11 octubre 2008




El bosque y los árboles


Santiago González

El hecho diferencial vasco es que aquí es el bosque lo que nos impide ver los árboles. El lehendakari Ibarretxe coprotagoniza hoy en Arantzazu un acto solemne en el que entregará a Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz, y a un representante del Alto Comisionado de la ONU, Elio Tamburi, un texto conmemorativo del 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El documento había sido encargado por el Gobierno vasco a varios representantes de la cultura y la sociedad vascas.

El plan era llevar el papel al Parlamento para que pleno de ayer lo apoyara, con el fin de dotar al manifiesto de una solemnidad institucional. Pero, ay, en el lugar que pisa el buey que marca el paso de Ibarretxe, no vuelve a crecer la hierba del acuerdo.

La propuesta, presentada por el tripartito y Aralar no obtuvo más apoyo que el de sus propios proponentes. EHAK no viene al caso, que bastante tiene con lo suyo, pero los partidos de la oposición, PSE y PP, se empeñaron en enmendar el texto para añadir alguna consideración sobre la violación de los citados derechos aquí por una organización terrorista de aquí, a la que no se citaba en el decálogo, no se puede estar en todo.

El lehendakari y los suyos comparten con el presidente del Gobierno la creencia de que la oposición debe ir al Parlamento a arrimar el hombro, por decirlo con palabras de la portavoz De la Vega y la secretaria Pajín, o, al menos, a aplaudir, no a perturbar el debate con propuestas extemporáneas.

En el balance de la fracasada experiencia cabe destacar algo en favor del lehendakari. Él ha sido capaz de unir lo que llevaba desunido desde el mismo momento en que fue nombrado Gregorio Peces Barba como Alto Comisionado del Gobierno para las Víctimas del Terrorismo: COVITE, la AVT, la Fundación Fernando Buesa, la Fundación Gregorio Ordóñez y la de Miguel Ángel Blanco, así como la Asociación Nacional de la Guardia Civil Marques de las Amarillas, han vuelto a suscribir un comunicado conjunto con el fin de que les sea entregado a los ilustres invitados internacionales en el acto de hoy. El lehendakari está en otra dimensión y quizá las víctimas, en su dolor, sean incapaces de percibir la dimensión global del problema a vista de estadista.

El 3 de mayo de 1997, se celebró en Bilbao una conferencia internacional sobre la libertad de prensa. ‘La hora de la tolerancia’ se llamó el evento que había sido organizado por el sindicato ELA con el apoyo de la Federación Internacional de Prensa. En esa fecha se celebraba ya entonces el Día Mundial de la Libertad de Expresión y, lógicamente, Bilbao se convirtió aquel fin de semana en la capital mundial de la libertad del expresión.

La conferencia era de rango internacional, la misma palabra lo decía. No había allí lugar, por ende, para los periodistas nacionales. Estaba organizado por un sindicato, pero no hubo sitio allí para los otros sindicatos vascos. No fueron invitados CCOO ni UGT, miembros, al igual que ELA, de la F.I.P. Tampoco fue invitada la Asociación de Periodistas de Bizkaia. Sí lo fue, en cambio, el secretario general de LAB, Rafa Díez.

Como era una conferencia internacional, el anfitrión Elorrieta no tuvo la ocasión, el momento, la inspiración o qué sé yo de recordar algunos hechos próximos que afectaban a la libertad de expresión y dejaban la hora de la tolerancia reducida a apenas cinco minutos. Como el lehendakari, él tenía una visión más amplia del problema. Por eso, en vez de defender las libertad de expresión aquí, prefirió arremeter contra los periodistas españoles.

