31 marzo 2008



Sólo cuestión de negocios

Santiago González

Tiene razón Llamazares al quejarse de que la Ley Electoral ha castigado a Izquierda Unida. Es el problema de los restos o las sobras, frente a las opciones nacionalistas, que concentran sus votos en pocas circunscripciones y apenas tienen desperdicio. Si los 350 escaños del Congreso se hubieran repartido proporcionalmente entre los 25,5 millones de votos que obtuvieron las candidaturas, el PSOE habría perdido 17 diputados; el PP, 15; el PNV habría obtenido cuatro escaños (en lugar de 6), los mismos que Rosa Díez (en vez de 1) e IU habría sacado 13 diputados y no dos.

Es un problema para Izquierda Unida, pero no el único sobre el que deberían reflexionar sus afiliados. Deberían pensar, por ejemplo, en que en 2008, con siete millones más de ciudadanos en el censo que en 1977, han sacado 800.000 votos menos de los que sacó el Partido Comunista entonces. El PSOE rozó el 30% de los votos, lo que hizo defender a Carrillo el voto comunista como un voto de calidad, frente al “aluvión” de Felipe. Se quejaba el entonces secretario general de la herencia franquista y los miedos atávicos que el nombre del PCE despertaba en muchos españoles. Tantos años después, ya sin hoces ni martillos, ni la voz ‘comunista’ en el nombre de la cosa, Llamazares sigue en las metáforas acuáticas: el tsunami bipartidista. Izquierda Unida, ya con este nombre y con mucho bipartidismo, había llegado a sacar 2.253.722 votos en las elecciones de 1993.

Esta es la cuestión principal, por más que la accesoria merezca un debate interesante. Basta echar un vistazo a la simulación para comprender que los dos partidos mayoritarios jamás aceptarán un sistema proporcional puro y no sólo por razones de gobernabilidad.

Los partidos grandes atienden a su interés. Exactamente igual que los pequeños. A partir de mañana, la Mesa del Congreso tendrá cinco días de plazo para constituir los grupos parlamentarios. Todo hace prever que Izquierda Unida constituirá un grupo junto a ERC y BNG, salvo que Bono haga uso de una interpretación creativa del Reglamento y decida perdonarles las tres centésimas que les faltan para alcanzar entre los dos primeros el 5% que prescribe dicho reglamento. También tendría que perdonarles el previsible voto negativo a su presidencia, lo cual parece ya mucho perdonar, incluso para el acendrado catolicismo de Pepe Bono.

Es muy previsible, por tanto, que tengan que dar cabida a un tercer socio, que podría ser UPG o NaBai. El otro permanecería en el mixto, en compañía de CC y UPyD. Los dos grupos quedarían empatados con tres partidos cada uno, en una situación de equilibrio perfecto. Si uno de ellos cambiase de grupo pasaría a cobrar la mitad que las dos fuerzas que se quedan en el grupo que abandona.

No se trata de amor, son sólo negocios, venía a decir Tessio en ‘El Padrino’ en el momento de rendir cuentas, por más que Nafarroa Bai haga hincapié en sus convicciones. Sus fobias no llegan a tanto como para dejar que Rosa Díez se corone emperatriz del Grupo Mixto. Lo sorprendente es que Gaspar Llamazares afirmara el sábado que su voto a Zapatero o la abstención en la investidura dependen de que el candidato gire a la izquierda y hacia la única fuerza que la encarna de verdad al oeste del Pecos o que prefiera negociar con los nacionalistas. No se entiende que el coordinador en funciones no acepte en el candidato a presidente la misma lógica que le va a llevar a él a compartir el segundo grupo mixto con dos partidos nacionalistas, quizá para tener la ocasión de perder en 2012 los votos que no le ha cedido a Zapatero en 2008.

29 marzo 2008

del País Vasco

Remember Loyola

Santiago González

Ah, la memoria. Ah, el espíritu negociador. El portavoz en funciones de los nacionalistas en el Congreso de los Diputados y su portavoz in pectore, que vienen a coincidir en el mismo Josu Erkoreka, plantea sus condiciones a los socialistas: o Zapatero se sienta a negociar con Ibarretxe o vamos a tener confrontación, que remite a las elecciones autonómicas del año que viene. Es dudoso que el PNV se empeñe en la radicalidad para afrontarlas, a poco desapasionadamente que examinen sus resultados electorales desde que tienen Plan. Llama la atención, sin embargo, que reproche a los socialistas que ahora nieguen validez a los acuerdos de Loyola de octubre de 2006.

Erkoreka no debería invocar el nombre de Loyola en vano. Es verdad que el PSE dio pasos imprudentes en el santuario. En rigor no dejó de darlos a lo largo de todo el proceso negociador, pero allí no se cerró ningún acuerdo con el PNV y Batasuna, porque Batasuna añadió en un momento dado la condición de que Bizkaia, Gipuzkoa, Alava y Navarra conformasen una Comunidad Autónoma única en un plazo de dos o tres años, según explicó el 29 de julio de 2007, el entonces presidente del EBB, Josu Jon Imaz, en declaraciones a Europa Press.

Tal como declaró Imaz, se barajaron 'algunos borradores' con 'aproximaciones en algunas materias', pero 'no hubo acuerdo político entre las tres formaciones' y que, tanto el PSE como el PNV se opusieron frontalmente a 'a que se intentase forzar al Partido Socialista con la amenaza violenta por medio'.

Al invocar Loyola, Erkoreka debió haber tenido en cuenta en precedente que Lorca escribió en ‘Poeta en Nueva York’ sobre el santo lugareño: “San Ignacio de Loyola asesinó un pequeño conejo/ y todavía sus labios gimen por las torres de las iglesias”. Algo parecido podría contar Txiki Benegas, que hace treinta años, cuando todos éramos tan jóvenes, felices e indocumentados, se vio un día agarrado a una pancarta que reclamaba la autodeterminación y no ha habido ocasión en que los nacionalistas no le hayan exigido la vuelta a las posiciones que en realidad no tenía entonces.

Bueno, a decir verdad, sí ha habido alguna. Exactamente aquellas ocasiones en las que las prioridades del partido-guía no contemplaban la autodeterminación. El entonces presidente del EBB no dejaba de manifestar su desdén por un concepto que a veces no sentía como propio. Empezó relativizándolo en el Congreso frente al entonces diputado de Euskadiko Ezkerra, Francisco Letamendia, Ortzi. Pasó después a despreciarlo abiertamente, con expresiones que remitían a sutilezas ideológicas de izquierdistas: “la autodeterminación, esa virguería marxista” o a aperos de labranza: “¿para qué queremos la autodeterminación, para plantar berzas?” No sólo en el terreno teórico. En el práctico, llegó a romper en septiembre de 1991 un gobierno tripartito nacionalista porque uno de sus socios, EA, firmó iniciativas autodeterministas en algunos ayuntamientos con los mismos que, mucho más recientemente, aprobaron el Plan Ibarretxe en el Parlamento vasco. “El Gobierno vasco”, dijo entonces Xabier Arzalluz, “no es una balsa de náufragos”.

Cuenta siempre Benegas que aquella manifestación y aquella pancarta fueron productos del azar, que se encontró con un lema en que no había sido pactado, pero que, puesto en la disyuntiva de optar por plantarse y ordenar la retirada de los suyos, optó por lo que le parecía el mal menor. En vano. Txiki quedará asociado siempre en el ideario nacionalista a aquella pancarta que reivindicaba la autodeterminación en el Aberri Eguna de 1978.

El problema que plantea negociar con nacionalistas arranca de un hecho: generalmente, sus interlocutores siempre están más dispuestos a ceder en sus postulados para llegar a un acuerdo. Los nacionalistas, mucho más anclados en sus posiciones clásicas, no entienden esos acercamientos como ofertas condicionadas a la consecución del pacto y, por tanto, perecederas. Inevitablemente recordarán para siempre lo que el interlocutor estuvo dispuesto a ceder en el pasado y tomarán esas ofertas como terreno conquistado del que partir en el futuro. Si es que les conviene, claro.

28 marzo 2008



Fin de la primera ronda

Santiago González

“Small is beautiful” debió de pensar el secretario de Organización del PSOE al tirar de agenda para recibir a los representantes de los partidos con vistas a formar las mesas del Congreso y el Senado. Por eso empezó por los más pequeños, aunque no del todo. Mostró sus preferencias por Durán Lleida y Erkoreka, no por Rosa Díez. Mientras un Blanco correctísimo decía a la ex dirigente socialista vasca que pelillos a la mar y vamos a tener contigo el mismo trato que con todos, el antiguo portavoz, López Garrido, preguntaba en la puerta de lo que había sido su despacho con quién negociaba: “¿Con la innombrable?”

