15 octubre 2010
09 octubre 2010
08 octubre 2010
Santiago González
29 septiembre 2010
20 septiembre 2010
José Antonio Labordeta
31 julio 2010
Causas y efectos
30 junio 2010
Rubalcaba ha realizado una valoración sorprendente: si lo tradujésemos al lenguaje del fútbol, el PP habría perdido por 290 a 1. 290 son en su opinión las impugnaciones presentadas por el PP y 1 es el artículo declarado inconstitucional en las cuentas del Gobierno. Ninguna de las dos cifras es cierta. Los populares opusieron 114 enmiendas, no 290. El Estatuto de 2006 consta de un preámbulo, 223 artículos y 15 disposiciones adicionales. Y los declarados inconstitucionales son 14, no 1, amén de otros 29 interpretables. Con la lógica de Rubalcaba podría decirse que el PP, al igual que el TC, considera constitucional la mayor parte del Estatuto: de 239 epígrafes, sólo ha impugnado 114, menos de la mitad.
Si el más listo del Gobierno razona así, no había motivos para grandes esperanzas al oír al ministro de Justicia, que se explayó ayer en Onda Cero. También dijo que tumbar, tumbar, sólo han tumbado uno. También es mala suerte que el artículo que se han cargado entero sea precisamente el de la Justicia, que él había avalado con conocimientos se supone que profesionales. En los otros 13 han cambiado algunas palabras, qué son apenas un centenar de palabras frente a las 38.000 que tiene el Estatuto, sostiene nuestro hombre.
Han eliminado, por ejemplo, la palabra ‘preferente’ para el catalán. Ya no es la lengua normal y preferente. Pero el TC, al retirar el segundo calificativo, deja obscenamente desnudo al primero. ¿Qué es normal? El castellano, ¿es anormal o subnormal en Cataluña? Trate de decir el ministro “soy partidario de las relaciones sexuales normales” ante el ejecutivo Zerolo, a ver qué pasa.
Vamos a ponerle ejemplos más fáciles: cambiar un sí por un no, donde dije ‘digo’, digo ‘Diego’. Una palabra es un mundo. A veces basta el orden para conferir sentido: hombre pobre y pobre hombre, es un ejemplo de mi lejanísimo bachillerato. Otras, basta una coma, y no pensemos en el caso de los números. Se cuenta que Pedro el Grande tenía la misma fórmula para dar el visto bueno a una ejecución que para suspenderla. Bastaba con correr la coma: “Clemencia imposible, ejecución”, en el primer caso, y “clemencia, imposible ejecución” en el segundo. Sí, ministro, es sólo una leyenda y en España no está vigente la pena de muerte.
Baltasar Garzón está acusado de prevaricación por haber confundido una letra con otra, según la ciencia jurídica parda del ministro de Justicia. La L.O.G. Penitenciaria dice en su artículo 51.2 que las comunicaciones de los presos con sus defensores “no podrán ser suspendidas o intervenidas salvo por orden de la autoridad judicial y en los supuestos de terrorismo”. Donde hay una copulativa, ‘y’, el juez leyó una disyuntiva, ‘o’ y ahí empezó todo. Garzón pensaría como Caamaño, total, una letra u otra, qué más da. Los dos deberían saber que la interpretación de la cuestión copulativa viene a ser una jodienda, mayormente.
25 junio 2010
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11 junio 2010
Como un solo hombr@
Santiago González
Fue una jornada muy dura para Zapatero, que al fin tuvo una agenda a la altura de un presidente europeo: la hora del desayuno con el Papa, la del aperitivo, con Berlusconi; la de la merienda en el Congreso y cena en La Moncloa con el viceprimer ministro del Reino Unido, Nick Clegg. Tómense las referencias en sentido orientativo. En rigor, ni el Papa le invitó a desayunar, ni Berlusconi al vermú, ni en el Congreso hubo alimento más sólido que las palabras. Lo único real fue la cena; menos mal que los ingleses cenan pronto.
La agenda, ya digo, estaba llena de actividad internacional, pero el acto más importante fue doméstico. Se cumplía ayer un siglo del día en que Pablo Iglesias se convirtió en el primer y único diputado socialista en el Congreso y para celebrarlo, el PSOE parafraseó una canción de fines de los setenta: ‘Vamos a tocar un rock and roll a la casa del pueblo’. La letra de ‘Tequila’ decía “a la plaza del pueblo”, pero a ningún edificio le cuadra más el nombre de casa del pueblo que al Congreso de los Diputados.
Había expectación por escudriñar signos de disenso en la vieja guardia felipista que tanto ‘off the record’ proporciona, amparada quizá por un exagerado paralelismo con el senado de Roma en los idus de marzo del año 44 a. de C. Aquí, César era el joven que añoraba la República y hablaba frente a los cadáveres de sus Bruto, Casio, Casca y los demás, que ocupaban la primera fila. A su lado, Felipe González hacía el papel de la estatua de Pompeyo.
Ganó el patriotismo de partido y el viejo líder cerró filas junto al joven en apuros. Él sólo se distancia cuando las cosas van bien pero “cuando el partido está en dificultades porque el país está en dificultades: militancia pura y dura”. Apoyo total en declaraciones abstractas y críticas a cuestiones concretas: animó a combatir la depre colectiva, a explicarse, a trabajar más y mejor, a vincular la productividad y el salario; a reivindicar el trabajo bien hecho, la calidad y la excelencia como virtudes socialdemócratas.
“De depre, nada”, corrigió Zapatero y a partir de ahí enhebró un discurso con más violines de los que nunca tuvo la Orquesta Mantovani. Fue una muestra de autosatisfacción y presentismo: estamos haciendo lo contrario de lo que hicimos y dijimos y eso demuestra lo extraordinarios que somos por hacer las cosas que debemos aunque no nos gusten. ¿Quiere esto decir que nos hemos equivocado en lo que hacíamos y decíamos? Para nada, porque hacíamos y decíamos también entonces lo mejor para España. No como otros.
08 junio 2010

La presidencia española utiliza la UE como una marioneta al servicio de su interés circunstancial por conseguir efímeras proezas políticas. (...) Espero que las próximas presidencias las formen gentes más razonables.