Pudo haber recordado que en aquellos días el partido-guía y las instituciones por él controladas hacían un boicot a un periódico de Bilbao, mientras sus jóvenes cachorros pintaban en los pasos de cebra el nombre de su director, que aquel mismo 3 de mayo, el batasuno José María Olarra llamaba en Barakaldo a “marcar a los terroristas de la pluma, el bolígrafo y las cámaras, que están marcando aquí el genocidio cultural de nuestra nación”. En aquella fecha se entregó en Bilbao el premio de las libertades de ‘El Sitio’ a José Mari Calleja, un periodista que ejercía su libertad profesional y ciudadana despedido de la Televisión Pública Vasca y escoltado. El mismo 3 de mayo de la tolerancia fue asesinado en un restaurante de Zierbena el guardia civil José Manuel García Hernández, mientras cenaba con su mujer, sin que en la clausura de la conferencia, que era internacional, tuvieran tiempo al día siguiente para condenar banalidades tan locales.

Han pasado tres legislaturas desde entonces. Todo se parece tanto…

10 octubre 2008

Corazón partío

Santiago González

El disputado voto de UPN en el Congreso a los presupuestos generales del Estado ha reproducido la tónica zigzagueante del azaroso proceso seguido por los políticos navarros para formar el Gobierno que hoy preside Miguel Sanz. El presidente de la Comunidad navarra tiene ante sí un problema de vacilar entre la llamada del corazón y el camino a los asuntos, que diría Miguel Hernández, o, por decirlo en la jerga económica, tener que decidir en un contexto de incertidumbre.

Miguel Sanz acertó como gobernante al elaborar los presupuestos de su comúnidad desde bases realistas, unas cuentas para tiempos de crisis. Llama la atención que no tenga como primer criterio que los Presupuestos Generales del Estado deben participar de las mismas características que él ha querido imprimir a los Presupuestos navarros.

Algo raro pareció que el presidente navarro se mostrase favorable a apoyar las cuentas del Gobierno antes, incluso, de que se hubieran hecho públicos los pormenores. Ayer mismo las calificó de “malas”, mientras los socialistas navarros afirmaban que en las dos cámaras de habría de votar lo mismo.

Sanz ha conseguido que los socialistas del viejo reino se comporten con él como sus homólogos vascos con Ibarretxe. Es decir, que le aprueben los presupuestos sin exigir a cambio que el PNV vote en Madrid los del PSOE. Es verdad que él los está negociando con el PSN, que es lo que se debe hacer desde la responsabilidad política. Lamentablemente, el presidente del Gobierno no ha afrontado esta cuestión con el mismo criterio que el navarro y ha preferido transformar la negociación presupuestaria en una yuxtaposición de zocos autonómicos.

En los años anteriores había más harina y funcionó bien el invento. Los nacionalistas se llevaban su por qué y votaban en justa reciprocidad los presupuestos con la elegante displicencia de muchos bancos al comprar activos tóxicos: sin preguntar por lo que había dentro. Salvando las distancias, naturalmente.

Lo más impresionante, con todo, son las llamadas de José Blanco a la prudencia: el buen entendimiento entre el PSOE y UPN es fundamental para garantizar la estabilidad de Navarra, pero, como contrapartida es necesario que UPN "se comprometa con el Gobierno de España" y apoye a cambio los Presupuestos Generales del Estado.

Para encontrar tal alarde de sobreentendidos en el lenguaje habría que pensar, mutatis mutandis, naturalmente, en aquellos tipos trajeados que ofrecían protección a los comerciantes de Chicago en los años de la prohibición. Por un módico precio te garantizo la estabilidad de tu negocio. ¿No es la estabilidad un bien en sí misma para que el PSOE la apoye en Navarra sin otro pago a cambio que la negociación parlamentaria?¿Agárrate a la brocha que me llevo la estabilidad?