La ‘innombrable’, nombrada y fotografiada al día siguiente junto a Blanco en todos los diarios, le expuso una reserva importante para propiciar la elección de Bono con su voto: para un partido que hizo campaña por la regeneración democrática, no era de recibo que el presidente del Ejecutivo nombrara al presidente del Legislativo antes de que terminara la anterior legislatura. La división de poderes, mayormente.

El secretario es de natural optimista y considera que los nacionalistas disimularán sus reparos a la candidatura de Bono, olvidarán la predisposición del candidato a darles con la guía telefónica en la testa y accederán a dejarse pastorear por el cabestro. Blanco, en justa correspondencia, entonará el “dame pan y llámame manso”. Al fin y al cabo, tal como dejó sentado Miguel Hernández: “nunca medraron los bueyes en los páramos de España”, lo cual, si bien se mira, es una contraindicación para hacerles presidentes del Congreso. Es preciso destacar que Bono tuvo una de las réplicas más brillantes que uno le recuerda. Reprimió su histrionismo para manifestarse sobrio, preciso, elegante: “No voy a decir ni mú”.

El caso es que los nacionalistas son unos excelentes negociadores, aunque no sepan distinguir al buey del toro bravo. Piden –y muy a menudo consiguen- más de lo que aportan. El trato con ellos sale siempre por un pico. De ahí que los socialistas hayan pensado en la posibilidad de que los populares les ayuden a pagar la cuenta. A escote nada es caro.

Blanco quería “saber si (el PP) viene con entendimiento o pretende iniciar la legislatura con dificultades”, una advertencia análoga a la que Erkoreka le hacía a él: “Si no hay acuerdo, el PNV adoptará una estrategia de confrontación”. Así debió de plantearle el tema a un Zaplana que está despidiéndose del cargo, pero no parece que vaya a dejar como legado un acuerdo con los socialistas.

La cuestión que no pudo ser estaba en la pretensión de que el PP cediera alguno de sus puestos en la Mesa a favor de los nacionalistas. El PSOE se va a servir de éstos para quitarle la Presidencia del Senado al PP, que tiene la mayoría relativa, y alguien tiene que ayudar a pagarles la recompensa.

José Blanco hace un uso extraordinario de las analogías. Preparando el terreno para la negociación de la investidura, ya ha reclamado a Rajoy que se abstenga, en consonancia con lo que él iba a pedirle a Zapatero si ganaba. Olvidó el resto de la entrevista: “Primero llamaré al PSOE”. Iba a ser su primera llamada y la petición iba junto a un pacto sobre cuatro asuntos de Estado: acordar el modelo de España, la lucha contra el terrorismo, recuperar el Pacto de Toledo y consenso en Política Exterior. Es lo que tienen los creyentes, que se saben las oraciones del derecho y del revés. Eso permite a Blanco comenzar el Credo por “Poncio Pilatos” y seguirlo por “creador del cielo y de la tierra”. O viceversa, amén, Jesús.

26 marzo 2008



Límites y condiciones

Santiago González

El secretario de Organización del PSOE inició ayer las negociaciones para lograr, en primera instancia, la formación de la mesa del Congreso y la investidura presidencial de Zapatero en la primera votación. Se trata, en segundo término, de conseguir un pacto de legislatura que garantice al PSOE una mayoría suficiente para gobernar. En rigor, no estamos ante una urgencia extraordinaria. Los siete escaños que le faltan al partido ganador del 9-M no constituyen obstáculo que no pueda salvarse con un acuerdo en los grandes asuntos de estado con el principal partido de la oposición y negociaciones sobre aspectos concretos con las minorías del Congreso.

José Blanco ha comenzado la ronda de contactos con el PNV y CiU “sin ningún tipo de condición previa, sin ningún tipo de límite previo”. Esta declaración de principios es en sí misma un triunfo político del nacionalismo y tiene su copyright desde que hace diez años se estampó en el Plan Ardanza. Es una de esas expresiones que los socialistas han copiado al PNV sin citar la fuente. En enero de 1998 habían pasado diez años desde el Pacto de Ajuria Enea y seis meses del asesinato de Miguel Ángel Blanco. El plan citado fue un intento nacionalista de cohonestar su propio rechazo a ETA por el crimen y la salvaguarda de su hegemonía, que habían llegado a sentir amenazada en la revuelta cívica que siguió a la pasión y muerte del joven concejal de Ermua.

Es en este texto en el que se recoge por vez primera la expresión que el lunes profirió con gran soltura Pepe Blanco. Con estas palabras: “La extensión del período de diálogo y negociación debería estar fijada de antemano. De otro lado, el proceso debería ser, como se ha dicho, abierto en sus dos extremos: a) sin condiciones previas y b) sin límites de resultados.”

Se trataba de un imposible metafísico, que el mismo texto contradecía al negar la tesis de que el diálogo fortalece a los violentos: “el diálogo debilita las posiciones propias sólo cuando no se concretan, a la vez, sus condiciones y sus contenidos…”

Diálogo es una de esas expresiones paliativas que se emplean para quitarle hierro al concepto de la negociación, un sinónimo inadecuado, un eufemismo que ya no vela el concepto en expresiones tales como ‘solución dialogada’, ‘diálogo en su fase resolutiva’ y otras. ‘El diálogo sin límites’ fue expresión que Juanjo Ibarretxe heredó de Ardanza. Aunque no le puso límites, sí le puso plazo, horizonte temporal, al declararse dispuesto a “dialogar hasta el amanecer”.

El diálogo requiere condiciones previas. Veamos algunas: Los interlocutores y el momento. Ni siquiera un vocacional como Jesús Eguiguren se sentaría a dialogar ahora–y no digamos a negociar- con los asesinos de los guardias Trapero y Centeno o los de su compañero Isaías Carrasco. Otras: el diccionario y la sintaxis. El entendimiento requiere que los interlocutores atribuyan un significado unívoco a las palabras y hablen el mismo idioma o que conozcan una lengua franca, una koiné. Además, naturalmente, del sentido común, si no se quiere reducir la conversación al antiguo método Ollendorf para el aprendizaje de idiomas, que proporcionaba ejemplos tan vistosos como inanes en el arte de la comunicación: “¿Es tu primo más alto que mi cuñado?” “No, pero el jardín de mi tío es más grande que el huerto de tu sobrino”.

Y también límites. Por ejemplo, la legalidad. Blanco habrá visto algún otro: el diálogo con CiU limita al este con José Montilla; el del PNV, al norte, con Ibarretxe y el mar Cantábrico. De momento.

23 marzo 2008



El Día de la Patria


Santiago González

Ayer, durante la celebración de su Aberri Eguna, el presidente del PNV mostró su predisposición a negociar con una condición improbable. A saber: que no aceptarían rebajas. Tras los pobres resultados electorales de su partido, Urkullu advertía a Zapatero de que quiere escuchar “síes, en vez de condiciones”.

También advertía a los otros nacionalistas, EA, ELA y ETA, de que, aunque les acusen de vender Euskadi, ellos están dispuestos a dialogar “si podemos volver a dar un nuevo paso de gigante en el autogobierno”. El problema es que el PNV no puede negociar con la misma fuerza ahora que hace dos meses. Ha habido unas elecciones en las que ha perdido la primacía en favor de su interlocutor y eso constituye un handicap para negociar. Urkullu e Ibarretxe insistieron en el derecho a decidir, aunque ya sin fecha, en la fiesta más apagada que el nacionalismo ha vivido en los últimos 31 años.

El Aberri Eguna se instituyó como festividad política el domingo de Pascua de 1932, para festejar las bodas de oro del venturoso día en el que a Sabino Arana le fue revelada la buena nueva de que él no era español. El milagro sucedió mientras paseaba con su hermano Luis por el jardincillo de su casa de Abando, en cuyo solar se levanta hoy la sede bilbaína del PNV. Aquel día, “¡bendito día en que conocí a mi Patria y eterna gratitud a quien me sacó de las tinieblas extranjeristas!”, según explicó Sabino en el discurso de Larrazabal, no era Pascua, probablemente ni quiera fuese domingo, pero fue una elección adecuada. Por una parte, respondía a la acendrada confesionalidad del PNV. Por otra, hace justicia poética a un partido agónico, siempre entre el Viernes de Dolores y la Pascua de Resurrección. No deja de resultar sorprendente que la opresión española no fuera para Arana una de esas evidencias que cantan las piedras del camino y necesitara la ayuda fraterna de la revelación.

La fiesta del nacionalismo tenía a sus espaldas seis convocatorias y cuarenta años de prohibiciones, cuando se celebró en Bilbao el primer –y penúltimo- Aberri Eguna unitario el 10 de abril de 1977. La experiencia agridulce de verse desfilando con el resto de los partidos democráticos, llevó al PNV a establecer el Alderdi Eguna (Día del Partido) el último domingo de septiembre de aquel mismo año para poder estar, al fin, solos.

