atacados por la desesperanza, la rigidez de pensamiento, la frustración melancólica y la dureza emocional. "Ha quedado la sensación de que somos una sociedad tan vulgar como las otras, pero que, encima, matamos", comenta Joseba Arregui. Es una apreciación que se compadece mal con la buena conciencia que el nacionalismo exhibe y con el mensaje de los partidos de Gobierno. "Somos una referencia europea de identidad propia", ha escrito Josune Ariztondo, la secretaria de la ejecutiva del PNV. "Tenemos que llegar a la unidad nacionalista porque de esa manera al pueblo vasco no habrá quien lo pare", ha manifestado, a su vez, la secretaria general de Eusko Alkartasuna (EA) Begoña Errasti.

Con violencia o sin ella, el nacionalismo no va a renunciar a su proyecto pannacionalista, pero tendrá que reformular probablemente sus planteamientos, tratar de convencer y de seducir más que de imponer. Podemos pensar que la política perderá el dramatismo criminal que tan poderosamente ha contribuido a sacralizar a la "causa vasca" y que con el tiempo todos los ciudadanos podrán expresarse con idéntica libertad. Quizá entonces puedan volver muchos de los que han sido expulsados física o anímicamente del solar de Euskadi, conducidos al exilio interior y exterior de una patria excluyente monopolizada en sus símbolos y su cultura por el nacionalismo. ¿Es un sacrilegio pretender que el árbol mutilado de las víctimas, testimonio del horror, acompañe al árbol de Gernika en la Casa de Juntas de esa villa? ¿Es un disparate que el símbolo de las libertades vascas entrelace sus raíces enfermas con las de un nuevo roble para que las generaciones futuras recuerden que la primera de las libertades es el derecho a la vida?

Euskadi tras la retirada de ETA y 2

La religión nacionalista

ETA necesita una coartada para justificar su decisión. El nacionalismo ha conseguido imponer un modelo de nación como objeto de culto, sagrada

JOSÉ LUIS BARBERÍA 09/05/2006

El magma de odio y frustración permanecerá larvado en Euskadi durante años, sobre todo porque las gentes de ETA difícilmente podrán reconocer públicamente el sinsentido de su crimen. Han derramado demasiada sangre, arrastrado al asesinato y a la cárcel a demasiada gente durante demasiado tiempo como para que esa subcomunidad nacionalista creada en torno a la maquinaria, a la industria de la muerte pueda, sin más, admitir su disparate trágico. Reconocer la mentira original: la falacia que presenta a un pueblo vasco único en su esencia, homogéneo, ancestral, sojuzgado, humillado y explotado a lo largo de la historia por los españoles y franceses, o aceptar que la violencia no tenía fundamento alguno en la democracia y que ni siquiera es cierto que, a la luz de la legislación internacional, tengan derecho a su particular autodeterminación, viene a ser para ellos como situarse ante el abismo de la pérdida de identidad grupal, como proclamar que han arruinado inútilmente sus vidas y las de sus víctimas.
Aunque en sus escritos no hay nada que permita establecer las causas de su retirada, se puede deducir, sin gran margen de error, que la razón fundamental es el panorama de marginación progresiva dibujado por la ley de partidos y por la sostenida ofensiva judicial y policial desplegada en un momento en el que el nacionalismo institucional les arrebataba el emblema estrella de la autodeterminación. Con un grupo armado cada vez más mermado, un brazo político condenado a la ilegalidad y una militancia cansada, la denominada "izquierda abertzale" ETA-Batasuna ha reconocido en el ambiente el peligro de convertirse en una fuerza residual. "Los activistas de ETA han llegado a su propio límite vital. Cesan porque se percatan del sinsentido de continuar y porque, y ésta es la clave, han empezado a comentárselo unos a otros, rompiendo el tabú. Se pueden engañar pensando que sus objetivos están más cerca ahora que el resto del nacionalismo ha asumido buena parte de sus tesis, pero el beneficio que persiguen es evitar acabar postergados en su perspectiva vital", ha señalado el analista Kepa Aulestia.