“Sanz tendrá que apostar por Navarra o por Rajoy. Son incompatibles”, ha dictaminado Blanco y eso es lo que tiene a Sanz el corazón partío. Las dos alternativas tienen el inconveniente de que, al final, tendrá que agarrarse a la brocha porque alguien se llevará la estabilidad. En el caso de “no apostar por Navarra”, es decir, que vote contra los presupuestos, el PSN puede precipitar una moción de censura, que de todas maneras se producirá cuando los sondeos de Ferraz así lo recomienden. Si apuesta por Navarra votando los presupuestos de Zapatero o absteniéndose, la arquitectura de UPN puede verse afectada por la ruptura. Lo malo es que no sabe cuál de los dos risgos puede materializarse antes.

08 octubre 2008



Ahora sí, medidas

Santiago González

El presidente del Gobierno compareció ante los medios con cinco minutos de retraso y por vez primera desde que empezó a trascender la crisis, propuso medidas razonables, de las que los ciudadanos esperan que tomen sus gobernantes cuando vienen las vacas flacas.

A lo largo del último año, se había jactado de jugar en la Champions, descalificó por antipatriota a una oposición que veía asomar el hocico de la crisis por el horizonte, pronosticó acontecimientos que no se produjeron, como la bajada del euribor; trató de camuflar como medidas reactivadoras placebos que sólo sirvieron para liquidar el superávit (los 400 euros, la renta de emancipación y los 2.500 de los partos); presentó la cobertura social a los parados y el magro aumento de las pensiones mínimas (1,1% en términos reales) como si fueran medidas estimulantes, en lugar de cuidados paliativos, and so on.

Ayer, al fin, dio cuenta de dos medidas dignas de tal nombre. Después de su reunión con los representantes de la banca española, de las que Solbes tuvo con el Ecofin y de las declaraciones de MAFO, Zapatero anunció que va a multiplicar por cinco la garantía de los depósitos de ahorro de los ciudadanos, que estaba en 20.000 euros, y va a llegar hasta los 100.000 por cada titular y cada entidad, con el fin de tranquilizar a los ahorradores.

La segunda medida de las anunciadas hará frente a la crisis de liquidez que afecta a la economía española, porque sin liquidez no hay crédito, sin crédito no hay inversión y sin inversión no hay ni actividad económica, ni crecimiento, ni empleo, ni nada. En consecuencia, ha decidido dotar un fondo con una aportación de 30.000 millones de euros, ampliable a 50.000, para comprar activos no tóxicos, sino de alta calidad, con el fin de que las instituciones financieras puedan empezar a facilitar créditos.

Podría argumentarse con respecto a la ampliación de la cobertura que garantizar algo cuya solvencia se defiende por sí misma no supone un esfuerzo precisamente heroico, podría hacerlo al 100%, pero sí es altamente conveniente para que los ahorradores no tengan pesadillas, con razón o sin ella, en forma de corralitos argentinos.

La inyección de dinero en el sistema financiero es otra buena medida. La crisis, que el presidente prefiere llamar “situación de graves dificultades”, dado su gusto por las perífrasis, no es de solvencia, sino de liquidez, pero si no se ataja el problema, acabará afectando a la solvencia. No se entiende muy bien la calificación que Zapatero hace de los activos que piensa comprar a los bancos y cajas con ese dinero. Mal podrían ser activos tóxicos, puesto que él mismo había declarado que nuestras entidades financieras no tienen. Pero tampoco pueden ser activos de muy alta calidad. ¿Qué banco querría deshacerse de ellos? O sea, que la cosa es más probable que vaya por activos de un aceptable medio pelo.

También parece un gesto de seriedad añadida que antes de la comparecencia llamara al jefe de la oposición para contarle la naturaleza de las medidas adoptadas y que mañana se vaya a reunir Solbes con Montoro y sus respectivos equipos para explicarlo con detalles. Esto es otro nivel que lo de Pepe Blanco y Pajín.

Sólo falta una medida complementaria que traería mucha paz a los atribulados corazones de los ahorradores españoles: que el Gobierno reconsidere las cuentas y las convierta en presupuestos para combatir la crisis. Eso sólo puede hacerlo de acuerdo con el partido de la oposición, en vez de desaprovechar recursos en la compra de bizcochables voluntades periféricas.