Ésta es una característica de la casa, la de huir de los consensos. La fiesta que fue unitaria en sus convocatorias de 1977 y 1978, hace ya muchos años que no congrega a todos los nacionalistas: el PNV la celebra en Bilbao, EA en Guernica y Aralar, con Batasuna y el apoyo moral de EA, suscribían el llamamiento del Foro Nacional de Debate a una manifestación entre Irún y Hendaya. El parlamento vasco habría aceptado el ‘Gernikako arbola’ como himno de la Comunidad autónoma por unanimidad, pero el PNV impuso con mayoría exigua el himno del partido. Una vez conseguido que todas las fuerzas políticas aceptaran el neologismo sabiniano ‘Euskadi’ (el fundador lo escribía con ‘z’) se abonaron al término ‘Euskal Herria’ con el que la izquierda abertzale sustituyó la voz ‘Euskadi’ en los años 90. La primera reunión del Parlamento vasco, el 31 de marzo de 1980, debatió si ‘Euskadi’ se escribía con ‘s’ o con ‘z’. Veintiocho años después, algunos dirigentes del PNV y, eventualmente, el diario ‘Deia’, lo siguen escribiendo con la ‘z’ sabiniana, en contra de la resolución parlamentaria y el dictamen de Euskaltzaindia (Academia de la Lengua Vasca). Así está el tema.

18 marzo 2008



La consulta instrumental

Santiago González

Íñigo Urkullu ha movido pieza de manera un tanto atípica respecto a la tradición de los nacionalismos españoles (dicho sea con perdón) y a las normas del ajedrez. El presidente del PNV ha hecho el movimiento de apertura, pese a que en el sorteo de la noche electoral le tocaron las negras.

La tradición, en efecto, pedía que en caso de no alcanzar mayoría absoluta ninguno de los candidatos, iniciara el baile el más votado, señalando sus preferencias (o sus necesidades) para alcanzar una mayoría suficiente de gobierno. El nacionalismo requerido hacía sus cálculos, sopesaba las alternativas de pacto del candidato y a continuación se manifestaba dispuesto a contribuir a la gobernabilidad, añadiendo: “pero se te va a poner en un pico, chato”. En esta ocasión, al contrario, el PNV hace la primera oferta y aporta dote.

Lo que ha cambiado es que Zapatero se ha quedado cerca de la mayoría absoluta y el Partido Nacionalista ha obtenido un fracaso rotundo, cosechando una derrota homogénea en los tres territorios históricos. Sus seis votos son muy convenientes al candidato socialista para asomarse a la mayoría absoluta, pero no imprescindibles y menos aún si el nuevo presidente hubiera escarmentado en cabeza propia y no se arriesga en el futuro a meterse en jardines tan frondosos como los de la legislatura pasada.

Por poder, Zapatero podría acordar alguno de los grandes temas de Estado con el PP y dedicarse al menudeo para lo demás. Podría alcanzar la mayoría suficiente con CiU, pero no le va a dejar Montilla. Para conseguir la cuasi mayoría con el PNV no le deja Ibarretxe. No sería presentable la firma de un acuerdo de legislatura con un partido empeñado en un referéndum autodeterminista a plazo fijo.

Aquí es donde Urkullu ha recurrido a una paráfrasis del Sermón de la Montaña que inspira la bicefalia del PNV: que tu cabeza derecha no se entere de lo que piensa tu cabeza izquierda. El presidente del EBB no considera, al menos en voz alta, que el referéndum de octubre sea un obstáculo para un pacto de legislatura, porque el lehendakari y el partido son dos planos diferentes y la idea de la consulta es “una propuesta presidencial”.

Hay ciabogas que requieren espacio y tiempo. Muy pocos meses después de que el PNV demostrara que el amigo y antecesor de Urkullu tenía razón, es necesario volver atrás sin desdecirse del todo ni perder la cara. El pacto de legislatura se va a cobrar una víctima a corto plazo. De manera tácita o expresa, mediante reforma estatutaria o por las buenas, el segundo Plan Ibarretxe será hoja muerta en cuanto se materialice la buena voluntad con que las partes se miran.

Las vueltas que da la vida. En una glaciación anterior ya hubo entre nacionalistas y socialistas un pacto de legislatura que fue seguido por un gobierno de coalición. Ambos se sucedieron entre enero de 1985 y diciembre de 1990 y supusieron una experiencia positiva para la sociedad vasca. El lehendakari, entonces Ardanza, acabó con ella para poner en marcha un tripartito nacionalista junto a EA y Euskadiko Ezkerra.

Apenas duró ocho meses. Al lehendakari de entonces no le gustó lo que ahora es el sueño de su sucesor y disolvió la cámara vasca en septiembre de 1991, cuando su socio Eusko Alkartasuna comenzó a suscribir en algunos ayuntamientos proclamas autodeterministas junto a Herri Batasuna. Ardanza dio al PSE las carteras de sus socios y hubo paz. Y después, gloria. Con razón ha dicho el diputado Josu Erkoreka que para ellos la consulta es algo instrumental.

16 marzo 2008



Un tiempo nuevo

Santiago González

Según dijo el presidente del Gobierno el viernes en Bruselas, “el resultado de las elecciones en el País Vasco demuestra de forma contundente que existe un rechazo masivo y definitivo de la violencia, que no tiene ninguna cabida y que no se puede hablar nada, y con nadie, con violencia”. Ésta es una prueba de que el Señor escribe derecho con renglones torcidos. Porque si bien la conclusión es correcta, no lo es tanto el itinerario a través del que Zapatero ha llegado a ella. Lo que demuestra el éxito electoral del PSE es que los vascos han premiado el fracasado intento de negociar con los terroristas.

Al día siguiente, durante la reunión del Comité Federal del PSOE, el presidente tendió la mano al PP: “la práctica totalidad de los españoles quieren vernos juntos a todas las fuerzas políticas en la lucha contra el terrorismo. La unidad no ha sido posible en los pasados cuatro años, pero tiene que serlo hasta la completa erradicación de la violencia criminal. Por mí y por nosotros no va a quedar”.

No es exactamente lo mismo ‘la unidad en la lucha’ que ‘la unidad en la negociación’, al igual que las conversaciones con Batasuna iniciadas por Eguiguren en 2002 eran bastante incompatibles con el camino que señalaba el Pacto Antiterrorista que el PP y el PSOE firmaron el 8 de diciembre de 2000: “Desde el acuerdo en el diagnóstico y en las consecuencias políticas que del mismo se derivan, el PP y el PSOE queremos hacer explícita, ante el pueblo español, nuestra firme resolución de derrotar la estrategia terrorista, utilizando para ello todos los medios que el Estado de Derecho pone a nuestra disposición.” Por decirlo con las últimas palabras del presidente, es cierto que la mayoría de los españoles queremos ver juntos a los partidos en la lucha contra el terrorismo, pero no está claro que la mayoría sea la misma si se trata de la unidad para negociar con los terroristas. Especialmente después de comprobar el fracaso de la vía negociadora.

Hay, sin embargo, algo nuevo en la oferta de lo que debería tomar nota el partido de la oposición. Independientemente de la polisemia inherente al discurso de Zapatero, las elecciones han abierto un tiempo nuevo. La experiencia no aconseja extender un cheque en blanco al Gobierno en materia antiterrorista, ni en ninguna otra. La democracia es siempre un contrato de desconfianzas, pero no obliga a basar la oposición en profecías catastrofistas. Un ejemplo: La oposición más radical a Zapatero preveía una entrega pactada de las armas de ETA en vísperas de la jornada electoral, justo el día en que enterrábamos a Isaías Carrasco, la última víctima de los terroristas.

Las elecciones han sido un acto de catarsis después de una legislatura marcada por la tensión. El nuevo tiempo debería estar marcado por el acuerdo entre el partido que gobierna y el que puede llegar a hacerlo en el futuro en torno a los grandes temas de Estado, uno de los cuales es la erradicación del terrorismo. El PP debería esperar a que el presidente en funciones, mucho más libre ahora de las hipotecas que tuvo la legislatura anterior, concrete su oferta. Habrá una primera señal de las intenciones presidenciales en la continuidad o no del ministro más inadecuado para conseguir pactos de Estado con el PP: el titular de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, que al sectarismo y la dudosa competencia que han marcado su gestión, sumaba el hecho de ser uno de los peor valorados por los ciudadanos españoles, según la encuesta que ayer mismo se publicaba en estas páginas.




15 marzo 2008

del País Vasco

Los pobres y la merluza

PV Santiago González

La noche del domingo pasado fue al tiempo momento de gloria para los socialistas vascos y noche triste para el Gobierno de Ibarretxe y adláteres, en general, y para el PNV en particular. Los vascos, considerados en su conjunto o segmentados por territorios históricos, votaron socialista en la misma medida que retiraron una parte notable de la confianza que antaño depositaron en el nacionalismo y en Madrazo.