ETA necesita aferrarse a alguna coartada con que justificar su desaparición porque el grueso de sus activistas y de quienes les han jaleado, alentado o justificado no son psicópatas, sino personas normales aleccionadas, socializadas y adiestradas, eso sí, en un universo psicopatológico donde el enemigo apenas significa un blanco, una víctima propiciatoria. "Como psiquiatra que trata a enfermos, me irrita que se les considere psicópatas", señala Miguel Gutiérrez, jefe de la Unidad de Psiquiatría del hospital de Cruces, en Bilbao. "Comprendo que los sociólogos hablen de locura colectiva", dice, "pero, en propiedad, no se les puede llamar locos; son personas con capacidad de razonar que saben lo que hacen, y que si actúan así es porque están imbuidas de una ideología abyecta, sectaria y criminal".

Aunque la incógnita mayor del proceso es cómo evolucionará, en qué se metamorfoseará, la adhesión al terror -¿aflorará cierto matonismo callejero como teme el psicólogo Javier Urquizu?, ¿se crearán bolsas de delincuencia común?, ¿en qué se volcarán las energías tanto tiempo frustradas de los vascos?-, la pregunta fundamental sigue siendo de dónde ha surgido la ideología que sustenta al asesinato político, de qué materiales está hecha esta identidad asesina, qué patología social explica lo ocurrido. Preocupado desde siempre por la falta de empatía que la sociedad mostraba hacia las víctimas -"hubo un tiempo en el que acercarse a ellas parecía delito", indica-, y alarmado ante el cariz que tomaba el terrorismo, el jesuita donostiarra Alfredo Tamayo, doctor en Filosofía y Teología, se aplicó hace años a investigar el fundamento de la idea de una sociedad vasca enferma que venía siendo esbozada de manera vaga pero insistente en círculos políticos e intelectuales.

Director de la Escuela de Teología de la Universidad de Deusto en San Sebastián, Alfredo Tamayo llegó a la conclusión de que no hay una sociedad vasca enferma, pero sí muchos enfermos en la sociedad vasca, y que la patología que los genera es una determinada concepción nacionalista. Durante su investigación, plasmada en el trabajo Nacionalismo, Psicoanálisis y Humanismo, el teólogo donostiarra, colaborador de Ignacio Ellacuría, asesinado en El Salvador, encontró en la obra de Erich Fromm una fuente segura con que iluminar el problema vasco.
En línea con el pensamiento del gran sabio judeo-alemán, Alfredo Tamayo distingue entre un nacionalismo tolerante de conservación y defensa del llamado "hecho diferencial", equiparable al "sano amor a lo nuestro", y un nacionalismo maligno extremadamente narcisista que renuncia al juicio racional, ignora el sentido de la realidad, erige en ídolo a la nación y acoge en su seno a personas necrófilas cargadas de agresividad y odio, portadoras de lo que el mismo Erich Fromm definió como el "síndrome de la decadencia". Las dos almas del nacionalismo vasco, los dos extremos del denominado péndulo patriótico del PNV tienen su respectivo reflejo en esos dos campos ideológicos, separados a través de una línea fronteriza casi siempre difusa.

"El primero de los síntomas patológicos de ese síndrome reside, precisamente, en la imbricación de patria y religión", explica Alfredo Tamayo. ¿Hay que recordar el lema sabiniano del PNV "Jaungoiko et lege zarra" ("Dios y ley vieja"), el "Por Dios, por la Patria y el Rey" carlista, el "Por Dios y por España" franquista y el resto de ejemplos de la historia contemporánea, como el "Creo en Dios y en Serbia" de Raztanovic, el "Partido de Dios" islámico o el "Esta tierra que Dios otorgó a nuestros padres" del fundamentalismo hebreo, que muestran la utilización expresa de la fe por parte del nacionalismo?