06 octubre 2008



El negociador

Santiago González

Negociar con terroristas debe de ser algo adictivo, porque a cuantos participan en ello les deja una querencia, un retrogusto, que les inocula las ganas de repetir. Eso le pasó a Carod Rovira y también a Jesús Eguiguren. El negociador es, como corresponde al oficio, hombre discreto y poco dado a salir en los medios. Esa parquedad hace que sus declaraciones adquieran siempre el rango de noticia desde las negociaciones con ETA. Más por el hecho en sí, que por el contenido de sus palabras.

No es improbable que dentro de algún tiempo, algún dirigente de lo que Eguiguren llama ‘la izquierda abertzale’ diga en un mitin que habría que intentar un ‘proceso de paz’ y después de algunas discretas conversaciones, ETA declare una tregua. Eguiguren oirá la noticia del alto el fuego en la radio de su coche, igual que el 22 de marzo de 2006. Es probable que vuelva a pararse en el arcén, como hizo entonces, saque de un bolsillo la cassette que llevaba para la ocasión y vuelva a emocionarse oyendo a Pablo Milanés: “Yo pisaré las calles nuevamente/ de lo que fue Santiago ensangrentada/ y en una hermosa plaza liberada/ me detendré a llorar por los ausentes.”

Espera que vuelva a repetirse: “vamos a ver si un día hay condiciones y se puede hacer algo”, aunque comprende que en este momento es imposible.

No es cierto, como dice el PP, que sus palabras den esperanzas a los terroristas. Ya las tenían. En ETA y Batasuna existe una convicción bastante firme de que antes o después, volverán a negociar con el Gobierno. El ministro del Interior debería hacerle ver que en estos momentos están tratando de aplicar una política de firmeza policial y que alentar, aunque sea con cautelas, la esperanza del diálogo, es contraproducente, incluso si se piensa en negociar.

Las declaraciones del negociador sólo sirven para reforzar la creencia de ETA de que antes o después, el Estado reanudará las conversaciones. Esto tiene un inconveniente adicional y es que los terroristas tienen un know how algo jodido: siempre tratan de incentivar al Gobierno matando gente. Sean halcones o palomas, ellos quieren forzar otro proceso de paz y tratan de hacerlo con sangre. Estos deseos, por otra parte, no suelen ser bien recibidos por las Fuerzas de Seguridad cuyos agentes se juegan la vida mientras los políticos esperan la hora de negociar.

“Tendríamos que ser mucho más exigentes”, dice, en alusión a que ETA debería dejar las armas como un requisito previo. Ya fueron muy exigentes la vez anterior. El 14 de mayo de 2005 la noticia que dieron a todos los medios fue: “Los socialistas aceptan dialogar con ETA si ésta deja las armas”. La resolución aprobada tres días después en el Congreso fue concluyente pero se ignoró. No era ‘si’. Sino ‘para’. Dejar las armas no fue el requisito previo, sino el objetivo final y durante la tregua robaron otras 350 en Francia. Lo había advertido Montesquieu: “la paz no se puede comprar, porque el que la vende, está después en una posición mejor para volver a venderla”.

La lógica argumental está con los terroristas. Si los etarras dejan las armas, ¿quién querría negociar con ellos, salvo alguien que aspire a los mismos objetivos?¿Para qué querría hacerlo? Pongamos el ejemplo del especialista policial que da palique a los atracadores encerrados en un banco. Por muy tontos que fueran estos, no iban a liberar a sus rehenes y soltar las armas, a la espera de que el negociador se comporte como un caballero y les entregue después el buga prometido para darse el dos. Eguiguren será un negociador, pero no parece un especialista.