Algo fundamental ha cambiado. Lo cantan las palabras y el aplomo con que Patxi López matizaba el miércoles la predisposición que Zapatero había mostrado dos días antes para negociar preferentemente con CiU y el PNV. El secretario general de los socialistas vascos descartaba que el Gobierno socialista fuera a alcanzar pactos con el PNV mientras mantenga la hoja de ruta de Ibarretxe.

Nunca antes había pasado tal cosa. Los socialistas vascos tenían el difícil papel político que han desempeñado todos los delegados del Gobierno en Euskadi desde Jáuregui hasta Luesma. ¿Cómo acreditar el cargo si el Gobierno al que representan se entiende directamente con el vasco, y si el sueño dorado de todo nacionalista es la interlocución directa con ‘Madrid’, el diálogo de poder a poder? El único papel que el nacionalismo concedía al socialismo vasco era de naturaleza vicaria, como representante o recadista de Madrid. El PNV acepta con naturalidad al PSE como adversario o interlocutor. No tiene ningún inconveniente en tratarlo como socialista, pero tiene más dificultades en aceptarlo como vasco y soslaya en cuanto puede el hecho de que sus votos representan democráticamente a una parte importante de la sociedad vasca.

A partir de los resultados del domingo, al PNV le va a resultar más difícil repetir, una vez más, el mismo juego. Patxi López, en cambio, puede advertir al lehendakari de que no pondrá en marcha su ‘consulta’, a sabiendas de que Ibarretxe no puede cumplir su amenaza de convocar elecciones anticipadas. No podemos tener seguridad de que en las próximas autonómicas se vayan a reproducir los resultados de estas generales, pero esa posibilidad se ha hecho verosímil por vez primera y eso es una noticia relevante.

Todavía queda mucha partida por delante y es probable que las dos partes –si el lehendakari se deja,- acaben pactando una reforma estatutaria que vaya algo más lejos de lo que en su día propusieron los socialistas y se quede algo más corta que el Plan Ibarretxe, pero termine en referéndum. Nuestros nacionalistas son unos maestros en el arte de salir de cada crisis un poco más cerca de sus objetivos máximos, aunque sea en cantidades infinitesimales y por malas que sean sus posiciones de partida. Nunca les alcanzarán para darles satisfacción; esta vieja historia es una variante de la paradoja de Zenón de Elea sobre Aquiles y la tortuga. Cuanto más se acerquen a las posiciones nacionalistas, más radicales se harán estos para no dejarse.

Los actuales dirigentes del PSE manifestaron públicamente su admiración por el modelo que Maragall puso en marcha en noviembre de 2003, pese a las tempranas evidencias de la catástrofe. Quedan ya muy lejanas las elecciones autonómicas de 1990, en las que los socialistas tuvieron como lema de campaña: “Tu garantía”. Por aquel entonces nadie de cuantos soñaban con que Pujol perdiera unas elecciones frente al candidato del PSC, entonces Obiols, pero mejor todavía Maragall, habría creído que Maragall llegaría al Palau dels Canonges, -la Ajuria Enea de Barcelona-, pero que sería al precio de redefinir el proyecto socialista en el terreno identitario: “la lengua es el ADN de Cataluña”, y de reivindicar un nuevo Estatut que los nacionalistas gobernantes no habían pedido en 23 años. La sabiduría popular tiene acuñada una expresión que resume el asunto en clave metafórica y explica la existencia de una izquierda melancólica, resignada a que los suyos sólo puedan tocar pelo al precio de dejar de ser los suyos: “Cuando un pobre come merluza es que uno de los dos está enfermo”, dicho sea sin ánimo peyorativo.

El gran Peridis lo explicaba en una tira publicada en El País durante una de las primeras campañas, probablemente la correspondiente a las elecciones legislativas de 1979. Se veía en ella a Dolores Ibarruri junto a su fiel y sempiterna secretaria, Irene Falcón. El televisor, frente al que se sentaban las dos mujeres, emitía eslóganes electorales. La Pasionaria pregunta dulcemente: “Irene, ¿cuándo salen los nuestros?”, a lo que replica la secretaria: “Pero Dolores, ¡si ya han salido!”. “Vaya por Dios”, lamenta la anciana. “Me habré quedado dormida”.


14 marzo 2008



Un brete para el PNV

Santiago González

El 28 de septiembre de 2007, el lehendakari contó su hoja de ruta al Parlamento vasco como un cuento interactivo. Ibarretxe fue planteando disyuntivas, cada una de cuyas opciones llevaba a una nueva disyuntiva. Lo estupefaciente de este relato es que, se elija la vía que se elija, el final es siempre el mismo: un referéndum.

Él propone una negociación de tú a tú con Zapatero para articular el derecho a decidir de los vascos, y de las vascas, claro. Si el presidente la acepta, habrá referéndum soberanista para el 25 de octubre. ¿Qué su no lo acepta? El Parlamento vasco convocará una consulta “habilitadora” para superar el bloqueo. Los 33 escaños que suman en Vitoria el tripartito y Aralar tienen en contra otros 33 escaños del PSE y el PP. El lehendakari necesita votos de la marca de Batasuna PCTV para poder salir adelante. ¿Y si no se los dan? Pues en vez de presentar la dimisión, dado el carácter plebiscitario de todo el plan, destituirá a los parlamentarios. Es decir: disolverá el Parlamento y convocará elecciones autonómicas.

Este camino verde que va a la ermita ya era un poco errático cuando se formuló, pero redefinido ayer mismo por Ibarretxe en Radio Euskadi, sonaba como si amenazara a los socialistas (y a su propio partido) con pegarse un tiro en el pie. Los burukides deben hacerse cuentas como éstas:

El PNV le debe a Ibarretxe y a su tesón una victoria contra todo pronóstico en 2001, cuando su partido daba por descontada la derrota y obtuvo 604.222 votos, 24.000 más de los sumaba toda la oposición constitucionalista. Después, todo fue a peor. Ibarretxe dejó poner su nombre a un plan condenado al fracaso: el 1 de febrero de 2005 fue rechazado en el Congreso con 29 votos a favor y 313 en contra. Su pertinacia al sostenella le pasó factura dos meses y medio después, en las elecciones autonómicas del 17 de abril. Perdió 140.349 votos respecto a las anteriores.

¿Qué son 140.000 votos para un hombre que lleva a su pueblo hacia la tierra prometida? Arenas del desierto. Juan Josué formuló su hoja de ruta y no ha parado de invocar desde entonces la buena nueva de la consulta. Su participación en la reciente campaña electoral ha tenido ‘el derecho a decidir nuestro propio futuro’ como leitmotiv de campaña, desde su famosa conferencia en la Universidad de Stanford a sus intervenciones en los mítines. Entre las generales de 2004 y las del domingo, el PNV y EA perdieron 148.516 votos. El tripartito que apoya la presidencia de Ibarretxe ha sacado 22.077 votos menos que las listas del PSE. Ha sido derrotado sin paliativos en los tres territorios.

Los resultados no son extrapolables, de acuerdo, pero nadie con un mínimo instinto de conservación se jugaría el Gobierno vasco para comprobarlo, después del domingo. No parece, sin embargo, que la nueva dirección del PNV tenga muchas posibilidades de someter a Ibarretxe al efecto realidad. El lehendakari se ganó en 2001 el derecho de arrimar la tradicional bicefalia del partido a su sardina. En paralelo a la construcción del artefacto, la hoja de ruta, el PNV le construyó una autopista a la medida, una ponencia política ‘ad hoc’.

El EBB va a estar muy condicionado hasta octubre por el horizonte procesal más probable para Ibarretxe. ¿Cómo negar respaldo a un lehendakari juzgado por un tribunal español? El victimismo ha perdido eficacia electoral frente al talante y si la posibilidad de perder el Gobierno produce vértigo en su partido, la idea de que también se juegan las Diputaciones lleva sencillamente al pánico.

12 marzo 2008




Rajoy persevera

Santiago González

El melancólico “adiós” de Mariano Rajoy en el balcón de Génova era, en realidad, un “hasta luego”. Ayer anunció el adelanto del Congreso a junio y su intención de presentarse a la reelección. Los resultados han sido una derrota inequívoca, pero no una catástrofe. Por eso no era preciso, ni siquiera aconsejable, que imitase a Almunia en su noche triste del 12 de marzo de 2.000. El PSOE consiguió aquel día sus peores resultados desde 1979, mientras Aznar alcanzaba la mayoría. Donde Ignacio de Loyola había prescrito “en época de desolación, no hacer mudanza”, quería decir en realidad: “tómate el tiempo necesario para prepararla”.