Desde su aparición, el nacionalismo vasco ha estado impregnado de la mitología cristiana que el fundador del PNV Sabino Arana recogió directamente del carlismo. La concepción bíblica del "pueblo elegido", la consideración de que fuera del partido, del nacionalismo (fuera de la Iglesia), no hay salvación posible, y hasta la elección del Día de la Patria (Domingo de Resurrección) son otros de los elementos que componen la marca religiosa original.

Todavía hoy, las referencias mesiánicas a la larga travesía del pueblo elegido hacia la tierra de promisión (la independencia) -"Yo no veré, probablemente, a Euskadi independiente, pero vosotros, sí", ha repetido Xabier Arzalluz a los jóvenes- y la utilización de la parábola del pastor y la grey siguen formando parte de la retórica nacionalista. La versión más actualizada de esa ansiada tierra prometida, de la que, según la Biblia, "mana la leche y la miel", la aportan últimamente los dirigentes de EA y de los sindicatos ELA-STV y LAB cuando anuncian que la Euskadi soberana será, precisamente, un ejemplo de respeto a los derechos humanos, cuna de libertades y máximo exponente de la equidad y la justicia social. Así, pues, los vascos auténticos, vienen a decir, recuperarán su bondad natural, su condición de gentes excelentes, tolerantes y justas, una vez rotas las amarras con España.

Sometido en su día al Tribunal de Orden Público franquista, Alfredo Tamayo señala que el "conglomerado cristiano-patriótico es hoy patrimonio de un sector del clero y se manifiesta en la defensa de una singular Teología de la Liberación del Pueblo Vasco". Aunque menudean los ejemplos, la aberración mayor cometida por el muy minoritario colectivo de sacerdotes vinculado a las posiciones de Batasuna fue la homilía publicada en la revista Eliza (Iglesia) que presentó al dirigente de ETA, asesinado por los GAL, José Miguel Beñarán Ordeñana, Argala, como el "Cristo crucificado que dio la vida por la liberación del pueblo vasco". Según Tamayo, la imbricación entre lo nacionalista y lo cristiano explica "el silencio y la omisión frente a los cientos de asesinatos".

A juicio del jesuita donostiarra, la segunda forma de implicación de religiosidad y narcisismo nacionalista conlleva la "transferencia de sacralidades", un fenómeno ya manifestado durante la ascensión del comunismo maoísta y el nazismo alemán, que supone la sustitución de lo religioso por la nación sacralizada convertida así en objeto de nuevo culto. En su opinión, los ritos fúnebres del mundo de ETA, el hábito de sustituir los nombres cristianos impuestos a los niños en su día por otros de héroes mitológicos o de elementos de la naturaleza, y la transferencia al personaje del Olentzero del tradicional culto navideño al Niño Jesús y a los Reyes Magos ilustran que también en el País Vasco se ha dado algo parecido a la "nueva religión nacionalista".

Es sabido, por lo demás, que los seminarios vascos se vaciaron de golpe durante la segunda década de los años sesenta y que, casi sin transición, cientos de seminaristas y de aspirantes a las órdenes religiosas pasaron a militar en la oposición al franquismo y en la propia ETA. Los buenos resultados electorales que Batasuna obtiene en áreas y poblaciones de tradición carlista confirman el cierre de esta historia circular, además de corroborar que el tronco ideológico de la organización ETA es el nacionalismo y no las adherencias extremo-izquierdistas adoptadas en algunas fases de su trayectoria. De hecho, algunas voces políticas vascas aluden estos días al "final de la tercera guerra carlista", aunque la expresión preste a ese mundo la honorabilidad postiza de presentar lo ocurrido como resultado de una guerra entre bandos.