04 octubre 2008





Censuras comparadas

Santiago González

La Ley no es en Euskadi un valor supremo. Por eso, la iniciativa de socialistas y populares para instar al ente público EITB a no entrevistar a portavoces de organizaciones políticas ilegalizadas, se estrelló ayer en el Parlamento vasco contra la mayoría que formaron el tripartito, Aralar y el ilegalizado Partido Comunista de las Tierras Várdulas. La radiotelevisión pública vasca ha realizado 49 entrevistas a dirigentes de organizaciones ilegalizadas por formar parte del entramado de ETA, según dijo en su intervención el portavoz popular. El socialista invocó los acuerdos de la cámara legislativa sobre el papel que debe tener ETB para deslegitimar el terrorismo y fomentar los valores de la paz y la democracia.

Tal propuesta fue descalificada con invocaciones a la libertad de expresión y al pluralismo. El portavoz del partido-guía acusó a la oposición de “revivir el espíritu de Torquemada”. O sea, la Inquisición, da a entender nuestro Zizeron, mientras el ertzaina Jon Ruiz Sagarna todavía no se ha repuesto de las quemaduras que le produjeron los cócteles molotov el 24 de marzo de 1995. Quizá Uribe-Etxebarria se ha tomado en sentido literal la canción de Javier Krahe: “Dejadme, ay, que yo prefiera/ la hoguera, la hoguera, la hoguera”. La escuela del terrorismo es muy estricta y educa a sus alumnos en la ortodoxia de los castigos religiosos: fuego y lapidación.

El Gobierno Ardanza encargó en 1985 a cinco estudiosos europeos lo que unos meses, varios viajes, decenas de entrevistas y 600 millones después, se llamó ‘el informe de los expertos’. Los británicos Rose y Janke, el alemán Horchem, el italiano Ferracuti y el francés Leauté, hicieron al Gobierno observaciones y recomendaciones como las que siguen: “la Tv tiene una obligación especial de no socavar la autoridad constitucional y las Fuerzas de Orden público y su papel debe consistir en indicar la anormalidad del conflicto más que insensibilizar a la población y acostumbrarla a la violencia (…) Una función importante de la televisión es demostrar que el que perpetúa la violencia política no puede reclamar impunidad (…) La televisión no debe gozar en sus reportajes de la misma libertad que la prensa.”

Una característica de las analogías basque style consiste en comparar la parte ancha del embudo y despreciar alegremente todo lo demás. La paz de Stormont ha sido el norte y guía del nacionalismo vasco en la eterna búsqueda del armisticio con la parte rigurosamente letal de la familia ideológica. Pues bien, hay aspectos del proceso que ha llevado al desarme del IRA de los que no quieren ni oír hablar. Uno de ellos es la facultad del primer ministro británico de suspender la autonomía norirlandesa, prerrogativa que el presidente español no tiene y que Tony Blair empleó sin miramientos cuatro veces, la última de las cuales duró cuatro años, seis meses y 24 días.

En Irlanda se prohibió entrevistar a miembros del IRA en 1973. La experiencia fue muy positiva, especialmente porque lo hizo el Gobierno nacionalista de la República de Irlanda. Quince años después, el Reino Unido adoptó la Broadcasting Ban, prohibición de que la BBC entrevistara a los miembros del Sinn Fein, organización legal, sin doblar sus voces por actores.

Paul Wilkinson, uno de los más reconocidos expertos internacionales, era partidario de la experiencia irlandesa: "ese tipo de prohibición puede funcionar de manera eficaz durante muchos años sin amenazar en modo alguno a la democracia. Muy pocos comentaristas han observado que ninguna libertad de expresión es totalmente ilimitada. Muchos de nosotros pensamos que, por ejemplo, la pornografía debería estar prohibida en televisión y en radio. Invitar a terroristas a la televisión para que alardeen de su última atrocidad es la última pornografía de la violencia".