Es ya un lugar común que al revés que Zapatero, un mal presidente, pero un excelente candidato, Rajoy sería un buen presidente del Gobierno, pero no resiste la comparación como candidato frente a la fotogenia, la telegenia, la sonrisa y otras cualidades del marketing.

Esto es así en las creencias ciudadanas, lo señalan siempre las encuestas al término de los debates, pero no resiste mucho el contraste con los hechos. Zapatero y Rajoy se han enfrentado electoralmente dos veces. En las elecciones del domingo el voto average particular en Madrid entre los dos aspirantes fue muy favorable al segundo. El dirigente popular obtuvo 345.374 votos más que Zapatero. Mientras el candidato socialista perdía 152.502 votos respecto a los que él mismo había obtenido el 14 de marzo de 2004, Rajoy ganaba 164.288 votantes nuevos respecto a las citadas legislativas y aumentaba la ventaja de su partido en dos escaños.

En 2004 las listas del PSOE obtuvieron 1.279.175 votos más que las del PP. En los comicios del domingo, el PP enjuagó 384.624. Estos datos revelan al mismo tiempo la fortaleza y la debilidad de Mariano Rajoy. Si descontamos la ventaja que su lista electoral ha obtenido sobre la que encabezaba Zapatero, el PP sólo ha podido recortar a los socialistas 39.250 votos en todas las demás circunscripciones españolas. Si descontamos Madrid, la contienda electoral en el resto de España es un juego de suma cero.

Suponiendo que Zapatero cometa los mismos errores de aquí en adelante, que los ciudadanos le pasen por ellos la misma factura que en esta ocasión y que la oposición siga recuperando terreno al mismo ritmo que en la pasada legislatura, el sorpasso sería un hecho en las elecciones generales de 2024.

No es plan. Los partidos no trabajan para la historia, sino para llegar cuanto antes al poder y es comprensible que cundiera alguna inquietud por los pasillos de Génova durante la noche de autos. La política es el arte de tocar pelo cuanto antes, pese a lo que digan las proclamas altruistas con que se envuelve.

Pero Rajoy ha sido derrotado por segunda vez y cabe albergar dudas sobre si hay una tercera oportunidad para los candidatos que pierden. Es verdad que Felipe y Aznar la tuvieron y la aprovecharon, pero Aznar había progresado mucho entre la primera y la segunda ocasión. González era muy joven y estábamos en la transición y el voto no estaba encorsetado por el sectarismo.

No es seguro que la candidatura de Rajoy, si acierta a renovar su equipo, vaya a ser cuestionada con facilidad. No hay tradición de confrontación abierta en el PP. Tampoco la había en el PSOE hasta que se postuló Borrell en las famosas primarias, una y no más, y el Congreso de 2000. Por otra parte, tampoco es fácil que en un Congreso extraordinario aparezca de la nada un Zapatero. Podrían intentarlo quienes hayan probado su gancho electoral en lances menores, pero el PP no es un partido con baraka (obama). También podría salirles otro Antonio Hernández Mancha.

10 marzo 2008




Los resultados previstos

Santiago González

El tiempo es una magnitud elástica en Euskadi. En los primeros años 90, el dirigente batasuno Tasio Erkizia explicaba la inquina que su tropa sentía por la vecina Francia: 'desde hace siete años, el Estado francés se ha convertido en el enemigo secular del pueblo vasco'. Si un siglo puede quedar reducido a siete años, a nadie puede extrañar que un minuto se quede en ocho segundos.

Era un momento histórico el que se vivía ayer por la tarde en San Mamés, durante los prolegómenos del partido Athletic-Valladolid. Ninguna de las 850 víctimas del terrorismo etarra había merecido antes un gesto de empatía como el que el Athletic trató de dedicarle ayer al último asesinado, el socialista Isaías Carrasco. No pudo ser. La bronca de las gradas del fondo norte llevó al árbitro a dar por zanjada la cuestión y San Mamés perdió una ocasión de hacer historia mientras declinaba la jornada electoral.

No se puede saber en qué medida el asesinato del militante socialista afectó a la subjetividad ciudadana a la hora de emitir su voto y realmente poco importa, porque las elecciones transcurrieron sin mayores incidentes. La participación fue alta y venció el PSOE, que mantiene su ventaja sobre el partido de la oposición, los lectores perdonarán la antonomasia. Es decir, lo que venían pronosticando las encuestas.

La ganancia socialista se ha producido a costa del descalabro de algunos de sus socios coyunturales durante la pasada legislatura, fundamentalmente Izquierda Unida, Esquerra Republicana de Catalunya y el PNV. Zapatero ha conseguido un triunfo considerable, si se tiene en cuenta que los dos grandes ejes sobre los que definió su proyecto, la negociación con los terroristas y el rediseño del mapa autonómico han sido otros tantos fracasos.

Resulta especialmente admirable que el PSC no haya perdido representación parlamentaria, tras una legislatura en la que Barcelona podría haberse hermanado con la capital de Burkina Faso. Su inobjetable victoria, sin embargo, no le va a permitir una política de alianzas más sencilla que la de los cuatro años anteriores.

Si es verdad que el PP no ha conseguido rentabilizar los errores de Zapatero, también se ha podido comprobar la extraordinaria solidez de su electorado. Ha mejorado sus posiciones aumentando su grupo parlamentario en cinco escaños. El pacto del Tinell y el cordón sanitario hacia lo que impropia y maliciosamente ha sido calificado una y otra vez como 'la derecha extrema', han fracasado y no parece que en el futuro vayan a dar más fruto que el aumento de la crispación. Pero han perdido las elecciones y algo se ha movido en Génova.

Se trata de saber ahora si Zapatero va a seguir haciendo encaje de bolillos con los partidos nacionalistas y los restos de Izquierda Unida o si ha tomado nota de un recado que la opinión pública española le ha servido envuelto en los resultados electorales. Ayer se pudo comprobar que a los ciudadanos no les gustan la hipotecas que convierten al Gobierno de la nación en rehén de los nacionalistas, como demuestra el reforzamiento del bipartidismo y la solitaria, pero significativa presencia de Rosa Díez.

Los dos grandes partidos sumaron ayer diez escaños más que en la anterior legislatura, el 92% de los diputados del Congreso. Zapatero debería tener como tarea principal la de buscar un acuerdo con el partido de la oposición en torno a los cuatro grandes asuntos de Estado. Entramos en un periodo en el que las vacas flacas están llamando a la puerta. No hay demasiado margen de maniobra.

08 marzo 2008



La peor jornada de reflexión posible

Santiago González

El de ayer ya era de por sí un día señalado. Estábamos a punto de alcanzar un cierto sosiego con el fin de una campaña larga y dura, cuando ETA volvió por donde acostumbra en los últimos 30 años con el asesinato de Isaías Carrasco Miguel, un exconcejal socialista de Mondragón que trabajaba en la autopista AP-1 Bilbao-Behobia.

Arrasate, que tal es el nombre en euskera de este pueblo, tiene 25.000 habitantes y está situado en la comarca guipuzcoana del Alto Deba. Las elecciones del 27 de mayo de 2007 dieron a ANV 7 concejales de los 21 que forman el Consistorio, seguido del PNV y PSE, con 4. No hubo acuerdo democrático y la marca blanca con la que Batasuna burló la Ley de Partidos se convirtió en la fuerza que detenta hoy la alcaldía. En las elecciones de 2003 La víctima ocupaba el quinto puesto en la candidatura socialista. La ilegalización de Batasuna y de sus estrategias alternativas impidió entonces su presencia en el Ayuntamiento. El PNV obtuvo 9 concejales y el PSE, 5. El último de ellos fue Carrasco.

El atentado confirma la cauta desconfianza que el ministro del Interior mantenía desde que ETA emitió el 5 de junio de 2007 el comunicado en que anunciaba la ruptura del alto el fuego: “A ellos les basta con tener suerte una sola vez. Nosotros tenemos que tenerla cada día”, advirtió Rubalcaba tras una eficaz operación de los Cuerpos de Seguridad del Estado contra el terrorismo etarra.

Las elecciones han ido siempre precedidas de atentados terroristas. En los prolegómenos de las primeras elecciones democráticas fue secuestrado Javier de Ybarra, antiguo alcalde de Bilbao que permaneció en poder de ETA durante toda la campaña electoral. Una semana después de aquel 15 de de junio de 1977 en el que la inmensa mayoría de los españoles votaron por primera vez, el cadáver de Ybarra fue abandonado por sus asesinos en el alto de Barázar.