El fenómeno ETA-Batasuna demuestra que el pensamiento reaccionario puede sobrevivir adobado en una retórica y una estética de modernidad: ecología, globalización, feminismo, formalmente progresista. En realidad, la historia de Batasuna es más la búsqueda de un camuflaje idóneo para cada ocasión -en el terreno del martirologio que practican obsesivamente, han tratado de equiparar sus movilizaciones por los presos a las de las Madres de Mayo argentinas- que el resultado de la contradicción entre la reacción y la modernidad.

Alfredo Tamayo ve en la manera en que se enseña la historia y la geografía en determinadas instancias docentes de Euskadi, la "pérdida del sentido de realidad" y del "juicio racional" que Erich Fromm detectó en el nacionalismo como fenómeno exacerbado de narcisismo grupal. "Se inicia a la mente infantil en algo que tiene más de fabulación y mito que de realidad histórica, más de país de ficción que de país real, más de ideología que de ciencia, más de inoculación de prejuicios racistas y de prevenciones que de valores de solidaridad y de apertura humana".

En el lado más intransigente de lo que Fromm definió como el nacionalismo maligno, el profesor de Teología de la Universidad de Deusto alude a la satanización de lo español, a la estrategia de "socialización del dolor" puesta en marcha por ETA y al conjunto de crímenes cometidos durante estas décadas, particularmente a los que están caracterizados con un tinte vesánico: el asesinato de una madre ante su hijo, los atentados indiscriminados como el de Hipercor y la violación de la sepultura del concejal asesinado. "Hay muchos que medran sobre la violencia, el odio, el racismo y el nacionalismo narcisista. Son los líderes de la violencia, la guerra y la destrucción y sus verdaderos creyentes", sostiene. "Sólo los más desequilibrados y enfermos expresarán explícitamente sus verdaderos objetivos o se darán cuenta de ello. Tenderán a racionalizar su orientación como amor a la patria, deber, honor, etcétera, pero, en realidad, la guerra y un ambiente de violencia es la situación en la que la persona con el 'síndrome de decadencia' es plenamente ella misma".

Según el teólogo donostiarra, "es importante que la sociedad los reconozca por lo que son: individuos que aman la muerte, que tienen miedo a la independencia y que sólo ven como reales las necesidades de su grupo".

También la psicóloga Edorta Elizagarate subraya que el fanatismo no ha nacido con los activistas de ETA, sino a través de un proceso de adoctrinamiento social o familiar que les lleva a sobrevalorar sus ideas y a negar el relativismo de las cosas, la esencia misma de la democracia. "Hay estructuras de personalidad más propensas", dice, "a reaccionar de manera positiva a esa propaganda antidemocrática etnicista que transfiere los atributos diferenciales y los derechos individuales a la personalidad mítica que llaman pueblo, y que tiende a reducir informaciones complejas en pocos elementos".

En su opinión, no cabe extrañarse de que en ecosistemas políticos cerrados, dogmáticos, propicios al fundamentalismo y al mesianismo emerjan personalidades inmaduras, fanáticas, que vayan más lejos en la adhesión inflexible a una idea, en la intolerancia al cambio, en la hipervaloración de lo propio y el desprecio de la ajeno, en la visión dicotómica de la realidad, o buenos o malos, y en la capacidad para integrar aspectos contradictorios de un mismo fenómeno.
Psicólogos que han tratado profesionalmente a activistas de ETA dan cuenta igualmente de las grandes dificultades con que se encuentran a la hora de rehacer sus vidas. "Detrás de cada miembro de ETA hay un drama personal, además del familiar", señala una psicóloga que prefiere mantenerse en el anonimato. "Ellos establecen una distinción básica entre los que cumplen su condena y tienen el derecho al homenaje en su pueblo y los que aceptan vías de reinserción; es la diferencia entre salir con galones y con honor o salir sin galones y sin honor. En general, se aferran a la identidad del combatiente", explica, "porque si se sitúan fuera del grupo se ven obligados a revisar sus vidas y a asumir que han equivocado fatalmente su camino. Temen perderlo todo, y para ellos perderlo todo es perder la identidad construida falsamente dentro del grupo".