No eran estrictamente terroristas publicitando sus acciones. Rogelio Alonso daba cuenta en su libro “Matar por Irlanda” de que las prohibiciones legales impuestas por la República llegaron hasta el despido del equipo directivo de la radiotelevisión pública irlandesa, RTE, por haber entrevistado al líder del IRA, Sean MacStiofain, en 1972. Doce años más tarde, la RTE impidió que sus informativos reprodujeran los gritos de “¡Arriba el Sinn Fein!” con que sus partidarios saludaron en 1984 a Gerry Adams, tras obtener un escaño en Westminster por el distrito de West Belfast. O sea, un enfoque censor de otros tiempos, según expresó ayer el portavoz del PNV. El franquismo. O las alambradas, por decirlo con palabras de Ibarretxe.

Pie de grabado.-Jóvenes euskaldunes condenados a la hoguera por la Inquisición española.

03 octubre 2008




Embarazo en libertad
Santiago González

La Audiencia Nacional ha decidido mantener en libertad a la etarra Elena Beloki con el fin de que siga el tratamiento de fecundación in vitro para el que fue excarcelada el pasado 30 de junio. El deseo de ser madre de la antigua reclusa, condenada a 13 años por su pertenencia al aparato internacional de ETA, es muy respetable, aunque cabe dudar si tanto como para determinar la anulación práctica de la pena principal de su condena: la privación de libertad.

Otro aspecto de la cuestión es el médico en sentido estricto. Es opinión generalizada entre ginecólogos que a partir de los 40 años, la respuesta de los ovarios se hace cada vez más pobre y las posibilidades de embarazo disminuyen considerablemente. A partir de los 47 años, edad que acababa de cumplir la etarra en el momento de solicitar el tratamiento, son prácticamente nulas. La manera de comprobarlo es la realización a la paciente del test de Fertilidad in Vitro, también llamado de Omifin, extremo que no se conoce, ya que el tribunal ha notificado “in voce” su resolución. O sea, que no ha dado traslado a las partes de los informes médicos aportados por la abogada de Beloki.

La decisión del Tribunal es irreprochable en este punto; tales informes atañen a la intimidad de la paciente y su traslado aumentaría extraordinariamente la probabilidad de que salieran en los papeles. Tampoco sabemos si los óvulos del tratamiento son propios o donados, pero también hay consenso científico sobre la cuestión: las mayores probabilidades de embarazo para una paciente de su edad recomiendan la implantación de un óvulo extraído a una donante más joven y fecundado con el esperma de su compañero, que en el caso que nos ocupa es Juan Mª Olano, condenado hace 15 días a 10 años de cárcel como portavoz de Gestoras pro Amnistía.

Hay una inconsistencia lógica en la resolución de la Audiencia Nacional al mantener la libertad de Beloki contra las pretensiones de la Fiscalía y de la AVT. El intento de fecundar a una paciente de esa edad con óvulos propios sí requeriría “unas condiciones psicológicas adecuadas”, como dice el auto de la AN, haciéndose eco de un informe facultativo, pero lleva a un fracaso anticipado y anticipable. Las posibilidades aumentan considerablemente mediante la implantación de un embrión fecundado in vitro a partir de un óvulo de una donante más joven, pero en tal caso, no hay problema para que vuelva a la cárcel después de cada sesión del tratamiento .

El primer requisito que el Servicio Vasco de Salud (Osakidetza) impone para administrar este tratamiento es que la paciente tenga menos de 40 años, lo que parecía un límite razonable para no incurrir en un gasto público escasamente productivo. Pero hace mes y medio, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco obligaba a la Sanidad Pública Vasca a admitir en el programa de fertilización in vitro a una paciente de 41 años que había visto rechazada su petición del citado tratamiento, después de fracasar sus reiterados intentos de quedarse embarazada por el procedimiento convencional, debido a su pobre respuesta ovárica.