Dos años después, el 31 de enero de 1979, los españoles afrontábamos las elecciones convocadas por Suárez dos meses después del referéndum constitucional. El ex guardia civil Félix de Diego Martínez se encontraba en el interior del bar Herrería, que su familia regentaba en Irún. Dos terroristas entraron en el bar y sin decir una palabra dispararon contra él. Félix de Diego era el compañero, la pareja de José Pardines Arcay, cuando Txabi Echebarrieta Ortiz se convirtió en el primer etarra que asesinó a un guardia civil y horas después en el primero en morir a tiros. Era el 7 de junio de 1968, fecha inaugural de una sangría que 40 años después no cesa.

El 5 de octubre de 1982, en vísperas de las generales que ganó Felipe González, Juan Carlos Ribeiro, de 33 años, apareció acribillado a tiros en una cuneta de Bakio. A una semana de las legislativas de 1986, fueron asesinados el comandante Sáenz de Ynestrillas, el teniente coronel Vesteiro y el soldado conductor Francisco Casillas. Poco antes de las generales de 1996, el 6 de febrero fue asesinado Fernando Múgica Herzog en san Sebastián. Ocho días después lo fue Francisco Tomás y Valiente en Madrid. El 22 de febrero de 2000, mientras los partidos engrasaban su maquinaria electoral para las elecciones legislativas del 12 de marzo, ETA puso un coche bomba al paso del portavoz socialista en el Parlamento vasco, Fernando Buesa Blanco y su escolta, Jorge Díez Elorza.

Esto es lo que hay. Análoga cuenta sangrienta registran las campañas electorales de las elecciones autonómicas y locales. El senador Enrique Casas fue asesinado en su casa de San Sebastián en vísperas de la jornada de reflexión de las elecciones al Parlamento vasco de febrero de 1984.

Esta jornada, absurdamente consagrada a que los candidatos descansen y los ciudadanos meditemos sobre el sentido de nuestro voto, deberíamos emplearla justamente para reflexionar sobre si los supuestos de los que se partía para definir la política acerca del terrorismo durante los últimos cuatro años eran correctos y si los medios empleados eran los más apropiados en relación con los fines que perseguíamos.

ETA es una pedagoga implacable y cruel, además de tenaz. Debemos sacar lecciones provechosas de su insobornable actitud a lo largo de los últimos treinta años y descartar en adelante el recurrente vicio de incurrir en los mismos errores de ocasiones anteriores.

Deberían reflexionar cuantos han creído en el descabellado infundio que estos días se ha extendido vía sms, dando cuenta de que ETA iba a protagonizar hoy un simulacro de rendición ante Zapatero para regalarle la victoria electoral de mañana. Los autores de esta infamia no sabían nada de nuestros terroristas.

El presidente debería reflexionar también sobre el titular de su última entrevista de campaña en El Correo de ayer: “ETA debe ofrecer hechos irrefutables para que haya nuevos pasos”. ¿Qué podríamos considerar hechos irrefutables? La condición ya era inequívoca en la resolución aprobada por el Congreso de los Diputados el 17 de mayo de 2005: “Si se producen las condiciones adecuadas para el final dialogado de la violencia, fundamentadas en una clara voluntad de poner fin a la misma y en actitudes inequívocas que puedan conducir a esa convicción, apoyamos procesos de diálogo…”

No es preciso que el presidente se cubra la cabeza de ceniza y se dé golpes de pecho a la vista del público. Se trata sólo de que se corrijan los errores e insistan en el procedimiento adoptado ayer tras el asesinato al ponerse de acuerdo con el líder de la oposición en suspender los actos del fin de campaña.

Se trata de que inauguren una nueva etapa en la que el partido a quien los españoles confíen la tarea de gobernar mañana y el principal partido de la oposición acuerden la política contra ETA. Así se hizo durante la breve etapa de vigencia plena del pacto antiterrorista cuyo cañamazo argumental sigue siendo la estrategia más eficaz que la democracia española haya desarrollado contra la banda armada.

El Gobierno debería perseverar en la desconfianza y no pasar por alto los hechos. La alcaldesa de Mondragón, Ino Galparsoro, y sus seis concejales sincopados han guardado un ominoso silencio tras el crimen. Este es un motivo para la reflexión del solitario concejal de Aralar que les dio su voto y de los tres 'madrazos' que comparten con ANV responsabilidades de gobierno. No es probable que vayan a presentar su dimisión en bloque, molestos por la indignidad de tener relaciones con los asesinos. Tampoco parece que ETA o Batasuna vayan a sufrir una escisión a corto plazo, aunque el atentado no deba confundirnos sobre su inequívoca debilidad logística y organizativa. La sangre es la especie bajo la que se comulga en esa misa negra y los atentados, la esencia de su liturgia.

No hay que confundir los discursos con los hechos. Durante demasiado tiempo hemos recurrido a pintorescas clasificaciones dicotómicas para analizar el interior de la banda terrorista. Con tesón de sexadores de pollos, hemos dividido a los etarras en duros y blandos, halcones y palomas, ‘militares’ y partidarios de la negociación. Ambas condiciones mudaban con el tiempo. Los halcones de ayer iban transformándose en palomas con el paso de los años. Josu Ternera, halcón frente a Txomin Iturbe, ha terminado siendo paloma ante Txeroki.

Tarea admirable de ornitólogos, pero inane. Los halcones y las palomas han sido partidarios de negociar en igual medida y tanto unos como otros eran partidarios de forzar la negociación mediante lo que eufemísticamente se llamaba “acumulación de fuerzas”. Es decir, matando.

Los militantes de los dos grandes partidos nacionales tienen ante sí una primera tarea: aislar a los únicos culpables de este asesinato: la banda terrorista y el brazo político que les ampara, justifica o disculpa. Deben reconocer después la legitimidad de sus adversarios y poner todo su empeño en evitar los espectáculos denigrantes que se dieron en los funerales por las víctimas de ETA durante la ofensiva terrorista que sucedió al fin de la tregua de 1998.

Hay mucho que recomponer, mucha convivencia que se ha roto a lo largo de estos últimos cuatro años y es urgente ponerle remedio a eso. Muy urgente.

06 marzo 2008



A adoctrinar



7-3-08 Santiago González

La vicepresidenta De la Vega expresó ayer en Tele-5 su respeto a la sentencia del Tribunal que ampara el derecho de una familia de Bollullos a objetar Educación para la Ciudadanía, aunque su respeto estaba teñido de amarga incomprensión. No puede entender que una familia española objete una asignatura “basada en los principios democráticos y en la palabra”.

Tratemos de explicarlo. Mª Teresa Fernández de la Vega visitó el miércoles un colegio público valenciano para marcarse un mitin ante una audiencia adolescente. La vicepresidenta no debía de confiar en la capacidad de su público para procesar ideas complejas y recurrió a una clasificación dicotómica inspirada en la pregunta que Zapatero oyó a sus hijas cuando sólo era candidato: “¿verdad, papá que los de izquierdas somos los que nos preocupamos por los demás, mientras los de derechas sólo se preocupan por ellos mismos?” Como se ve, la niña imaginaria de Rajoy, aparte de contar con la niña virtual de Obama que la inspiró, también puede hacer relaciones sociales en el mundo real.

Y la vicepresidenta dijo: “Existen dos modelos diferentes: el modelo que representa un presidente de izquierdas, mirando al futuro, que tiene la mirada positiva, que es optimista, que cree en la gente, que cree en los ciudadanos, que cree en los jóvenes, que cree en las mujeres y otro modelo que representa Rajoy, que es el modelo del miedo, de introducir miedo por todo y desconfianza, y que mira más al pasado que al futuro”. Ya, muy pedagógica, hizo recapitulación: “Y a partir de ahí, los ciudadanos pueden elegir entre el modelo del futuro y el modelo del pasado. El modelo del futuro, lo podéis imaginar, es Zapatero. Y el modelo del pasado, lo podéis imaginar, es Rajoy.”

A adoctrinar, a adoctrinar, hasta enterrarlos en el mar. ¿No escribió algo parecido Alberti? ¿O era a desalambrar? Nadie debería albergar desconfianza ante una asignatura que tratara de explicar las claves de nuestra convivencia constitucional. Otra cosa es que fuera una herramienta eficaz para la formación de ciudadanos. La mayor parte de los manuales son un coñazo y están llamados a provocar en los escolares un grado de entusiasmo cívico parejo al ardor nacional-sindicalista que despertaba en sus padres la Formación del Espíritu Nacional durante el franquismo. Imaginen que la Iglesia hubiera encomendado la difusión de la Religión al catecismo. Una ruina, oigan. Su acierto fue colgarla de un relato, de la Historia Sagrada, de la Biblia. El relato es la clave de la tradición oral y esa ha sido la clave de su éxito.

El problema es el adoctrinamiento obligatorio; el doctrinarismo que muestra la vicepresidenta, el hecho de que no haya un consenso educativo y que hayan pactado el Gobierno con los enemigos de la Constitución; el hecho de que en los últimos 25 años hayamos tenido cinco Leyes de Educación; los puestos de cola que el informe Pisa nos reserva cada tres años y bajando. And so on.