Profesional con una larga experiencia en el tratamiento de presos, la psicóloga recuerda su decepción inicial cuando empezó a trabajar profesionalmente con los activistas de ETA. "Creía que iba a encontrarme con revolucionarios románticos y lo que descubrí, por lo general, fue gente con un nivel cultural muy bajo, personalidades grises que apenas manejan cuatro consignas". A su juicio, en el mundo carcelario de ETA conviven perfiles clásicos de delincuentes y psicópatas con personas que poseen calidad humana pero que, salvo excepciones notables -el activista que no pudo rematar a su víctima y abandonó la organización-, tienen anestesiada la capacidad de ponerse en el lugar del "enemigo" y están poseídas por el convencimiento religioso de que defienden un bien superior.

La tortura y los malos tratos juegan un elemento importante en el agitado universo mental de ETA, pese a que la casi totalidad de las denuncias presentadas en los últimos tiempos han sido juzgadas infundadas por los tribunales y atribuidas a las consignas dadas por la dirección de la organización terrorista. Esta psicóloga afirma, sin embargo, haber conocido durante su tarea profesional "dos casos flagrantes de torturas psicológicas" que no quedaron finalmente sancionados, porque, dice, "como ellos denuncian por sistema, han perdido toda credibilidad".

¿De qué manera recompondrán sus vidas, cómo reharán su identidad aquellos que han arruinado sus mejores años, sus proyectos vitales? ¿Y cómo reaccionarán las víctimas, eternas vencidas, ante los cambios y mutaciones que traerá consigo la desaparición del terrorismo? ¿Podrán aceptar la aplicación de una política penitenciaria flexible e indulgente, la presencia temprana en las calles de los antiguos asesinos?

Lo primero que subraya Ángel Altuna, psicólogo de la asociación de víctimas Covite, es que las víctimas no son un colectivo homogéneo aunque les una la coincidencia en un dolor no elegido. "Hay que tener en cuenta que cada uno de nosotros es como es y se encuentra en una fase psicológica del duelo diferente", indica. En su opinión, es necesario que las víctimas acepten y normalicen la afloración de un posible odio reactivo interno siempre que como ciudadanos, como seres sociales y como colectivo de víctimas se muestren intransigentes con cualquier tipo de asesinato. "Cuando veo muy mal a un compañero, le digo que me llame por teléfono un minuto antes de hacer un disparate, y lo cierto es que todavía no he recibido una sola de esas llamadas".

La resolución del Parlamento vasco que reclamó a las víctimas que abandonaran el odio, las declaraciones del estilo "Hay que desactivar a las víctimas" y el empeño, pretendidamente piadoso, en reunir en un mismo foro a los familiares de los asesinados y de los presos de ETA forman parte del largo listado de agravios. "El odio no está en nuestro campo, está en los que escriben insultos en los libros de firmas de las capillas ardientes, en los tipos que llaman a las familias de los asesinados horas después del atentado. Son ellos los que necesitan verdaderamente tratamiento psiquiátrico", dice Ángel Altuna, "porque a nosotros nos basta con la memoria y la justicia y que nos permitan participar en la educación por la paz, ayudar a las personas que están, incluso, más necesitadas que nosotros".

Javier Urquizu, Edorta Elizagarate y Ángel Altuna coinciden en que plantear hoy la reconciliación es puro sarcasmo, puesto que las víctimas no tenían nada con los verdugos, no los conocían de nada. "Será mejor que hablemos de la convivencia posible y de la necesidad", subrayan, "de evitar la segunda victimización que supondrían los homenajes públicos a los asesinos". Establecido que, como dice Javier Urquizu, "el empate moral y político es imposible" y que todos los vascos ganan si la pesadilla se acaba, lo que sí cabe pedir es que el legado de odio y frustración no alcance a las generaciones venideras.