Quizá en el subconsciente del tribunal haya pesado la amarga queja sarcástica que se escondía en una vieja coplilla de las que en el sur de Cantabria y norte de Palencia llaman ‘rabeladas’: “Y ahora sí que estamos bien,/ tú preñada y yo en la cárcel…” Les ahorro los dos últimos versos que dan por sentado un prejuicio carente de fundamento y de contraste empírico: la presunta contraindicación entre embarazo y práctica de relaciones sexuales.


01 octubre 2008




Aproximación a un juez insomne

Santiago González

La biografía autorizada del juez Garzón que escribió Pilar Urbano llevaba por título ‘El hombre que veía amanecer’. De igual manera debía de ver el sol a la hora de la meridiana y a la de la siesta y era también el juez que veía atardecer y el sol de medianoche, si se terciaba, que no suele terciarse en estos pagos, mayormente por una cuestión de latitud. La vida moderna es una vigilia permanente si quieres personarte en todos los sumarios que tienes a tu alcance.

Una de las dos claves de su estrellato es precisamente esta capacidad de acumular sumarios, que le ha llevado a considerarse competente para procesar a Pinochet por los delitos de genocidio, torturas y asesinato. También quiso investigar a Henry Kissinger por su colaboración en los delitos análogos que perpetraron las dictaduras latinoamericanas contra sus opositores en los años 70 del siglo pasado. Hizo un intento de procesar a Berlusconi y llegó a ordenar la detención de Osama Bin Laden. Entre el brindis al sol y el esfuerzo melancólico.

La otra es un don, no diremos de ubicuidad, cualidad que está reservada al Ser Supremo en sentido literal y metafóricamente hablando, al presidente del Gobierno, sino la ósmosis, capacidad de traspasar la membrana semipermeable que separa la política de la judicatura en un sentido y en otro, con la misma facilidad que el rayo de sol el cristal de la ventana o la voluntad del Señor la virginidad de María.

Él fue el truco de un Felipe González ya rodeado por escándalos de corrupción, gracias al amable celestinaje de Bono. Garzón, que iba de número dos en la lista de Madrid para las legislativas de 1993, fue el cambio del cambio. La política fue el escenario para un duelo entre jueces que ganó Juan Alberto Belloch, el mejor dotado de los dos para el ejercicio de la misma. Cómo terminó aquello ya es historia.

Una de las características de su labor profesional es la de haber levantado demasiados sumarios con la consistencia del soufflé: arquitecturas espectaculares que se desinflaban muy a menudo en cuanto eran sometidas al momento de la verdad, al calor del horno.

Son demasiadas actividades, demasiados sumarios y demasiados presos, 270, los que dependen del Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional. A ellos ha sumado por su propia iniciativa la reivindicación urbi et orbi de información que pueda remitírsele sobre las víctimas de la Guerra Civil española. Ya ha recibido una lista calificando de desaparecidas a 130.137 personas en la zona franquista, a las que ha añadido las que sufrieron la misma suerte en la zona republicana, el último asunto incorporado a su competencia instructora. Así, a ojo, unos dos millones de documentos.

No es prometedor el error de la carpetilla que ha permitido la excarcelación de dos narcos. Las excusas, que la fiscalía también manejaba un plazo equivocado, y que los excarcelados son muy formales y que acuden a fichar todos los días, no alteran el hecho sustancial.

No es motivo de escándalo que una mano haya escrito en la portada de una carpetilla “18 de julio”, -vaya, por Dios, qué casualidad- en lugar de escribir 12, que era la correcta. Ante el maremágnum que tiene el juez Garzón en su oficina, uno sólo puede expresarse con paráfrasis de Machín: “Yo no puedo comprender/ como se pueden tener/ tantos sumarios a la vez/ y no estar loco. Y no estar loco.”

Es más significativo que haya perdido la pista a un sumario entero, el del chivatazo policial al dueño del bar Faisán. Por ahora. Pero es natural: todo lo tiene que hacer él, es cosa del jet-lag, o, en última instancia, la culpa fue del chachachá. O del insomnio.