A veces, hay voluntad de adoctrinamiento en los manuales de EpC. Oigamos a un coautor: “Intentamos jugar el mismo papel que 'La bola de cristal' respecto a los programas infantiles: se trata de introducir en un espacio inesperado una postura muy crítica y muy de izquierdas.” (El Correo, 2 de julio de 2007).

“Basada en los principios democráticos y la palabra”, dice enfática De la Vega el 5 de marzo de 2008. Pero “las palabras han de estar al servicio de la política y no la política al servicio de las palabras”. Lo había dicho el presidente del Gobierno en junio de 2005.

05 marzo 2008




El actor de Kulechov

Santiago González

Tal vez no sea casual que la gran aportación de la Revolución soviética al cine universal sea el montaje. Lev Kulechov, el padre del invento, era en 1920 un joven e inquieto cineasta que puso en práctica el experimento de su nombre. Obtuvo tres fotogramas idénticos de la cara de Ivan Mosjoukine, un famoso actor de la época. Montó el primero de ellos junto a imágenes de un plato de comida humeante. Yuxtapuso el segundo al plano de una niña muerta en un ataúd y el tercero junto a una señora de elegante encarnadura tendida en un sofá. El ‘experimento Kulechov’ determinaba que el público veía sucesivamente hambre, lástima y deseo en la expresión inmutable del actor.

Zapatero tiene telegenia y eso es un don inapreciable en los debates televisivos desde el legendario cara a cara entre Nixon y JFK. Pero tiene algo más valioso aún: es un candidato dotado de una cara de entretiempo, como la del actor Mosjoukine. Expresa lo que conviene en cada momento por mera yuxtaposición con el contexto, un paisaje definido por palabras de significado volátil, que significan una cosa u otra, dependiendo del momento. O, más aún, que enuncian conceptos positivos y progresistas pronunciadas por los propios, y ridículos y reaccionarios en boca de la oposición. La cursilería de la niña de Rajoy ha sido justamente destacada por el PSOE, mientras ñoñerías análogas, como el niño de ojos grandes de Caldera y el niño que gesta la ministra de Vivienda, según instrucciones del presidente, son considerados elementos positivos de campaña.

Así fue posible que dentro del mismo debate electoral, Zapatero acusara a Mariano Rajoy: “usted hace un uso partidista y electoralista del terrorismo”, para convertir a las víctimas en mercancía electoral acto seguido con las siguientes preguntas: “¿Qué política antiterrorista prefiere?¿La de esta legislatura con cuatro víctimas mortales o la de la legislatura anterior con 238 víctimas mortales?”

El candidato Zapatero debió de inspirarse en el compromiso público de Henry Ford a raíz del lanzamiento del modelo Ford T hace ahora un siglo: “Los clientes podrán escoger su coche del color que prefieran a condición de que sea el negro”. Zapatero hizo una promesa sobre la política antiterrorista: “Asumo el compromiso, sea cual sea el resultado del domingo, de que el PSOE apoyará al Gobierno de España en la lucha antiterrorista sin condiciones. Ese es el compromiso solemne… sin condiciones”.

Siempre y cuando el Gobierno esté formado por el PSOE, debió añadir. En lugar de eso, dijo: “como el Partido Socialista ha hecho siempre en su historia, en la historia democrática de España”.

Esa no ha sido la verdad objetiva del proceso que puso en marcha Eguiguren a espaldas del Gobierno y en contra del Pacto Antiterrorista fimado por el PSOE y el PP el 8 de diciembre de 2000. Por otra parte, ¿se puede apoyar incondicionalmente a un Gobierno? Ciertamente no. La fe ciega en los dirigentes es propia de las dictaduras, a la fuerza ahorcan­, pero la característica de los sistemas democráticos son los mecanismos de control, una sana desconfianza. La división de poderes nació para institucionalizar esa desconfianza, ponerle condiciones al Gobierno.

El debate sancionó la supremacía de lo que George Orwell llamaba “la indiferencia a las verdades objetivas”. Dentro de cuatro días sabremos si, tal como dicen las encuestas, lo ganó José Luis Rodríguez Zapatero. La campaña ha terminado, salvo lo que pueda dar de sí la elección de Rouco Varela para presidir la Conferencia Episcopal y el agit-prop final ‘quema de restos’.


Autobiografía en metáfora


A veces, la invención de la tradición lleva a la reescritura de la propia biografía., aunque para ello no hace falta ser nacionalista en sentido estricto Aitor Ibabe Zubia, que en enero de 1997 era responsable de Organización y Finanzas de Izquierda Unida en Alava, tuvo un chispazo de inspiración y escribió una carta abierta a Cosme Delclaux, que permanecía secuestrado por ETA desde el 11 de noviembre anterior. La misiva fue publicada por el diario Egin y era una amalgama perfecta de impiedad, superchería, miseria moral y estupidez. Comenzaba con un campechano ¡Hola Cosme! Y terminaba con la siguiente nota: “Esta carta ha sido enviada a la Mesa Nacional de HB, para que la haga llegar a Cosme por los “medios habituales”, así como al domicilio del señor Delclaux en Neguri”.

El propósito de la carta era responsabilizar al secuestrado y a su clase social del sufrimiento que padecen los jóvenes vascos en su vida diaria:

“Mira Cosme, yo nací en una familia de obreros emigrantes que tuvieron que dejar su tierra (…) si no me equivoco por tu apellido tu familia también es de fuera, bueno aunque mi familia deja su tierra por que se moría de hambre, ¿y la tuya?¿fue por lo mismo? Cuando llegaron a Gasteiz conmigo y mis dos hermanos tuvieron que cobijarnos (…) en un piso de 60 metros cuadrados para tres familias, cada familia en una habitación, nosotros ahí tuvimos algo de suerte porque en la rifa de habitaciones nos tocó el salón para los cinco”.[1]


La carta seguía diciendo que tuvo que interrumpir los estudios al caer su padre de un andamio y quedar inválido. “Ya ves Cosme, en el mes de julio mientras tú aprendías inglés en London o jugabas al tenis, yo subía ladrillos a 40º al sol”. Luego le llegó la hora del servicio militar que acabó "con las ilusiones en el cubo de la basura y otra vez mi libertad y voluntad secuestradas". Al terminar, nueva decepción. Gente como Cosme Delcalux había conseguido legalizar los contratos basura y las empresas de trabajo temporal, con lo que pasó a trabajar más horas y percibir la tercera parte del sueldo.

Aitor Ibabe es, como Cosme Delclaux, hijo de la burgesía alavesa, jamás vivió las condiciones que describe en su carta. No era inmigrante, como es evidente por su nombre y apellidos, no vivió realquilado, ni su padre padecía invalidez alguna, ni había subido jamás a ningún andamio. No tuvo que dejar los estudios a los 15, ni trabajó de peón, ni cumplió el servicio militar, ni se vio afectado por los contratos basura ni por las ETT’s.

Hijo de empresario, debe de pensar que la condición de tal es un factor de culpa objetivo, del que él se ha librado abrazando la causa de los desposeídos. Por eso, la carta no podía ser una relación de las experiencias vitales del joven Ibabe y él se inventó su biografía. Lleno de buena voluntad, se convirtió, literariamente hablando, en un inmigrante pobre, para poder contar cómo es el capitalismo desde un punto de vista proletario.

Como él no sabía lo que es un proletario, en lugar de una carta de denuncia social, le salió Oliver Twist. La realidad es siempre infinitamente menos pedagógica que la ficción. Por eso el mozo se lanzó a escribir un relato tenebrista y decimonónico de la explotación infantil en un capitalismo dickensiano, a medio camino entre la máquina de vapor y la revolución industrial.

Aitor Ibabe no era partidario de la violencia. Por eso militaba en Izquierda Unida, pero tiene en común con el MLNV un agumentario basado en el sufrí(miento), elocuente calambur convertido en factor de legitimación. En este país no es necesario que las tradiciones tengan arraigo temporal, porque las más eficaces son a menudo las más recientes o incluso las inventadas.

En este sentido, no valen las unidades de medida, el derecho individual conculcado en cada asesinato o en cada secuestro. Hay que recurrir a conceptos más difusos en lo colectivo, como el sufrimiento, palabra clave en el discurso de los radicales, magma susceptible de convertirse en argamasa para la construcción nacional.

La carta que Ibabe envió a los medios de comunicación acusaba de "hipocresía" a quienes condenan el secuestro de Cosme Delclaux sin tener en cuenta que los empresarios practican "otro tipo de violencia".

