05 junio 2009




Laicos sacramentos

Santiago González

Con los datos del Instituto Nacional de Estadística en la mano, era infundado el temor de los obispos a que la familia desaparezca. Es verdad que el número de matrimonios ha decrecido en el último años en un 4,15%, y que dentro del cómputo global, los matrimonios homosexuales han aumentado en un 10,29%. Han disminuido en número y ha aumentado la proporción de enlaces infructuosos a efectos demográficos. Sin embargo, ha aumentado la productividad: los hombres ha puesto más a parir a sus mujeres en 2008 que en 2007, dicho sea en sentido estricto, no como metáfora de maltrato: de 1,40 hijos por mujer en 2007, hemos pasado a 1,46 en 2008.

Si la Iglesia estuviera a la altura de su tradición histórica y su legendaria capacidad de adaptación, abriría el sacramento a las parejas homosexuales. Hay crisis de vocaciones matrimoniales, como vuelven a demostrar las cifras. No es lógico que al único colectivo con querencia casadera, se le deniegue so pretexto de que no tiene el género adecuado.

Hay más señales. Alfonso Guerra, un suponer, nunca había hecho proselitismo del matrimonio en un mitin, hasta el otro día, en que sugirió esquinadamente a Camps y ‘El Bigotes’: “Hijos míos, que hemos aprobado la ley de matrimonios…”. La homofobia del presidente de la Comisión Constitucional del Congreso era uno de sus filtros al elaborar las listas electorales, cuando era el Pepe Blanco de su época. Su afición a los chistes de ‘mariquitas’ era generalmente celebrada en su entorno, hasta fechas bastante recientes. El 31 de agosto de 2003, durante su intervención en el mitin de Rodiezmo, dijo: “Rajoy es un mariposón”, e hizo un silencio estratégico para que toda la campa estallara en risotadas. Entre quienes celebraron el chiste de Guerra a carcajadas estaba el secretario general del partido, que un año más tarde, reñía solemne al mismo jefe de la oposición: “mire a los ojos a sus vecinos homosexuales y dígales que les niega los mismos derechos que tienen los demás”.

Si un homófobo tan acabado como Guerra, ha acabado claudicando, ¿porque no aprovecha la Iglesia para aumentar su clientela, abriendo sus templos a los sacramentos laicos? Ellos tienen el marco incomparable y la liturgia: alfombras, cirios, ropones, músicas apropiadas y la epístola de San Pablo. No se puede comparar todo eso con unos versos de Benedetti o los sonetos del amor oscuro para dar realce al tema. Los laicos quieren liturgia sacramental, esa es su victoria. Leo que se pone en boga el bautizo laico, que en Madrid oficia Zerolo, al igual que el gran Benigno Bascaran oficiaba en Eibar los entierros laicos. Habría que seguir con la primera comunión laica, para terminar con la extremaunción, una visita de los amigos del agonizante con algún presente para pagarle el billete en la barca de Caronte, al estilo de la última visita que Oscar Wilde recibió en su buhardilla de París, recordada el otro día por el maestro Alcántara. Un admirador le llevó una botella de champaña y fue el enfermo el que entonó la última oración, copa en mano: “muero como he vivido, por encima de mis posibilidades”.