El joven se aplicaba a hacer en su carta una clasificación de los secuestrados, para reprochar a Delclaux, secuestrado rico, el secuestro del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, secuestrado pobre:


"Siempre ha habido clases, hasta para los secuestrados. Tú conseguirás la libertad cuando tu padre millonario pague el rescate (incumpliendo la normativa legal ya que lo hace sin factura ni IVA). Pero, ¿y Ortega Lara? (…) Saldrá pero con un tiro en la nuca. Y tú asistirás a su funeral de forma muy solidaria robándole el protagonismo en su último día. Una vez más Cosme, los pobres siendo sacrificados.”

El protagonista reconoció a la dirección de la IU-EB, que le obligó a dimitir de sus cargos de responsabilidad orgánica, que su intención era "realizar una visión novelada" para mostrar la situación económica de Euskadi.


('Palabra de vasco'. Santiago González. Espasa, 2004)

[1] Egin, 17 de enero de 1997

03 marzo 2008



Las compañías adecuadas

Santiago González

A seis días de las elecciones generales y cerrado el plazo para la publicación de encuestas, los sondeos se muestran favorables al PSOE, con un reparto de escaños que va desde ganar por la mínima a repetir la correlación de 2004. Daremos por buenos los que hoy publica esta casa por dos razones: la primera, porque me paga. La segunda, porque las previsiones son tan abiertas que acogerán con toda probabilidad los resultados del domingo.

Supongamos que gana las elecciones Zapatero. No es probable que lo haga por mayoría absoluta y todo hace prever que elegirá a los nacionalistas como socios, contra la opinión mayoritaria de los ciudadanos en la encuesta: sólo el 18,4% vería con buenos ojos un acuerdo estable con fuerzas nacionalistas.

A la luz de la legislatura pasada y de la experiencia del Gobierno con sus socios, es inevitable recordar el consejo metafórico de Talleyrand sobre las bayonetas: “(con ellas) se puede hacer cualquier cosa, Majestad, menos sentarse sobre ellas”.

La gran coalición es una posibilidad interesante si se examinan con desapasionamiento los dos grandes proyectos de la legislatura: una negociación que debía acabar con el terrorismo y la reforma estatutaria que arrancó en el Estatut de Cataluña. Si hubiera que destacar un error capital en ambos procesos es que el presidente se equivocó en ambos de socios. No se puede acometer una reforma constitucional sin una mayoría muy cualificada del Congreso. Esto es así porque lo dice la Constitución y no podría ser de otra manera por mucha voluntad que el presidente Zapatero pusiera en ello.

Veamos algunos datos: el acuerdo del Congreso de 17 de mayo de 2005 enterró formalmente el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo. Aquel día, el Gobierno de España cambió de socios y de estrategia en la lucha contra ETA, aunque no le salió gratis.

En el tránsito, Zapatero perdió 110 escaños. El pacto antiterrorista era apoyado por los 312 diputados que sumaban el PP (148) y el PSOE (164). O sea, el 89,14% de la cámara. El proceso de negociación con ETA sólo tenía 202 escaños, el 57,71%. Los siete grupos que eran sus nuevos socios sumaban 38 diputados.

El 18 de junio de 2006, los catalanes fueron llamados a las urnas para votar el Estatut. Pese a que el presidente lo tenía claro el 1 de febrero de 2005, durante la tramitación del plan Ibarretxe, al parecer, se distrajo: "Nuestra historia constitucional es un recetario de fracasos (porque) se hicieron normas políticas con el 51% y las normas políticas con el 51% para ordenar la convivencia acaban en el fracaso", dijo entonces.

El Estatut interesaba tanto a los catalanes que la participación no llegó al 50%. Los votos afirmativos fueron 15 puntos menos de los que obtuvo el viejo Estatuto de Sau. En el viaje a la legalidad se cargó un Gobierno y lejos de conseguir un mayor acomodo de los nacionalistas en la España constitucional hizo que todos ellos, incluso Convergencia i Unió, quién lo diría, se pasaran al campo independentista.

Nada de esto habría pasado si Zapatero hubiera escogido las compañías adecuadas. No es probable que lo haga si vuelve a ganar, pero la grosskoalition sería una mano de ungüento para el país y goza de tradición en el corazón de la vieja Europa. Schröder permitió que gobernara la fracasada Merkel por no pactar con Oskar Lafontaine, un socio inadecuado. ¿Perder el Gobierno aquí para salvar la cara? Pero, ¿qué tonterías dice usted, hombre de Dios?

Bueno, por apuntarlo que no quede.

01 marzo 2008



Visto para sentencia

Santiago González

El Tribunal de la Unión Europea vio el jueves pasado en Luxemburgo una causa de extraordinaria importancia para Euskadi porque afecta a la esencia del autogobierno, a la raíz más profunda de nuestro árbol emblemático.

Fue un espectáculo extraordinario. Había sido perfectamente normal que hasta ahora llegaran asuntos que afectaban a las relaciones entre el País Vasco y el Estado o bien entre los propios vascos. Las más de las veces, la parte actora la integraban los nuestros. Hay una antigua querencia de los soberanistas hacia los conflictos competenciales (o de cualquier otra naturaleza) concebidos como un conflicto internacional entre iguales: Euskadi contra España. Vistas así las cosas, tiene una cierta lógica la búsqueda de la mediación internacional. Si la cuestión se refiere a asuntos políticos o económicos, los tribunales europeos. Si pasa a mayores, los cascos azules de la ONU.

Así, el Gobierno vasco interpuso en 2003 una demanda contra el Estado español ante el Tribunal de los Derechos Humanos, ya que la Ley de Partidos y la sentencia del T.C. que declaraba conforme a la Constitución la citada norma vulneraban en su opinión el ordenamiento europeo para la protección de los derechos humanos. Cinco años antes habían intentado llevar al mismo tribunal la política penitenciaria del Gobierno del PP. Como no hay dos sin tres, y cada ocurrencia inspira otras, el 25 de octubre de 2006, el Gobierno español llevó al Parlamento de Estrasburgo su “proceso de paz”, con el fin de que un asunto que dividía a los españoles en dos mitades produjese el mismo efecto catártico entre los representantes europeos.

En esta ocasión, como decía, hay un detalle verdaderamente insólito y es que todos los vascos están alineados en la misma parte de la sala, en defensa del Concierto. El PSOE y el PP, el PNV y Eusko Alkartasuna, la patronal y los sindicatos, Madrazo y la Iglesia vasca están a favor del Concierto en general y de lo que se sustanciaba en Luxemburgo en particular: si las diputaciones vascas tienen capacidad normativa para fijar impuestos diferentes a los del común.

Quizá para que los espectadores no se despistaran en exceso ante semejante arrebato de unanimidad, el Gobierno vasco firmó con las tres diputaciones un comunicado para denunciar que los dos grandes partidos españoles no asumen real y plenamente el pacto del Concierto. De otra manera, el PP no permitiría que los gobiernos autonómicos de La Rioja y Castilla-León hubieran impulsado esta demanda ante un tribunal europeo.

En realidad, La Rioja venía recurriendo todas las ayudas fiscales a la inversión en la Comunidad Autónoma Vasca, porque la capacidad normativa recogida en el Concierto es un privilegio en tiempos y sociedades más bien igualitaristas. El problema no está en el Concierto, aunque lo afecte esencialmente. Este sistema de financiación transfiere los impuestos a la Comunidad Autónoma a cambio de una cantidad de dinero llamada ‘cupo’. Esto no tendría por qué romper la igualdad. Bastaría con que estuviera bien calculado para que así fuese. Pero el cupo, a lo más, cubre el coste de las competencias no transferidas, no la solidaridad, que es la argamasa de la cohesión territorial. El catedrático Ignacio Zubiri, uno de los más cualificados especialistas en el sistema de concierto, calcula que, “a igualdad de competencias, el sistema foral da lugar a unos recursos per capita que son un 65% más elevados que los del sistema común”. (‘Los sistemas fiscales: características, resultados y su posible generalización’. Instituto de Estudios Fiscales. Ministerio de Economía y Hacienda, 2007)

La cuestión es si, en la aplicación del Concierto, las diputaciones tienen la capacidad de modificar el Impuesto sobre Sociedades, una herramienta eficacísima para atraer empresas a un lugar fiscalmente privilegiado. Todas las comunidades aspiran a lo mismo. Son “las autonomías de la envidia”, tal como las llamó Arzalluz en los primeros años 90. El sistema no es generalizable y esa tercera vía consistente en financiar a las CCAA según el criterio que les sea más favorable (a Cataluña, por renta; a Andalucía por población; a Castilla-León por superficie y a Galicia por kilómetros de costa) no tiene mucho futuro. Para sumar quebrados es preciso reducirlos previamente a común denominador. Por otra parte, los dineros son habas contadas, no derechos inmateriales que se pueden repartir a manos llenas. Desdichadamente, la suma de las partes de un todo no puede superar el 100%.